Durante décadas, los historiadores creyeron que los primeros viajes marítimos en el Mediterráneo fueron lentos y costeros, reservados a civilizaciones agrícolas y asentadas. Sin embargo, un hallazgo reciente ha cambiado por completo esta visión. Un equipo internacional de arqueólogos ha descubierto que, miles de años antes de que aparecieran los primeros agricultores en la región, ya había grupos humanos navegando grandes distancias en mar abierto. Y lo más sorprendente es cómo lo hicieron… y adónde llegaron.
Una travesía inesperada que desafía lo establecido

El descubrimiento tuvo lugar en una cueva ubicada en el norte de una isla mediterránea. Allí, los arqueólogos encontraron indicios de ocupación humana que datan de hace unos 8.500 años, un milenio antes de lo que se pensaba. Entre las evidencias halladas se encuentran hogares con restos de carbón vegetal, herramientas de piedra, huesos de animales cocinados y una dieta diversa que incluye fauna terrestre y marina.
El sitio no solo muestra cómo vivían estos antiguos grupos, sino también cómo llegaron hasta allí. Las condiciones del hallazgo sugieren que no se trataba de un viaje costero ni de una migración accidental. Según los científicos, fue una travesía planificada de más de 100 km de mar abierto, desde una región que hoy forma parte de Italia. La velocidad estimada del viaje fue de apenas 3 a 4 km/h, lo que significa que estos pioneros pasaron más de 24 horas en el mar, sin velas, brújulas ni mapas.
El sitio que reescribe mil años de historia

La cueva en cuestión es la cueva de Latnija, y está ubicada en la isla de Malta. Allí, un equipo liderado por la profesora Eleanor Scerri, del Instituto Max Planck de Geoantropología y la Universidad de Malta, halló el primer registro de navegación de larga distancia en el Mediterráneo anterior a la agricultura. El hallazgo fue publicado en la prestigiosa revista Nature.
Los restos encontrados incluyen carbones de lentisco, una planta local ideal para el fuego, junto con una gran variedad de restos de animales hoy extintos en la isla, como ciervos, aves gigantes, zorros, y también especies marinas, como focas, peces y miles de gasterópodos y erizos de mar.
“La presencia de especies marinas cocidas muestra una clara relación con el mar y una dieta basada tanto en recursos costeros como terrestres”, explicó James Blinkhorn, coautor del estudio. Esta combinación indica que estas comunidades estaban no solo adaptadas a la vida insular, sino también profundamente conectadas con el entorno marino.
¿Redes mesolíticas de navegación?
A diferencia de otras migraciones prehistóricas, esta travesía no fue guiada por la necesidad de cultivar. Los investigadores plantean la posibilidad de que hubiera una motivación exploratoria, más allá de la supervivencia. También sugieren que podrían haber existido redes de comunicación marítima entre distintas islas, lo que obliga a repensar la imagen de los cazadores-recolectores como pueblos aislados y limitados a la tierra firme.
“El hallazgo no solo modifica la historia de Malta, sino que reescribe nuestra comprensión de las capacidades marineras en la Europa prehistórica”, afirmó Scerri. Según los investigadores, los restos no humanos encontrados —pero sí arqueológicamente vinculados— confirman una ocupación mesolítica que cambia el paradigma histórico dominante.
Además, estos resultados podrían tener implicancias para comprender cómo las primeras civilizaciones insulares impactaron sus ecosistemas. Los hallazgos de especies extintas apuntan a una relación compleja entre estos humanos tempranos y su entorno natural.
¿Y si hubo otros viajes que aún no hemos descubierto?
La travesía a Malta hace 8.500 años plantea una nueva hipótesis: quizás no fue la única. Si estas comunidades eran capaces de planificar y ejecutar navegaciones de este tipo, podrían haber alcanzado otras islas del Mediterráneo con la misma destreza. El equipo científico cree que futuras excavaciones podrían revelar más rutas de navegación desconocidas hasta ahora.
En definitiva, lo que comenzó como una excavación local ha terminado por agitar profundamente las aguas de la arqueología. El viaje de estos antiguos navegantes no solo desafía nuestra comprensión sobre el pasado, sino que también revela hasta qué punto aún desconocemos el ingenio y la audacia de nuestros antepasados.