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Ciencia

América Latina vive con ansiedad: uno de cada siete habitantes la ha sufrido alguna vez

Un gran estudio internacional revela que la ansiedad afecta al 14,5 % de la población latinoamericana. La desigualdad social, el género y el nivel de desarrollo aparecen como factores clave detrás de uno de los problemas de salud mental más extendidos —y menos atendidos— de la región.
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La ansiedad suele confundirse con nervios pasajeros o estrés cotidiano, pero los datos muestran que se trata de algo mucho más profundo y extendido. Una investigación liderada por científicos de Chile y el Reino Unido pone cifras concretas a un problema silencioso que atraviesa a millones de personas en América Latina y que plantea un enorme desafío para las políticas públicas de salud mental.

Un problema mucho más común de lo que parece

El estudio, publicado en The Lancet Regional Health – Américas, analizó datos de 36 investigaciones realizadas entre 1993 y 2022 en distintos países de la región. El resultado es contundente: una de cada siete personas en América Latina ha padecido un trastorno de ansiedad a lo largo de su vida.

Además, el 6,6 % de la población sufrió ansiedad en el último año y un 3,3 % la presentaba en el momento de ser evaluada. Estas cifras confirman que la ansiedad no es un fenómeno marginal ni ocasional, sino uno de los trastornos mentales más frecuentes en la región.

Desigualdad, desarrollo y género: los factores que agravan la ansiedad

Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es que la ansiedad no se distribuye de manera uniforme. Los países con mayores niveles de desigualdad social, medidos a través del coeficiente de Gini, presentan prevalencias más altas de ansiedad, especialmente en los últimos doce meses y en la actualidad.

También se observó una relación clara con el nivel de desarrollo humano y la desigualdad de género. En contextos donde el acceso a la educación, la salud y la seguridad económica es más limitado, la ansiedad se vuelve más frecuente. La exposición a la violencia, los homicidios y la inestabilidad social aparece como un factor adicional que impacta directamente en la salud mental.

Un desafío urgente para la salud pública

Durante años, la falta de datos comparables dificultó dimensionar el alcance real de la ansiedad en América Latina. Este estudio cubre ese vacío y ofrece una base sólida para diseñar políticas públicas más eficaces.

Los investigadores subrayan la necesidad de invertir en salud mental, mejorar el acceso a tratamientos con evidencia científica y priorizar a los grupos más vulnerables. La ansiedad no solo afecta la calidad de vida individual, sino que también tiene consecuencias económicas y sociales, desde el ausentismo laboral hasta el deterioro del tejido comunitario.

Detectar antes, tratar mejor

Los expertos coinciden en que uno de los grandes retos es la detección temprana. Capacitar a docentes, profesionales de la salud y familias para identificar los primeros síntomas puede marcar la diferencia. También advierten sobre el riesgo de aplicar intervenciones sin respaldo científico, que consumen recursos sin ofrecer resultados reales.

La ansiedad ya es una de las principales amenazas para el bienestar mental en América Latina. Comprender su vínculo con la desigualdad y el desarrollo no solo ayuda a explicarla, sino que señala el camino: mejorar las condiciones sociales es también una forma de cuidar la salud mental.

Fuente: Infobae.

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