En una colina del noroeste de Marruecos, rodeada de campos y atravesada por un río, los arqueólogos llevaban décadas intentando resolver un misterio. Allí existían restos de una enorme construcción antigua, pero nadie había conseguido determinar con certeza cuándo fue levantada ni quiénes habían participado en su construcción.
Ahora, nuevas excavaciones permitieron descubrir que parte de aquellas estructuras tienen entre 3.500 y 4.000 años de antigüedad, convirtiéndolas en el sistema defensivo de este tipo más antiguo identificado hasta ahora en el norte de África fuera del valle del Nilo.
El hallazgo se produjo en Oued Beht, un yacimiento situado en la provincia marroquí de Khémisset. Un equipo internacional de investigadores encontró un complejo de fosos y terraplenes que demuestra que las comunidades de la región ya podían organizar grandes obras colectivas durante la Edad del Bronce.
La investigación, publicada en la revista Libyan Studies por Cambridge University Press, obliga a reconsiderar la organización de las sociedades prehistóricas del Magreb, una región cuya historia anterior a las grandes civilizaciones mediterráneas continúa siendo relativamente poco conocida.
Una fortificación que llevaba escondiendo su verdadera edad desde los años treinta

Los primeros investigadores ya habían observado estructuras defensivas en Oued Beht durante la década de 1930. Sin embargo, las construcciones visibles incluían intervenciones de distintas épocas, lo que dificultaba determinar su origen.
La respuesta apareció durante la campaña arqueológica de 2023. Al excavar debajo de una muralla de piedra posterior, el equipo descubrió un antiguo sistema formado por un gran foso y un terraplén que cerraban el extremo meridional del asentamiento.
La construcción aprovechaba la topografía natural del lugar, especialmente un estrecho promontorio elevado sobre el río. De esta manera, los habitantes podían controlar uno de los accesos a la zona y reforzar su protección sin necesidad de levantar defensas alrededor de todo el asentamiento.
Para determinar su antigüedad, los científicos realizaron 17 nuevas dataciones mediante radiocarbono, que situaron las principales obras entre comienzos y mediados del segundo milenio antes de Cristo. Según explicó el Consejo Nacional de Investigaciones de Italia (CNR), la fortificación corresponde a una etapa mucho más antigua que las murallas medievales visibles en algunas partes del yacimiento.
Detrás de aquella muralla había una comunidad capaz de construir a gran escala
El descubrimiento resulta especialmente importante porque Oued Beht ya había proporcionado pruebas de una sociedad agrícola mucho más antigua. En 2024, un estudio publicado en Antiquity identificó allí un asentamiento de aproximadamente diez hectáreas, ocupado entre el 3400 y el 2900 a. C.
Los arqueólogos encontraron cerámicas, herramientas de piedra, restos de cultivos, animales domesticados y numerosos silos excavados en el terreno. Aquella comunidad poseía una capacidad de producción y almacenamiento considerable para su época. Las nuevas fortificaciones no pertenecen necesariamente a esa misma población. Fueron construidas siglos después, durante una fase de ocupación diferente, pero demuestran que el lugar continuó siendo importante a lo largo de varios milenios.

La escala de los trabajos exigía planificación, materiales y mano de obra coordinada. Para Giulio Lucarini, codirector del proyecto, esto demuestra que las comunidades del Magreb podían organizar construcciones colectivas de una magnitud que hasta ahora no estaba documentada para aquel período. No obstante, los científicos todavía desconocen contra quiénes se levantaron las defensas. También consideran posible que sirvieran para controlar accesos, delimitar espacios o proteger recursos. Su función militar es una interpretación plausible, no una certeza absoluta.
El hallazgo también acerca la historia de Marruecos a la de la península ibérica
Una de las consecuencias más interesantes tiene que ver con las relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo occidental. Durante la misma época en que se construyeron las defensas de Oued Beht, las comunidades de la cultura de El Argar desarrollaban asentamientos fortificados y actividades metalúrgicas en el sureste de la península ibérica.
Los investigadores señalan que esta coincidencia abre nuevas preguntas sobre los contactos, intercambios y transformaciones sociales que tuvieron lugar a ambos lados del estrecho de Gibraltar. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia destacó que la investigación permite reconstruir una historia de ocupaciones sucesivas, desde las primeras comunidades agrícolas neolíticas hasta las poblaciones medievales que reutilizaron el emplazamiento.
Oued Beht no demuestra que existiera una civilización desconocida comparable a Egipto, pero sí confirma algo importante: las sociedades del norte de África desarrollaron soluciones arquitectónicas y formas de organización complejas mucho antes de lo que permitía documentar el registro arqueológico conocido. Y aquella estructura que permaneció casi un siglo sin explicación acaba de convertirse en una de las mejores pruebas de esa historia.