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Ciencia

Así son las redes ocultas que inspiraron The Last of Us: más reales, complejas y sorprendentes de lo que creés

Un nuevo estudio revela que los hongos crean redes subterráneas tan eficientes como un sistema logístico global. Si te impactó la ficción de The Last of Us, lo que ocurre bajo tierra en la vida real podría dejarte aún más asombrado.
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Aunque llevó el mundo de los hongos a un terreno postapocalíptico y terrorífico, la verdadera historia que ocurre bajo nuestros pies es aún más fascinante. Lejos de zombis y destrucción, ciertos hongos colaboran con las plantas a través de sofisticadas redes subterráneas. Ahora, gracias a la ciencia, por fin podemos observar cómo se forman y funcionan en tiempo real.

The Last of Us.
© Max Latinoamérica


La red que conecta a las plantas: una sociedad subterránea invisible

En una escena memorable de The Last of Us, Ellie observa cómo los cuerpos infectados reaccionan ante una señal invisible: están conectados por una red fúngica. Aunque en la vida real no existen zombis controlados por hongos, sí hay una base científica detrás de esa idea.

Los verdaderos hongos del género Ophiocordyceps infectan insectos y modifican su comportamiento, pero otras especies más comunes establecen conexiones benéficas con las raíces de las plantas. Este vínculo, conocido como simbiosis micorrízica, permite a los hongos captar nutrientes del suelo —como el fósforo— que luego transfieren a las plantas, a cambio de azúcares y grasas.

Estas redes fúngicas, llamadas micelios, se extienden como tentáculos invisibles en busca de nuevos recursos y socios vegetales. Un estudio reciente publicado en Nature demostró que estas redes se expanden en oleadas, formando circuitos cerrados y verdaderas “autopistas” de transporte de nutrientes, donde incluso puede observarse el flujo de carbono.


Cómo la ciencia logró ver estas redes en acción

El gran desafío para los científicos era encontrar una forma de observar estas redes en tiempo real, ya que se desarrollan en lo profundo del suelo. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se realizaban en macetas, lo que limitaba la visibilidad y comprensión del proceso.

La solución llegó con un ingenioso experimento: cultivar hongos en placas de Petri divididas. En un lado, se colocó una raíz de zanahoria enredada con filamentos fúngicos; en el otro, el hongo libremente extendía su red. Así, los investigadores pudieron observar cómo el micelio crecía durante meses, tomando fotografías microscópicas cada dos horas.

El resultado fue un archivo visual inmenso, imposible de analizar a simple vista. “Si hubiéramos tenido que observarlo manualmente, nos habría llevado un siglo”, explicó Toby Kiers, bióloga evolutiva y directora de la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas.

The Last of Us.
© Mas Latinmoamerica

Una historia de cooperación milenaria y tecnológica

Lejos del horror ficticio, el vínculo entre plantas y hongos es una muestra de cooperación biológica extremadamente eficiente. Estas relaciones existen desde hace más de 450 millones de años, y actualmente el 70 % de las especies vegetales cuentan con un hongo simbiótico en sus raíces.

Ahora, gracias a nuevas tecnologías de imagen y análisis, comenzamos a entender el alcance real de estas redes. Son, en palabras de los propios científicos, auténticas cadenas de suministro global bajo la tierra. Redes vivas, inteligentes, invisibles… y más extraordinarias que cualquier historia de ciencia ficción.

Fuente: National Geographic. 

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