De una vez por todas, desde Reino Unido una misión busca determinar si hay vida en Venus. La misión planea enviar una sonda al planeta en busca de vida microbiana. No sobre la superficie, claro, sino en las nubes venusianas.
En los últimos cinco años los científicos detectaron la presencia de fosfina y amoníaco – dos signos potenciales de actividad biológica – en las nubes de Venus. En la Tierra solo la actividad biológica y los procesos industriales producen esos dos gases, y los científicos no están seguros de qué los origina en Venus.
Por la densa y tóxica atmósfera del planeta, sus ardientes temperaturas y la aplastante presión en la superficie, se descarta la probabilidad de que haya economía industrial. Sin embargo, los microbios – que prosperan en los entornos más calientes y tóxicos de la Tierra – podrían sobrevivir en Venus y producir esos gases, según proponen los científicos.
“Nuestros datos más recientes encontraron más evidencia de que hay amoníaco en Venus, y hay potencial de que exista en las partes habitables de las nubes del planeta”, declaró Jane Greaves, astrónoma de la Universidad de Cardiff. “No se conocen procesos químicos que produzcan amoníaco o fosfina, por lo que la única manera de saber por qué existen allí es ir al lugar”.
Este año, en la convención de la Sociedad Real de Astronomía, los investigadores de la Universidad de Cardiff presentaron su plan de buscar y trazar mapas de la fosfina, el amoníaco y otros gases ricos en hidrógeno que pudieran indicar la presencia de vida microbiana en el planeta gemelo de la Tierra.
Sonda exploradora
La misión VERVE (Venus Explorer for Reduced Vapours in the Environment, en inglés) enviará una sonda del tamaño de un CubeSat a bordo de la misión EnVision de la Agencia Espacial Europea, diseñada para que la sonda estudie la superficie y el interior de Venus, y que iniciará en 2031. VERVE se desacoplará al llegar y llevará a cabo su propio estudio atmosférico.
Los investigadores detectaron fosfina en las nubes de Venus en 2020, y el hallazgo fue controversial porque en estudios posteriores no se llegó a los mismos resultados.
Pero otro proyecto posterior, el JCMT-Venus, para estudiar la composición molecular de la atmósfera de Venus con el Telescopio James Clerk Maxwell de Hawai, ofreció una explicación posible para la diferencia de resultados. Los investigadores siguieron la firma de la fosfina a lo largo del tiempo y vieron que solo se la puede detectar por la noche porque la luz solar la destruye. Descubrieron también que la cantidad de gas en la atmósfera de Venus varía con el tiempo.
El año pasado en la Reunión Nacional de Astronomía los investigadores también informaron sobre la detección de amoníaco en la atmósfera de Venus.
Aunque las temperaturas en la superficie de Venus llegan a unos 450 °C, las condiciones se vuelven mucho más razonables a unos 50 kilómetros por encima de la superficie, con temperaturas de entre 30°C y 70°C. Los científicos creen que sería posible que en esas condiciones puedan sobrevivir los extremófilos, como los que se encuentran en las chimeneas hidrotermales y fosas oceánicas de la Tierra.