En la recóndita esquina silenciosa de la constelación de Sagitta, a unos 3.000 años luz de la Tierra, dos estrellas giran tan cerca que una de ellas está devorando lentamente a la otra. Los astrónomos saben su nombre —V Sagittae— y su destino: estallará. No en siglos ni milenios, sino en un futuro astronómicamente próximo. Cuando lo haga, su brillo será tan intenso que podrá verse a simple vista bajo el sol del mediodía.
La danza que desafía la física

V Sagittae es un sistema binario extraordinario. Una de sus estrellas, con unas tres veces la masa del Sol, orbita a una compañera mucho más densa: una enana blanca, el cadáver caliente de una estrella agotada. Pero en este caso, la muerta se niega a morir. Está absorbiendo la materia de su compañera con tal ferocidad tan extrema que los astrónomos la describen como una estrella vampiro.
El estudio, liderado por Pasi Hakala, del Centro Finlandés de Astronomía, revela que este intercambio violento está generando un resplandor anómalo y variable, imposible de explicar con los modelos clásicos. Gracias a observaciones con el Very Large Telescope (VLT) en Chile, el equipo descubrió un anillo circumbinario de gas y polvo que rodea al sistema: una trampa gravitatoria creada por la materia que escapa del abrazo mortal de las dos estrellas.
El preludio de una explosión

Ese anillo, invisible al ojo humano pero detectable en los espectros de luz, es la clave. Su existencia indica que la enana blanca está acumulando masa más rápido de lo que la física permite de forma estable. Cuando alcance el límite de Chandrasekhar, la presión interna encenderá una reacción termonuclear descontrolada. Primero veremos una nova, un estallido temporal que hará brillar la estrella con intensidad solar. Después, si las órbitas se cierran, llegará lo inevitable: una supernova de tipo Ia, tan brillante que convertirá la noche en día.
El astrónomo Rodríguez-Gil, del Instituto de Astrofísica de Canarias, lo resume así: “V Sagittae se está acercando a su final, y cuando ocurra, será visible a plena luz del día. Pocas veces en la historia podremos presenciar algo así”.
El último resplandor
Los sistemas como V Sagittae son raros y breves. Su estudio no solo anticipa un espectáculo cósmico, sino que ayuda a entender cómo nacen las supernovas que usamos para medir la expansión del universo. Pero más allá de la ciencia, hay algo profundamente humano en esta historia: la imagen de una estrella que brilla con su máxima fuerza justo antes de desaparecer.
Cuando llegue el momento, el cielo diurno se encenderá durante días. Y mientras los telescopios puedan registrar la explosión, millones de personas levantarán la vista sin saber que están viendo el último aliento de una estrella vampiro.