En algún lugar del universo, hace aproximadamente 5.500 millones de años, ocurrió una explosión tan poderosa que su radiación comenzó un viaje que terminaría mucho después de la formación de nuestro sistema solar. Pero lo verdaderamente extraordinario llegó cuatro minutos más tarde, cuando desde la misma región del cielo apareció un segundo estallido con características completamente diferentes.
Los astrónomos habían observado miles de fenómenos semejantes. Nunca habían encontrado una combinación como esta. El evento, denominado GRB 160425A, fue registrado el 25 de abril de 2016 por el observatorio espacial Swift de la NASA. Una década después, un análisis internacional descubrió que las dos emisiones parecen pertenecer a categorías de explosiones que normalmente tienen orígenes distintos.
El estudio, publicado el 23 de octubre de 2026 en Nature Astronomy, obliga a reconsiderar algunas de las explicaciones utilizadas para clasificar los fenómenos más energéticos del cosmos.
Dos explosiones que, según la física conocida, no deberían aparecer juntas
Los estallidos de rayos gamma, conocidos como GRB por sus siglas en inglés, liberan enormes cantidades de energía durante intervalos muy breves. Los astrónomos suelen dividirlos en dos grandes categorías.
Los estallidos cortos, que duran menos de dos segundos, están asociados principalmente con fusiones de objetos compactos, como estrellas de neutrones. Los largos, superiores a dos segundos, suelen relacionarse con el colapso de estrellas muy masivas al final de su vida.
Esta distinción, descrita por la NASA en su explicación sobre los estallidos de rayos gamma, permite utilizar la duración y otras señales para investigar qué produjo una explosión. Sin embargo, GRB 160425A parece reunir características de ambas categorías.
La primera emisión, denominada G1, duró apenas 1,7 segundos, y sus propiedades espectrales se parecen a las de un estallido producido por una fusión de objetos compactos. Después llegó un período de relativa tranquilidad.

Unos cuatro minutos más tarde apareció G2, una emisión que se prolongó durante 51,2 segundos y mostró características propias de un estallido vinculado con el colapso de una estrella masiva.
La dificultad es evidente: los dos fenómenos parecen proceder de una misma región cósmica, pese a que normalmente se explicarían mediante acontecimientos astrofísicos muy diferentes.
La NASA había registrado el fenómeno en 2016, pero sus datos escondían una anomalía
El equipo, encabezado por Liang Li y Yu Wang, revisó información obtenida por Swift y otros observatorios, junto con mediciones ópticas y espectroscópicas de telescopios terrestres.
Los investigadores compararon la duración de los dos estallidos, sus espectros, la velocidad de sus variaciones y diferentes relaciones estadísticas utilizadas para clasificar estas explosiones.
Las señales apuntaban consistentemente a dos clases diferentes. Además, las observaciones permitieron asociar el fenómeno con una galaxia situada a una distancia cosmológica considerable. La radiación habría viajado aproximadamente 5.500 millones de años antes de llegar a nuestros instrumentos.
Los datos originales de Swift permanecen disponibles en el archivo oficial de GRB 160425A de la NASA, donde figuran las observaciones iniciales y las mediciones posteriores del resplandor que dejó el evento.
La pregunta fundamental es si realmente ocurrieron dos explosiones independientes o si los científicos están observando distintas fases de un mismo acontecimiento todavía desconocido.
Los científicos plantearon cinco explicaciones y ninguna resuelve completamente el misterio
Una posibilidad es que los dos estallidos procedieran de objetos distintos y coincidieran, por puro azar, en la misma dirección y casi al mismo tiempo. Sin embargo, los cálculos indican que una coincidencia de esas características sería extraordinariamente improbable. Otra hipótesis propone que se trató de un único fenómeno con dos etapas. Por ejemplo, una fusión de objetos compactos seguida de una emisión prolongada, o el colapso de una estrella masiva precedido por un estallido inicial.
El problema es que la duración, la energía y las propiedades de ambas señales dificultan encajarlas en estos modelos convencionales. Los autores también consideran la posibilidad de un sistema astrofísico más complejo, capaz de generar las dos clases de emisión mediante procesos relacionados. Pero todavía no existe un mecanismo confirmado que explique todas las observaciones. Bing Zhang, astrofísico de la Universidad de Hong Kong y coautor del trabajo, señaló a ScienceAlert que, después de más de dos décadas investigando estos fenómenos, este caso supuso un desafío particularmente difícil.
El hallazgo no demuestra que las leyes de la física sean incorrectas, pero sí que la clasificación de los estallidos de rayos gamma podría ser menos sencilla de lo que parecía. Y lo más desconcertante es que el universo produjo ambas señales hace miles de millones de años. Los instrumentos humanos las registraron en 2016, pero solamente ahora comenzamos a comprender hasta qué punto aquel doble destello desafía nuestras explicaciones sobre la muerte de las estrellas y el nacimiento de los agujeros negros.