Durante más de cien años, el calamar colosal ha sido una criatura envuelta en misterio. Conocido solo por fragmentos recuperados de estómagos de ballena o por ejemplares moribundos hallados por pescadores, este gigante marino parecía decidido a mantenerse oculto. Pero una reciente expedición científica logró lo impensado: filmarlo vivo en su hábitat natural.
Primer vistazo a una leyenda de las profundidades
El 9 de marzo, a bordo del buque de investigación Falkor (too) del Instituto Schmidt Ocean, un equipo de científicos logró captar en video a un ejemplar juvenil de calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni) en las cercanías de las islas Sandwich del Sur, en el Océano Atlántico. El animal, de aproximadamente 30 centímetros, fue avistado gracias al vehículo submarino operado a distancia SuBastian, a unos 600 metros de profundidad.
Este hallazgo representa la primera grabación confirmada de esta especie viva en la naturaleza. Aunque los adultos pueden alcanzar más de media tonelada de peso (453 kg) y medir hasta 7 metros, son extremadamente difíciles de observar. Gracias a la tecnología de los ROV como SuBastian, es posible explorar hábitats tan extremos y esquivos para el ser humano.
El avistamiento formó parte de la expedición insignia de Ocean Census, una iniciativa global para catalogar la biodiversidad marina profunda. Curiosamente, esta histórica observación coincide con el centenario del reconocimiento formal de la especie. Un logro que llega tarde, pero con un impacto monumental.
Una segunda revelación y nuevas pistas sobre el mundo abisal
Pero la historia no termina ahí. Semanas antes, el 25 de enero, la misma tripulación del Falkor (too) filmó por primera vez con vida al calamar glacial de cristal (Galiteuthis glacialis) en el Océano Austral, cerca de la Antártida. Esta especie, reconocible por su cuerpo translúcido y su particular “pose de cacatúa” —brazos elevados sobre la cabeza—, jamás había sido captada viva hasta ese momento.
Descubrir dos especies de calamares en tan solo tres meses es una tasa de hallazgos impresionante. Incluso solo las imágenes del calamar colosal ya habrían sido motivo de celebración para el Instituto Schmidt. Además de los calamares, el equipo también investigó un ecosistema marino ancestral revelado tras el desprendimiento de un iceberg del tamaño de Chicago.
Las identificaciones de ambas especies fueron confirmadas por los expertos Kat Bolstad y Aaron Evans, quienes analizaron las imágenes detenidamente. Aunque en su fase juvenil el calamar colosal se parece al glacial de cristal, se diferencia por unos ganchos distintivos en sus brazos.
Ambos comparten cuerpos translúcidos y tentáculos largos, pero solo el calamar colosal crece hasta convertirse en un auténtico gigante, con ojos del tamaño de pelotas de baloncesto y un peso potencial de hasta 500 kg, lo que lo convierte en el invertebrado más pesado del planeta.
“Es emocionante y a la vez humilde”, comentó Bolstad. “Estos animales ni siquiera saben que los humanos existen”. Y dado lo inaccesible de su entorno, es probable que sigan sin tener contacto directo con nuestra especie por mucho tiempo.
Estos hallazgos se suman a las contribuciones previas de SuBastian en la exploración de cefalópodos, incluyendo el primer avistamiento in situ del calamar cuerno de carnero (Spirula spirula) en 2020 y del Promachoteuthis en 2024, así como otro avistamiento aún pendiente de confirmación.
Las criaturas del océano profundo siguen siendo tan esquivas como fascinantes. Pero con un poco de suerte y la ayuda de vehículos submarinos avanzados, los científicos continúan desvelando los secretos de las profundidades y sus enigmáticos habitantes.