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Tecnología

Anthropic puso 950 agentes de Claude a buscar patrones ocultos en el ADN. En 21 horas, uno encontró un sistema biológico desconocido que recuerda a CRISPR

Anthropic puso unos 950 agentes de Claude a rastrear más de 200.000 transcriptasas. En 21 horas, uno detectó un sistema biológico desconocido con repeticiones de ADN que recuerdan a CRISPR.
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Claude acaba de hacer algo bastante diferente a escribir código, resumir documentos o responder preguntas. Anthropic puso a cientos de instancias de su modelo a rastrear enormes cantidades de información genética y una de ellas terminó identificando un sistema biológico que nadie había caracterizado hasta ahora.

La compañía lo ha bautizado ART, por array-associated reverse transcriptases, o transcriptasas inversas asociadas a matrices. Aparece principalmente en bacteriófagos (virus que infectan bacterias) y combina una enzima conocida con una disposición de ADN que había pasado inadvertida.

Lo llamativo es cómo apareció. Anthropic dio al sistema una instrucción general: buscar ejemplos interesantes de transcriptasas inversas en grandes bases de datos genéticos. Después dejó que alrededor de 950 agentes de Claude trabajaran durante 21 horas, consumiendo unos 210 millones de tokens y decidiendo qué anomalías merecían ser investigadas.

Claude pasó de 200.000 enzimas a solo 20 candidatos

El problema no consistía simplemente en preguntar a un chatbot por una proteína. Los agentes recopilaron más de 200.000 transcriptasas inversas, enzimas capaces de copiar ARN y convertirlo en ADN. A partir de ellas identificaron unos 3.500 sistemas potencialmente nuevos y terminaron seleccionando los 20 candidatos que consideraron más interesantes para preparar informes detallados.

Según Anthropic, un investigador especializado puede tardar semanas o incluso meses realizando un análisis de este tipo. En algún momento de ese proceso, uno de los agentes encontró algo extraño alrededor del gen de una transcriptasa inversa ya conocida en un fago gigante: una larga secuencia formada por repeticiones de ADN espaciadas de manera regular.

Claude midió esas repeticiones, examinó los genes vecinos, comparó la estructura con otros sistemas conocidos y buscó en la literatura científica para comprobar si alguien la había descrito anteriormente. Después presentó el candidato a los investigadores humanos. Ahí comenzó la parte que la IA no hizo.

Se parece a CRISPR, aunque nadie sabe todavía para qué sirve

Anthropic puso 950 agentes de Claude a buscar patrones ocultos en el ADN. En 21 horas, uno encontró un sistema biológico desconocido que recuerda a CRISPR
© Claude.

Los científicos de Anthropic llevaron el candidato al laboratorio y comprobaron que estaban ante un sistema formado por tres elementos: una transcriptasa inversa, un gen asociado de función todavía desconocida y una larga matriz de repeticiones de ADN. Esa arquitectura recuerda inmediatamente a CRISPR.

Los sistemas CRISPR contienen matrices con secuencias repetidas y fragmentos intercalados que pueden convertirse en pequeños ARN utilizados para reconocer objetivos concretos. Esa capacidad de almacenar información y dirigir otras proteínas es precisamente una de las propiedades que permitió convertir CRISPR en una herramienta programable de edición genética.

Los primeros experimentos con ART muestran que su matriz también produce varios ARN cortos diferenciados. Es una coincidencia intrigante, pero no significa que Anthropic haya descubierto un nuevo CRISPR ni una nueva herramienta para editar genes. La función de ART continúa siendo desconocida.

Feng Zhang, uno de los investigadores fundamentales en el desarrollo de CRISPR como herramienta de edición genética, revisó el preprint y consideró especialmente interesante la asociación entre las transcriptasas inversas y estas matrices de ARN, aunque señaló que necesita más investigación.

La IA encontró la pista. Los humanos tuvieron que demostrar que existía

Hay además un matiz importante en aquello de que Claude «descubrió» ART. La transcriptasa inversa en sí no era desconocida: había aparecido en investigaciones anteriores. Lo nuevo fue reconocer que esa enzima formaba parte de un sistema mayor junto a las repeticiones de ADN y otra proteína asociada.

Claude realizó la búsqueda computacional, detectó la anomalía y desarrolló el análisis inicial. Los experimentos físicos, la interpretación posterior y la validación en laboratorio fueron realizados por científicos. Anthropic señala además que todo su trabajo experimental se realiza en instalaciones BSL-1 y BSL-2 y que no manipula patógenos capaces de infectar humanos.

El resultado está, por ahora, publicado como preprint, por lo que todavía debe superar la revisión independiente habitual de la comunidad científica. Y quizá esa sea la parte más interesante de todo esto. No es que Claude haya entrado solo en un laboratorio y haya descubierto una nueva tecnología genética. Es que, frente a una cantidad de información que llevaría semanas explorar manualmente, una IA detectó qué rincón merecía que los científicos mirasen primero.

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