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Ciencia

Cambiar la forma de buscar vida extraterrestre con el SETI

En su nuevo libro, John Bertz dice que es hora de repensar cómo prepararnos para el primer contacto
Por John Gertz Traducido por

Tiempo de lectura 6 minutos

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Nota del editor: Lo que sigue es un extracto de  Reinventing SETI: New Directions in the Search for Extraterrestrial Intelligence, [Reinventar el SETI: nuevos rumbos en la búsqueda de inteligencia extraterrestre], publicado por Oxford University Press en agosto de 2025. John Gertz es presidente y CEO de Zorro Productions, Inc. y ex presidente de la junta del Instituto SETI. Gertz argumenta que la humanidad debe repensar la búsqueda de vida inteligente rechazando viejos paradigmas como la Ecuación de Drake, la Paradoja de Fermi y la idea de transmitir mensajes a las estrellas (METI – Mensajes a la Inteligencia Extraterrestre). Dice que en lugar de esperar a que las civilizaciones extraterrestres lleguen en persona, tenemos que prepararnos para las sondas robóticas que ya podrían estar en nuestro sistema solar, y planificar cómo responder al primer contacto. Una nueva visión y un mapa de ruta al futuro.

No hay que suponer que los extraterrestres están lejos.

Podría haber sondas extraterrestres muy cerca de nosotros, ahora mismo, dentro del sistema solar. Están decidiendo si abrirán un canal de comunicación con la Tierra, o si, por las pocas impresiones muy pobres que ya recibieron, si nos destruirán como especie miserable que, en caso de persistir, podría representar un peligro para toda la galaxia. Si de hecho el Día del Juicio está cerca, nuestro destino podría estar no en manos de una deidad sino de algoritmos incrustados en estas sondas robóticas que tienen inteligencia artificial. Hasta podrían sentir menos empatía o interés por nosotros del que tenemos por las cucarachas o las malezas.

Entonces, ¿nuestro primer encuentro con la vida ET auguraría nuestra salvación o nuestra destrucción? ¿Sería benigno o hostil? Vamos a examinar la evidencia en su conjunto:

Evidencia De Vida Extraterrestre
© Gizmodo

La evidencia es esa: nada. No hay evidencia alguna.

La visión optimista de la sociología

Eso no significa que los teóricos del SETI no hayan tomado posición sin evidencia en favor o en contra de la suposición de que la inteligencia ET sería agresiva.

Los optimistas argumentan que las civilizaciones alienígenas, ya desde el principio de su experiencia científica y técnica, han aprendido a construir bombas atómicas y otras armas de destrucción masiva, como lo hicimos nosotros. Son civilizaciones inherentemente agresivas que poco después se autodestruirán y dejarán solamente que persistan las civilizaciones pacíficas hasta que puedan hacer contacto con seres como nosotros.

En todas las especies sociales existe el altruismo y la bondad como concepto. Los sociólogos argumentan que es porque nuestros genes tratan de preservarse a lo largo de generaciones y hacen que los cuerpos que los contienen arriesguen incluso su vida para perpetuar la de sus crías o descendientes, asumiendo grandes riesgos por sus hermanos y hermanas, riesgos menores por sus primos, y ningún riesgo para ayudar a un desconocido.

Los genes harán lo que sea para maximizar su reproducción. El tribalismo y el nacionalismo funcionan al hacerle creer a la persona que vale la pena morir por sus “hermanos en armas” o “la patria”  sobre la base de que el legado cultural compartido equivale al compartir genes. Aunque los humanos suelen sentir que su tribu o nación es una gran familia, solo unos pocos pueden comprender a la humanidad toda dentro de sus sentimientos altruistas. Solo el amor de un santo comprende a todas las criaturas vivientes. Tal vez la inteligencia extraterrestre también pasó el límite y logró amar a toda la vida que hay en el universo, y tal vez también solo tendremos un encuentro con civilizaciones extraterrestres pacíficas.

También la ley podría estar del lado de los optimistas. Aunque la civilización más antigua nos lleve cinco o más de miles de millones de años de ventaja, habrá tenido mucho tiempo para descubrir otras civilizaciones coexistentes e ingeniar un conjunto de leyes y normas que permitan la coexistencia pacífica en la Vía Láctea. Sería una metaley, un código de coexistencia pacífica galáctica.

¿Y si no fuera así?

Pero el pesimismo también tiene sus argumentos. La inteligencia ET tal vez sea gregaria, social, altruista para con los miembros de su misma especie, pero al mismo tiempo quizá considere que las demás civilizaciones son dañinas. Después de todo, las tribus y naciones humanas suelen comportarse internamente con capacidad de odiar y hacer la guerra contra “los otros”. Podría suceder que la galaxia seleccione según la agresividad. Solo harían falta unos pocos malos actores para desplazar a todas las civilizaciones ET benignas. Los científicos del SETI como Seth Shostak argumentan que los extraterrestres que se tomaran la molestia de viajar a la Tierra tendrían que ser por naturaleza seres con gran iniciativa, y por eso, agresivos. Señala el ejemplo de los Incas, que no se encontraron con españoles promedio sino agresivos y hambrientos de oro.

El hecho mismo de que el universo sea tan silencioso y la vida ET no sea obvia podría respaldar el argumento del pesimista. Quizá las civilizaciones alienígenas benignas sean mayoría, pero saben algo que los novatos no sabemos: que el universo es un lugar muy peligroso y hay actores muy malos allí afuera. Por eso intencionalmente tienen bajo perfil y se mantienen callados para no provocar a los malos.

¿Cuándo detectaremos vida extraterrestre?

En este libro me referiré en general a “detectar” en lugar de “contactar”, que es más común. En primera instancia, queremos saber si existe la inteligencia ET. Es obvio que si la ET se digna a transmitirnos la Enciclopedia Galáctica, habremos detectado y contactado a la inteligencia ET. Pero si detectamos su presencia y no hay intención de comunicarse por parte de ellos, digamos al observar una estructura artificial que pasa frente a su estrella, eso también satisface nuestra primera pregunta: la inteligencia ET existe.

Luego, ¿cuándo podremos detectar la inteligencia ET? Uno de los científicos más prominentes del SETI, Andrew Siemion, me dijo que hay menos del 1% de probabilidades de detección exitosa. Seth Shostak predice que definitivamente, absolutamente, los encontraremos pronto.

Hay diferencias (diez años, veinte años) pero siempre se presume que será mientras esta generación esté viva. Y supongo que planea descorchar la botella de champaña. Ambos te dirán que llegaron a sus conclusiones “aplicando microanálisis heurísticos, cuantificados y revisados por expertos, y bla, bla, bla”, pero se trata de corazonadas, lisa y llanamente. Ambos están igualmente calificados en su campo, y ninguno de los dos sabe lo que pasará. Hay que ser valiente para admitir que uno no sabe.

Eso me lleva a mi mantra personal, a lo que quiero transmitir en este libro: especula si no puedes resistirte, pero por favor, tan solo lleva a cabo el experimento SETI.

Sin embargo, cuídate del canto de sirenas de Copérnico y presta atención al viejo tonto de Aristóteles porque sería tonto aplicar el principio coperniano a la biología en general y a la vida inteligente en particular. Cuando se aplica el principio copernicano y el principio de la mediocridad a la humanidad, en realidad fracasan estrepitosamente.

El Homo sapiens, ¿realmente un ejemplo a seguir?

Entre las especies de la Tierra, el Homo sapiens no es más que promedio o mediocre. De los miles de millones de especies que han existido en la Tierra somos los que tenemos la mayor tasa proporcional de cráneo-masa, con la tecnología como demostración de esa medición. No hay ninguna otra especie, viva o extinguida, que siquiera se acerque a lo que somos.

Pero antes de gritar “somos los mejores”, tenemos que entender otro hecho: de todas las especies de la galaxia, casi seguramente somos la más nueva. Nuestra estrella no es promedio. Es más brillante que el 95% de todas las estrellas, pero el 96% de todas las estrellas son más antiguas que nuestro sol, que tiene 4,5 mil millones de años, pero el universo en su conjunto tiene 13,8 mil millones de años.

Como señalé, y tomando en cuenta el tiempo desde el nacimiento de la estrella al surgimiento de una especie tecnológicamente inteligente, las primeras civilizaciones extraterrestres pueden haber surgido hace 9,3 mil millones de años entonces. Casi el doble de nuestra antigüedad, algo que constituye una enorme ventaja.

Apenas podemos adivinar cuántas civilizaciones pueden haber surgido desde entonces. Pero entre todas ellas, las probabilidades de que cualquier civilización sea como nosotros en los primeros 100 años de su capacidad para enviar o recibir señales de radio o láser serán estadísticamente nulas. Lo repito, no somos promedio para nada, excepto que en este caso no somos los campeones que reinamos, sino que llegamos últimos.

Así es: somos los últimos. Acostúmbrate a la idea. Entre todas las civilizaciones de la Vía Láctea, no importa cuántas sean, somos las más jóvenes y las menos avanzadas. No hay nada de qué alardear.

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