El envejecimiento es un proceso que afecta prácticamente a todos los órganos del cuerpo. Con los años, los músculos pierden fuerza, la memoria puede deteriorarse y las células acumulan daños que dificultan su funcionamiento. La medicina lleva décadas intentando comprender si estos cambios son inevitables o si existen mecanismos capaces de retrasarlos.
Ahora, un grupo de científicos chinos consiguió un resultado que podría ayudar a responder esa pregunta. En un experimento con ratones de edad avanzada, bloquear una enzima relacionada con diversos procesos de deterioro celular permitió prolongar su vida media aproximadamente un 17%. Los animales tratados vivieron una media de 28 meses, frente a los 24 meses del grupo de control. Pero los investigadores también observaron mejoras en la memoria, la fuerza muscular, la resistencia física y algunos indicadores metabólicos.
El trabajo, publicado el 23 de octubre de 2026 en la revista científica iScience, identifica una posible nueva estrategia para investigar el envejecimiento saludable. Sin embargo, sus resultados todavía se limitan a ratones y no demuestran que el mismo tratamiento pueda prolongar la vida humana.
Una enzima que ayuda al organismo también podría acelerar su deterioro

La protagonista de la investigación es la asparagina endopeptidasa, conocida como AEP o legumaína. Se trata de una enzima encargada de cortar proteínas, una función necesaria para numerosos procesos celulares.
El problema aparece cuando su actividad aumenta de forma anormal. Investigaciones anteriores la habían relacionado con procesos asociados al Alzheimer, alteraciones en la reparación del ADN y otras enfermedades vinculadas al envejecimiento. Para comprobar qué ocurriría al reducir su actividad, el equipo administró un compuesto experimental llamado #11a a ratones de aproximadamente 18 meses, una edad considerada avanzada para estos animales.
El tratamiento se incorporó a su alimentación y se comparó con un grupo que continuó recibiendo una dieta convencional. El experimento principal incluyó 26 animales por grupo, con machos y hembras.
Los resultados mostraron que los ratones tratados alcanzaron una vida media de 28 meses, cuatro más que los controles. Esto representa un incremento aproximado del 17% en la edad total alcanzada.
El estudio, titulado Inhibition of asparagine endopeptidase extends the lifespan and improves health span during aging, también evaluó si esos meses adicionales estaban acompañados de mejores condiciones físicas.
No solamente vivieron más: también conservaron mejor su memoria y sus músculos
Los científicos utilizaron una evaluación de fragilidad que examinaba 29 indicadores relacionados con el envejecimiento, incluidos problemas de movilidad, pérdida de fuerza, alteraciones sensoriales y cambios físicos.
Los ratones tratados mostraron menos señales de deterioro y obtuvieron mejores resultados en distintas pruebas de rendimiento. Entre ellas se encontraban ejercicios de resistencia, fuerza de agarre y tareas destinadas a evaluar la memoria. También se observaron mejoras en la respuesta a la insulina y una disminución de determinados indicadores de inflamación y envejecimiento celular.

Uno de los mecanismos que podría explicar estos efectos está relacionado con la proteína NAMPT, esencial para producir NAD+, una molécula que interviene en el metabolismo energético y en el mantenimiento celular.
Los investigadores encontraron indicios de que la enzima AEP puede degradar NAMPT. Al bloquear esa actividad, el compuesto #11a podría preservar parte de su funcionamiento y favorecer procesos celulares relacionados con el envejecimiento saludable. Esta hipótesis encaja con otra investigación publicada en Nature Communications, que relacionó la actividad de AEP en los vasos sanguíneos con el deterioro vascular y la reducción de los niveles de NAD+.
El resultado es prometedor, pero todavía está lejos de convertirse en un tratamiento humano
Aunque el experimento ofrece datos interesantes, sus autores reconocen varias limitaciones. Una de ellas es que los animales tratados consumieron cantidades de alimento ligeramente diferentes en determinados momentos del estudio. Esto importa porque la restricción calórica puede influir en la longevidad de distintas especies. Por tanto, todavía es necesario determinar qué proporción de la mejora observada corresponde directamente a la inhibición de AEP. Además, esta enzima cumple funciones importantes en el organismo. Bloquearla durante períodos prolongados podría tener consecuencias que todavía no se conocen suficientemente.
Los ratones no presentaron señales importantes de toxicidad en las evaluaciones realizadas, pero eso no garantiza la seguridad de un tratamiento equivalente en personas.
La investigación también necesita reproducirse en poblaciones más amplias y con diferentes características genéticas. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos utiliza precisamente modelos animales envejecidos para investigar qué intervenciones pueden retrasar el deterioro asociado a la edad. Por ahora, no existe evidencia clínica que permita recomendar inhibidores de AEP para frenar el envejecimiento humano. Lo que sí demuestra este experimento es que modificar una vía molecular concreta puede asociarse tanto con una mayor supervivencia como con mejoras físicas y cognitivas en animales. Y quizá esa sea la conclusión más interesante: el objetivo de la investigación sobre longevidad no consiste únicamente en añadir años a la vida, sino en averiguar cómo conseguir que esos años lleguen acompañados de una mejor salud.