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Análisis del Motorola Edge: el regreso de Moto a la gama media más prémium

Ilustración para el artículo titulado
Foto: Eduardo Marín / Gizmodo.

Motorola por fin está regresando a las grandes ligas. Durante años hemos visto a la compañía centrarse en lanzar un catálogo amplio pero limitado en cuanto a hardware de gama alta, apostando por teléfonos asequibles y variados, pero aún así interesantes. Con el Edge (y el Edge+), Motorola regresa a la gama media y gama alta más prémium, y el resultado es, en gran parte, satisfactorio.

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Tras casi dos semanas probando de manera intensiva el Moto Edge, usándolo como mi teléfono principal, puedo rápidamente dar una conclusión inicial: el Edge quizás no tiene el hardware más potente, pero las diferencias con los flagships, los teléfonos más costosos y de la gama más alta, son compensadas por un precio más asequible, junto a un diseño y una pantalla que se sienten prémium. Porque el Edge se siente costoso, más costoso de lo que realmente es, y eso es un gran punto a favor.

Las diferencias principales del Edge con su hermano mayor de gama alta, el Edge+ (que no está incluido en esta reseña, pero es necesario mencionar), se encuentran en el procesador, la memoria RAM, la cámara y, por algún motivo, la batería. El Edge cuenta con un procesador Qualcomm Snapdragon 765G (junto a una GPU Adreno 620), acompañado de 6 GB de memoria RAM, mientras que el Edge+ cuenta con un procesador Qualcomm Snapdragon 865 (junto a una GPU Adreno 650) y 12 GB de memoria RAM.

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Son diferencias significativas, por supuesto, que claramente ubican a uno en la gama media (o media–alta, al combinarlo con sus otras especificaciones) y al otro en la gama alta. Sin embargo, más importante e interesante que sus diferencias son sus similitudes. El Edge mantiene el mismo cuerpo y casi la misma pantalla que el Edge+, lo cual permite esa sensación prémium de la que hablaba hace algunas líneas.

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En la mano, el Edge se siente extremadamente bien. Es un teléfono de 550 euros (en España), 75.000 pesos (en Argentina) 0 500 dólares (en Estados Unidos), que se hace pasar por uno que podría costar casi el doble. Y debo hacer énfasis en este aspecto, porque a diferencia de otros teléfonos de precio y características similares, este es uno de los aspectos que hace más atractivo al Edge.


La pantalla de “bordes infinitos”

El Edge cuenta con una pantalla de bordes curvos en ambos lados, lo que básicamente le da su identidad y su nombre (después de todo, se llama “Edge”, o bordes). Pero más allá de esa característica, la calidad de imagen luce extremadamente bien, al igual que se siente fluida y rápida, gracias a su tasa de refresco.

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Foto: Eduardo Marín / Gizmodo.

Siendo más específico, se trata de un panel de tipo OLED con una diagonal de 6,7 pulgadas y resolución de 2340x1080 píxeles, con una generosa densidad de 385 píxeles por pulgada. Su formato es de 19.5:9, lo que significa que es más alargado de lo que se acostumbra en otros smartphones. La tasa de refresco del panel, de 90 Hz, ayuda a que todo lo que hagas en la pantalla se sienta rápido, fluido y sencillamente bien. Al sumar la calidad de imagen, nitidez y calidez de colores y esta fluidez, es parte de esa sensación prémium de la que llevo rato hablando. Sin duda, la pantalla es el aspecto más atractivo e interesante de este teléfono, sobre todo al encontrar un panel de esta calidad en un dispositivo que no es de la gama más alta. Por eso es tan importante para el Edge el hecho de que tenga casi la misma pantalla que el Edge+. Sus diferencias se encuentran en la cantidad de colores que soporta y que el Edge cuenta con HDR10 mientras que el Edge+ con HDR10+.

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Por otro lado, la pantalla se siente aún más alargada gracias a esos bordes infinitos, y es hora de hablar de ellos.

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La característica más llamativa a simple vista del Edge es que no tiene marcos o biseles a los laterales, y apenas marcos mínimos en la parte superior e inferior. Esto lo logra gracias a los bordes curvos, los cuales no son un simple añadido estético. Motorola ha implementado algunas funciones en estos bordes que los hacen útiles.

En los bordes se puede configurar un pequeño botón virtual invisible que, al deslizar el dedo sobre él y hacia el interior de la pantalla (lo puedes configurar tanto a la derecha como a la izquierda), permite acceder a una serie de atajos a tu elección. Por ejemplo, en mi caso cuento con acceso rápido a las apps que más utilizo, como Slack, Twitter y Chrome. También puedes configurar acceso rápido a herramientas del sistema, como por ejemplo la posibilidad de reducir la pantalla a la zona sin bordes, algo que puedes elegir hacer en aplicaciones específicas si así lo deseas. Esto reduce el tamaño de la pantalla (y la hace sentir aún más alargada), pero es particularmente útil en apps como Instagram donde quiero ver las fotos sin que se expandan a los bordes.

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Los atajos se desplegan deslizando desde un botón virtual en el borde curvo.
Los atajos se desplegan deslizando desde un botón virtual en el borde curvo.
Foto: Eduardo Marín / Gizmodo.

También es posible usar los bordes para deslizar un dedo hacia abajo y desplegar la pantalla de notificaciones (o hacerlo dos veces para desplegar el acceso rápido a ajustes), y por último, está el modo gaming, una configuración especial creada por Motorola para los jugadores, que permite añadir un par de botones virtuales en el borde que sirvan de “gatillos”, como en los controles de las consolas. Este modo también permite bloquear llamadas, notificaciones y otros accesos rápidos, pero sin duda el aspecto más interesante es el de los gatillos virtuales, los cuales resultan especialmente útiles en los juegos de acción y disparos.

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De resto, los bordes tienen algunos trucos curiosos como iluminarse para las notificaciones (si así lo deseas) o irse “llenando” a medida que se carga la batería. No obstante, debo confesar que toma algo de tiempo, al menos una hora o dos, acostumbrarse a ver la imagen extenderse y “caer” hacia los bordes, en especial al navegar por internet. Si bien los bordes se sienten muy bien y suman a esa fluidez que caracteriza a la pantalla de 90 Hz, al ver fotos o videos prefiero mis pantallas planas. Afortunadamente, como mencioné antes, es posible “apagar” esos bordes en aplicaciones en específico (como YouTube o Instagram), si así lo prefieres.

La cámara del Moto Edge cuenta con especificaciones similares a las del Edge+, pero no tan buenas. De nuevo, parte de las diferencias entre un teléfono de gama media–alta y un flagship. El Edge cuenta con un sistema de triple cámara junto a un sensor de profundidad. El sensor principal es de 64 MP y está acompañado de un sensor de telefoto de 8 MP (con zoom óptico de 2x) y un sensor de ultra gran angular de 16 MP. Su cámara frontal para selfies es de 25 MP.

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En general, la cámara principal junto al software de procesamiento de Motorola logra muy buenos resultados en condiciones de luz natural o mucha luz. La nitidez y calidad de colores está presente en todas estas imágenes, e incluso logra macros muy detallados. El efecto bokeh del moto retrato también logra buenos resultados, lo que era de esperarse gracias al sensor de profundidad que tiene el teléfono.

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No obstante, los resultados varían mucho en condiciones de poca luz, y eso es algo que ya me ha pasado con varios teléfonos de la marca, lo que me da a entender que podría ser algo que mejoraría con una actualización de software, con suerte. A veces las fotos en poca luz son buenas, pero a veces dejan mucho que desear. Por supuesto, Moto incluyó un modo nocturno en el software de la cámara, que obtiene muy buenos resultados y nitidez. Sin embargo, también presenta algo de ruido o granos en las fotos en algunos casos.

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De cualquier forma, quejas aparte, por su precio el Edge ofrece una buena cámara, que acompañada por su pantalla de gran calidad permite tener una mejor idea de cómo lucirá realmente la foto final directamente en el teléfono.

De resto, el Edge cumple muy bien en todos los apartados. Su procesador no es el más potente, pero ofrece un buen rendimiento que estoy seguro que el usuario promedio sentirá como suficiente y no tendrá problemas al jugar o mantener abiertas varias aplicaciones de forma simultánea. Además, tiene soporte a 5G, algo que se agradece en especial en su rango de precio. Y cómo no, cuenta con puerto de auriculares.

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Foto: Eduardo Marín / Gizmodo.

Su lector de huellas se encuentra directamente debajo de la pantalla, y funciona realmente rápido. En cuanto a la duración su batería, algo en lo que Motorola lleva tiempo haciendo mucho énfasis (en especial en la familia “Power” de sus teléfonos), el Edge cuenta con una batería de 4.500 mAh que sin problemas pude durar un día y medio, o hasta dos días, hasta necesitar una nueva carga. En mis pruebas logré obtener sin problemas entre 7:30 y 8 horas de uso de pantalla con cada carga.

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Mis quejas con el Moto Edge se encuentran en dos apartados, y ambas tienen que ver con el software: el primero, de nuevo, me gustaría poder hacer más cosas con los bordes de la pantalla, poder personalizar más su uso, los gestos, para aprovechar más esta característica tan importante en el teléfono. Esto es algo que Motorola podría solucionar con una actualización, del mismo modo que mejoraron el uso en la pantalla frontal del Moto Razr. Por otro lado, Motorola dice que el Edge tiene asegurada su actualización a Android 11 en el futuro, pero me gustaría tener la certeza de que al menos también lo actualizarán a Android 12. No obstante, al igual que en otros de sus teléfonos, las actualizaciones de seguridad deberían llegar durante mucho mas tiempo.

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En general, y como he anunciado desde el inicio de esta reseña, el Moto Edge es un teléfono que se siente prémium en la mano, y que cuenta con algunas de las mejores características de modelos más costosos, como su pantalla y diseño general, en un formato un poco más asequible.

Redactor en Gizmodo. Tecnología, videojuegos, cine y televisión. Siempre cerca de una pantalla y una taza de café.

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