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Ciencia

La ciudad perdida de Jesús aparece junto al mar de Galilea después de una década de excavaciones

Durante una década, los arqueólogos excavaron junto al mar de Galilea siguiendo una pista que conectaba restos, monedas y antiguos relatos religiosos.
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Durante siglos, una pregunta quedó suspendida entre las páginas de los Evangelios y el paisaje de una región marcada por la historia: ¿dónde estaba exactamente aquella ciudad vinculada con algunos de los episodios más conocidos de la vida de Jesús?

Ahora, una investigación arqueológica que se extendió durante diez años asegura haber reunido una cantidad considerable de evidencias en un yacimiento situado junto al mar de Galilea. Los restos no solo revelan la existencia de un antiguo asentamiento judío, sino también su transformación durante el período romano. Y entre las piezas recuperadas hay algunos indicios que han vuelto a poner un nombre bíblico en el centro de la discusión.

Diez años de excavaciones detrás de una identificación

El lugar que concentra las investigaciones es El-Araj, un yacimiento ubicado a orillas del mar de Galilea. Allí, el equipo dirigido por el arqueólogo Mordechai Aviam comenzó una investigación destinada a determinar qué había existido en ese punto hace aproximadamente dos mil años.
La conclusión propuesta por los investigadores es que se trata de Betsaida, una localidad mencionada en los Evangelios y estrechamente relacionada con la vida de Jesús. Según los relatos bíblicos, la ciudad habría sido el lugar de origen de los apóstoles Pedro, Andrés y Felipe.

La identificación adquiere especial relevancia por los episodios que las Escrituras sitúan en sus alrededores. Entre ellos aparece la curación de un hombre ciego, mientras que la tradición también vincula la zona con el episodio de la alimentación de los 5.000.

Pero la arqueología no puede confirmar que Jesús haya estado físicamente en un determinado edificio ni identificar una casa concreta como la de uno de sus discípulos. Lo que sí puede hacer es reconstruir cómo era el asentamiento, quiénes lo habitaban y qué actividad desarrollaban.

Y en El-Araj comenzaron a aparecer precisamente ese tipo de pistas.

Los arqueólogos encontraron evidencias de una comunidad pesquera judía y, posteriormente, indicios de que el asentamiento había adquirido características más urbanas durante la época romana. La superficie identificada hasta ahora alcanza aproximadamente seis hectáreas, una dimensión considerable para una localidad de aquellas características.

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Monedas, baños romanos y una inscripción relacionada con Pedro

Una de las piezas fundamentales para reconstruir la historia del lugar son las monedas. Durante las excavaciones se recuperaron más de 200, cuyo estudio permite establecer diferentes etapas de ocupación y ayudar a determinar cuándo estuvo habitado el asentamiento.

Pero las monedas no son las únicas evidencias que llamaron la atención de los investigadores.

Entre los hallazgos también aparecen vasijas de piedra asociadas a la población judía, además de restos de termas romanas. Estos elementos muestran una transformación progresiva del asentamiento y aportan información sobre la convivencia entre las tradiciones locales y la influencia del mundo romano.

El descubrimiento más llamativo llegó con una estructura de época bizantina identificada como una basílica. En su interior apareció una inscripción relacionada con Pedro, uno de los principales apóstoles de Jesús y, según los Evangelios, originario de Betsaida.

Para los investigadores, la combinación de todas estas evidencias resulta especialmente significativa. No se trata de una única pieza que permita resolver el misterio, sino de un conjunto de indicios arqueológicos que encajan con la descripción histórica y bíblica de la ciudad.

Steven Notley, investigador que participó en el proyecto, explicó que esperaban encontrar dos características principales si el sitio correspondía efectivamente con Betsaida: evidencias de una población pesquera judía y señales de una posterior transformación en una ciudad de carácter más urbano.

Según los investigadores, ambas aparecen en El-Araj.

Desde que comenzaron los trabajos en 2016, el equipo sostiene que los nuevos descubrimientos no han encontrado evidencias que contradigan la identificación del yacimiento. Por el contrario, consideran que los hallazgos acumulados han reforzado progresivamente esa interpretación.

Una ciudad pequeña que terminó adquiriendo una enorme importancia

La posible identificación de Betsaida tiene una importancia que va mucho más allá del tamaño del asentamiento. Para el cristianismo, la ciudad ocupa un lugar especial porque está vinculada con varios de los discípulos más importantes de Jesús.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre la evidencia arqueológica y la tradición religiosa. Los investigadores no pueden señalar una vivienda y afirmar que allí vivió Pedro, ni existe una inscripción contemporánea que indique que Jesús realizó un determinado milagro en ese punto exacto.

La arqueología trabaja con otro tipo de pruebas: estructuras, objetos, monedas, materiales de construcción y diferentes capas de ocupación.
En ese sentido, los restos de El-Araj permiten reconstruir el escenario de una ciudad que pasó de ser un asentamiento pesquero judío a experimentar un proceso de urbanización bajo influencia romana.

La investigación también ayuda a comprender por qué esta zona del mar de Galilea tuvo tanta relevancia durante la Antigüedad. Betsaida formaba parte de un paisaje en el que Jesús y sus discípulos se desplazaron entre distintas localidades, muchas de ellas mencionadas posteriormente en los Evangelios.

Por eso, si la identificación propuesta por los investigadores se mantiene, El-Araj podría convertirse en una de las piezas arqueológicas más interesantes para comprender el mundo en el que se desarrollaron algunos de los relatos fundacionales del cristianismo.

Después de una década de excavaciones, la antigua ciudad ya no es únicamente un nombre perdido en textos religiosos. Bajo las capas de tierra han aparecido las huellas de una comunidad que vivió, trabajó y cambió durante siglos. Y son precisamente esas huellas las que ahora permiten reconstruir, paso a paso, la historia de Betsaida.

 

[Fuente: La Nación]

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