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Ciencia

Astrónomos estudiaban un planeta conocido cuando apareció un diminuto punto que nadie había visto. Llevaba 11 años escondido en los archivos y es el mundo más débil fotografiado desde la Tierra

Beta Pictoris d es un gigante gaseoso de apenas 2,4 masas de Júpiter situado a 63 años luz. Su tenue brillo había quedado enterrado entre el resplandor de su estrella, otro planeta mucho más luminoso y un disco lleno de polvo.
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Durante más de una década, Beta Pictoris d estuvo delante de los telescopios. Aparecía en imágenes tomadas desde la Tierra y también en observaciones del James Webb, pero su luz era tan débil que nadie había conseguido distinguirlo entre el resplandor de uno de los sistemas planetarios más estudiados de nuestra galaxia.

El hallazgo comenzó casi por casualidad. Un equipo internacional utilizaba el instrumento ERIS del Very Large Telescope, instalado en Chile, para observar cómo cambiaba Beta Pictoris b, un enorme planeta descubierto años atrás. Al revisar los datos encontraron un segundo punto separado de aquel mundo conocido. Después regresaron a los archivos y comprobaron que el objeto ya figuraba en imágenes obtenidas hasta 11 años antes.

El nuevo planeta recibió el nombre de Beta Pictoris d. Es aproximadamente 100 veces más tenue que Beta Pictoris b y se ha convertido en el exoplaneta de menor luminosidad intrínseca fotografiado directamente desde un telescopio terrestre. La precisión es importante: el récord se refiere a su magnitud absoluta, corregida por la distancia, y no simplemente a lo débil que parece desde la Tierra.

El planeta estaba oculto entre un sol joven, un disco de polvo y un vecino mucho más brillante

Astrónomos estudiaban un planeta conocido cuando apareció un diminuto punto que nadie había visto. Llevaba 11 años escondido en los archivos y es el mundo más débil fotografiado desde la Tierra
© ESO/B. Sutlieff, M. Bonse et al.

Fotografiar directamente un exoplaneta es uno de los desafíos más complicados de la astronomía. Las estrellas pueden ser millones o miles de millones de veces más brillantes que los mundos que las orbitan, por lo que su resplandor termina borrando casi cualquier señal cercana.

En el caso de Beta Pictoris d, la dificultad era todavía mayor. El sistema se encuentra a unos 63 años luz y está rodeado por un disco de escombros observado prácticamente de canto desde la Tierra. Ese disco contiene polvo y pequeños cuerpos sobrantes de la formación planetaria, capaces de generar estructuras luminosas que complican la búsqueda de puntos débiles.

Además, en algunas observaciones antiguas, el planeta quedaba muy cerca de Beta Pictoris b. El nuevo mundo estaba presente, pero aparecía apenas como una irregularidad dentro del brillo de su hermano mayor.

Una vez que los investigadores supieron dónde debían mirar, la señal comenzó a aparecer en distintos conjuntos de datos. La localizaron en imágenes anteriores del instrumento SPHERE del VLT y en observaciones de NIRCam, una de las cámaras del James Webb. El movimiento registrado a lo largo de 11 años permitió demostrar que no era una estrella de fondo, sino un objeto unido gravitacionalmente al sistema y desplazándose en su propia órbita.

Dos equipos lo encontraron de maneras distintas y terminaron describiendo el mismo mundo

Astrónomos estudiaban un planeta conocido cuando apareció un diminuto punto que nadie había visto. Llevaba 11 años escondido en los archivos y es el mundo más débil fotografiado desde la Tierra
© ESO/B. Sutlieff, M. Bonse et al.

Mientras el grupo que trabajaba con el VLT detectaba el planeta mediante imagen directa, un segundo equipo dirigido por Aidan Gibbs lo encontró independientemente en los datos del James Webb. Su estrategia no consistió en buscar primero un punto luminoso, sino en rastrear la huella química escondida dentro de la luz del sistema.

Los investigadores utilizaron espectroscopia de resolución moderada para separar la radiación según sus longitudes de onda. Así encontraron señales de metano, monóxido de carbono y vapor de agua pertenecientes a una atmósfera planetaria. Era como detectar a alguien oculto entre una multitud no por verlo directamente, sino por reconocer su voz.

Las observaciones posteriores con NIRSpec y MIRI confirmaron la detección. Esta técnica convierte a Beta Pictoris d en el primer planeta descubierto mediante la comparación de plantillas espectrales de resolución moderada, un método que podría revelar otros mundos escondidos dentro del brillo de estrellas y discos de polvo.

Las estimaciones del equipo terrestre sitúan su masa en unas 2,4 veces la de Júpiter y su temperatura efectiva alrededor de los 600 kelvin, unos 327 °C. Aunque pueda parecer abrasador comparado con los planetas del Sistema Solar exterior, es mucho más frío y menos luminoso que Beta Pictoris b y c, que rondan cada uno las diez masas de Júpiter.

El planeta no solo estaba escondido: también puede explicar una parte del sistema que no encajaba

Beta Pictoris d recorre una órbita mucho más exterior que la de los otros dos mundos conocidos. El análisis del equipo del VLT estima un semieje mayor cercano a 26 unidades astronómicas, aunque con un margen amplio de incertidumbre, mientras que el trabajo basado en el Webb lo sitúa probablemente más allá de las 30 unidades astronómicas. Ambas reconstrucciones coinciden en que es lo bastante distante como para influir sobre el borde interior del disco de escombros.

Su masa y su posición encajan con una vieja rareza: la forma concreta de ese disco. La gravedad del planeta podría haber apartado materiales de determinadas regiones, esculpiendo una frontera que hasta ahora no podía explicarse completamente con Beta Pictoris b y c.

Con este descubrimiento, Beta Pictoris se convierte en el segundo sistema conocido, después de HR 8799, donde se han fotografiado directamente más de dos planetas. Tener tres mundos visibles alrededor de una misma estrella permite compararlos sin que las diferencias de edad o del lugar de formación compliquen tanto el análisis.

El hallazgo deja también una conclusión incómoda para los archivos astronómicos: los telescopios ya pueden haber fotografiado planetas que todavía no sabemos que existen. Beta Pictoris d no necesitó esperar a un observatorio futuro para aparecer. Llevaba más de una década guardado en los datos, esperando a que alguien aprendiera a separar su débil luz de todo lo que brillaba a su alrededor.

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