En los terrenos que alguna vez ocupó el club de Tiro Federal de Buenos Aires, entre las avenidas del Libertador, Udaondo y Lugones, avanza la construcción de PI Buenos Aires, un edificio de 22.000 metros cuadrados con 17 oficinas, dos locales comerciales, 189 cocheras y una terraza de dos niveles con skybar. El grupo Sancor Seguros y la desarrolladora de coworking Hit invertirán 100 millones de dólares, equipamiento incluido, en un proyecto que estará terminado en junio de 2028 y que se levanta, justamente, sobre el primer lote que el Estado subastó dentro del Parque de Innovación porteño, según La Nación.
No es una idea nueva en la región
Lo que está ocurriendo en Buenos Aires replica, con dos o tres décadas de diferencia, un mismo libreto que ya probaron otras ciudades latinoamericanas: elegir un terreno estratégico, asociar fondos públicos con desarrolladores privados, y construir un distrito que concentre empresas tecnológicas, universidades y espacios de coworking en un radio caminable. La lógica detrás es siempre la misma: la cercanía física entre startups, inversores, talento y centros educativos acelera la innovación mucho más que tenerlos dispersos por toda una ciudad.
Guadalajara lo empezó hace más de una década

México fue pionero en este tipo de apuestas. En 2011, tras competir con ciudades como Tijuana, Puebla y Querétaro, Guadalajara ganó la sede de la Ciudad Creativa Digital, un proyecto diseñado con asesoría de académicos del MIT que transformó el histórico Parque Morelos en un polo de industrias audiovisuales, videojuegos, animación digital y desarrollo de software. Hoy la Ciudad Creativa Digital sigue expandiéndose: este mismo año colocó la primera piedra de un tercer edificio dentro del complejo, reforzando su rol como uno de los clústers de contenidos digitales más consolidados de América Latina.
Medellín construyó el suyo con dinero público

Colombia tomó un camino distinto pero con el mismo objetivo. Desde 2009, la corporación Ruta N, financiada por la empresa pública de energía EPM y la alcaldía de Medellín, impulsó el Distrito de Innovación en la zona norte de la ciudad, integrando universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas en un mismo perímetro urbano. El resultado, más de una década después, es contundente: más de 400 empresas de 32 países se instalaron en la ciudad a través de este esquema, generando más de 12.000 empleos vinculados a tecnología, y Medellín pasó a integrar la red global de innovación GIST, que conecta a distritos similares de 130 países.
Uruguay acaba de sumar el suyo

El caso más reciente es uruguayo. Zonamerica, el Parque Científico Tecnológico de Pando y el Parque de las Ciencias firmaron este año, con el respaldo de las intendencias de Montevideo y Canelones, la creación del primer Distrito de Innovación Metropolitano del país, en una franja estratégica entre las rutas 8, 101 y 102 que ya combina espacios logísticos, científicos, centros de datos y la cercanía del Aeropuerto Internacional de Carrasco, según Webpicking.
Qué tienen en común estos proyectos
Más allá de las diferencias locales, los cuatro casos comparten una misma fórmula: terrenos estratégicos reconvertidos a través de alianzas público-privadas, una apuesta explícita por atraer talento y capital extranjero, y la intención declarada de que universidades, startups y grandes corporaciones convivan en el mismo espacio físico en lugar de operar aisladas. El de Buenos Aires, con su primer edificio de 100 millones de dólares ya en construcción, es apenas el ejemplo más reciente de una tendencia que, con matices, ya lleva más de una década tomando forma en distintos puntos del continente: cada país buscando construir, a su manera, un pedazo propio de ese ecosistema que hizo famoso a Silicon Valley.