Las calculadoras de bolsillo, antaño imprescindibles en colegios y oficinas, parecen haber quedado relegadas frente a las apps de los móviles. Pero Casio no se rinde. En lugar de luchar en un mercado occidental que ya da por perdido, está llevando sus calculadoras científicas a las aulas de países en desarrollo. Con una estrategia que combina educación, tradición y tecnología, la firma japonesa busca asegurar su lugar en el futuro.
La calculadora como arma educativa
Casio no se limita a vender dispositivos: ha creado el programa Gakuhan, que impulsa métodos de enseñanza basados en la calculadora científica. La clave está en que estas máquinas, a diferencia de los smartphones, no permiten conectarse a internet ni copiar con facilidad. Así, se presentan como herramientas fiables para exámenes y como parte integral de las competencias que los alumnos deben adquirir.

Nuevos horizontes: Asia y África
El plan de expansión tiene como protagonistas a ocho países estratégicos, entre ellos Egipto, Tailandia, Bangladés, Filipinas e Indonesia. En estas regiones, Casio trabaja de la mano con profesores y ministerios de educación para introducir material didáctico que haga imprescindible el uso de sus calculadoras en clase. Es un nicho aún resiliente, capaz de generar ingresos constantes incluso en un mercado global en declive.
Un negocio que se reinventa
Aunque las ventas de calculadoras han caído a dos tercios respecto a su máximo histórico, Casio todavía vende millones de unidades cada año. De hecho, ha incrementado su catálogo de calculadoras científicas en un 40% en siete años, con hasta 73 modelos adaptados a las normas y costumbres de cada país: desde el uso de comas en Alemania y Francia hasta el “modo examen” en Reino Unido.

Más allá de la nostalgia
Mientras otros productos icónicos, como los walkman o los teléfonos públicos, han desaparecido, las calculadoras siguen siendo casi obligatorias en institutos y universidades. Casio aspira a vender 23 millones de unidades en 2025, un 10% más que el año anterior. Puede que no tengan el brillo de antaño, pero siguen siendo un recurso esencial en la educación de millones de estudiantes.
Fuente: Xataka