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Ciencia

Caminantes se hacen camino al andar: La épica travesía humana que unió Asia con el fin del mundo

Durante miles de años y a lo largo de generaciones, los primeros seres humanos recorrieron más de 20.000 kilómetros a pie, desde el norte de Asia hasta la Tierra del Fuego. Esta odisea genética y geográfica revela no solo su resistencia, sino también cómo su legado sigue latiendo en nuestro ADN.
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Hubo un tiempo en que el mundo no tenía fronteras ni nombres. Solo pasos, frío, hambre y una fuerza ancestral que empujaba a los humanos hacia lo desconocido. Ahora, un estudio científico reconstruye el viaje más largo jamás realizado por nuestra especie: una caminata de milenios que atravesó continentes y dejó una huella profunda en la historia genética de América.

Una marcha ancestral que cruzó el planeta a pie

Caminantes del tiempo: la épica travesía humana que unió Asia con el fin del mundo
© Gizmodo.

La investigación publicada en Science reveló que los primeros migrantes asiáticos caminaron más de 20.000 kilómetros desde el norte de Asia hasta el extremo austral de Sudamérica. No lo hicieron en una sola generación, sino como una cadena de vida que se transmitió durante milenios. Un camino que no fue recto ni fácil: hielo, océanos, climas extremos y adaptaciones forjaron esta epopeya silenciosa.

El equipo liderado por la Universidad Tecnológica de Nanyang (NTU Singapur), en colaboración con otras 21 instituciones internacionales, analizó el ADN de más de 1.500 personas de 139 etnias. Los resultados delinean una ruta migratoria que parte de África, atraviesa Eurasia y cruza hacia América, hasta llegar a lo que hoy conocemos como Tierra del Fuego, en Argentina.

ADN como brújula de la memoria humana

Caminantes del tiempo: la épica travesía humana que unió Asia con el fin del mundo
© Elena S. Gusareva et al..

Gracias a la secuenciación genómica avanzada, los investigadores lograron mapear los patrones de ascendencia y las variaciones acumuladas en cada tramo del viaje. En algún punto hace 14.000 años, los migrantes alcanzaron la zona que hoy comparten Panamá y Colombia. Desde allí, sus descendientes se dividieron: unos se asentaron en la Amazonía, otros cruzaron hacia el Chaco seco, y un grupo valiente siguió hacia el sur, atravesando los Andes hasta la Patagonia.

Pero el precio de la distancia fue alto. Cada paso hacia el sur redujo la diversidad genética de los viajeros. Según la profesora Kim Hie Lim, esto afectó especialmente a los genes relacionados con el sistema inmunitario, lo que puede explicar por qué algunas poblaciones indígenas fueron especialmente vulnerables a enfermedades traídas siglos después por los colonos europeos.

Las huellas de quienes nunca dejaron de avanzar

La doctora Elena Gusareva, autora principal del estudio, resaltó la capacidad de adaptación de estos primeros caminantes. De tundras a selvas, de desiertos a glaciares, lograron asentarse en ambientes radicalmente distintos, dejando una firma genética que aún se encuentra en las poblaciones sudamericanas actuales.

El trabajo también denuncia un desequilibrio histórico: la mayoría de los estudios genéticos a gran escala han ignorado a las poblaciones asiáticas. El profesor Stephan Schuster, del consorcio GenomeAsia100K, destaca que estas comunidades contienen la mayor diversidad genética del planeta, y que comprenderlas es clave para entender la historia de toda la humanidad.

Al final, este estudio no solo revela un recorrido milenario, sino una forma de entender el presente: nuestras historias están escritas en cada célula, en cada paso dado por quienes decidieron no quedarse quietos. Como dijo el poeta: caminante, no hay camino… se hace camino al andar.

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