El Canal de la Mancha ha vuelto a convertirse en un punto neurálgico de la geopolítica europea. La reciente operación llevada a cabo por la Real Armada Británica no solo refleja la creciente actividad rusa en la región, sino también el estado de permanente vigilancia en que se encuentra Europa ante cualquier movimiento estratégico del Kremlin. A continuación, repasamos los detalles de este despliegue naval y lo que representa en el actual contexto militar internacional.
Vigilancia británica en alta mar

El pasado 6 de mayo, el submarino ruso Krasnodar, de clase Kilo, fue detectado mientras navegaba en superficie por el Canal de la Mancha, con dirección al mar Báltico. La Real Armada Británica respondió de inmediato, desplegando al patrullero HMS Tyne, con base en Portsmouth, para seguir de cerca su trayecto. El encuentro tuvo lugar cerca de la costa francesa, donde la embarcación británica estableció contacto visual y escoltó al submarino durante su paso por aguas del Reino Unido.
Esta acción formó parte de la operación aliada Highmast 2025 y, según confirmó el Ministerio de Defensa británico, culminó cuando el HMS Tyne entregó la responsabilidad de seguimiento a unidades aliadas tras la salida del submarino del estrecho de Dover.
Pero la misión no terminó ahí. La Tyne recibió rápidamente nuevas instrucciones: seguir de cerca a la corbeta rusa Boikiy, de clase Steregushchiy, que cruzaba el canal acompañada por tres buques mercantes: Baltic Leader, Patria y Cebepa.
Un tablero militar cada vez más activo

Para el ministro británico para las Fuerzas Armadas, Luke Pollard, este tipo de maniobras reafirma la capacidad defensiva del Reino Unido: “La seguridad nacional comienza en el mar, y nuestra Armada ha demostrado su firmeza para mantenerla”.
El Krasnodar, que había operado en el Mediterráneo oriental, representa una pieza relevante en los planes del Kremlin. Su traslado al Báltico es seguido con atención por la inteligencia británica, dada la posibilidad de que su presencia altere el equilibrio estratégico en la región.
En paralelo, los desplazamientos marítimos de embarcaciones rusas hacia Kaliningrado, enclave militarizado del Kremlin, se han intensificado en los últimos meses. Esta actividad constante ha reforzado la cooperación entre la Real Armada Británica y sus aliados de la OTAN, en un contexto de tensión creciente con Moscú.