Saltar al contenido
Ciencia

China encuentra embriones de dinosaurio de 190 millones de años en un estado que desafía lo que creíamos posible. Conservan indicios de proteínas y permiten reconstruir por primera vez cómo crecían y se movían antes de nacer

El hallazgo no solo aporta una cantidad inusual de embriones en distintas fases, sino que incluye rastros orgánicos extremadamente raros para su antigüedad. Y eso cambia cómo entendemos tanto a los dinosaurios… como la propia fosilización.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

En la provincia china de Yunnan, un equipo internacional ha encontrado algo que, en términos paleontológicos, roza lo improbable: embriones de dinosaurio de unos 190 millones de años con indicios de material orgánico preservado. No es solo la edad. Es el estado. Y lo que permite ver.

Un yacimiento que no captura un momento, sino todo un proceso

China encuentra embriones de dinosaurio de 190 millones de años en un estado que desafía lo que creíamos posible. Conservan indicios de proteínas y permiten reconstruir por primera vez cómo crecían y se movían antes de nacer
© A. LeBlanc.

Lo habitual en este tipo de hallazgos es bastante limitado. Un nido, unos pocos embriones y una instantánea congelada en el tiempo. Aquí no. El yacimiento de Lufeng, publicado en Nature, ha proporcionado más de 200 huesos correspondientes a unos 20 embriones de Lufengosaurus, un dinosaurio herbívoro de cuello largo del Jurásico Inferior. Pero lo realmente interesante es que no todos están en la misma fase. Hay diferencias claras entre ellos.

Eso convierte el hallazgo en algo parecido a una secuencia biológica. No vemos solo “cómo era”, sino “cómo cambiaba”. Es, salvando las distancias, como pasar de una foto a una película. Y eso, en fósiles, es rarísimo.

Crecimiento acelerado dentro del huevo

Cuando los investigadores analizaron los huesos, uno de los datos más llamativos apareció en el fémur. Durante el desarrollo embrionario, este hueso podía duplicar su tamaño, pasando de unos 12 a 24 milímetros. Puede parecer poco, pero no lo es.

Ese crecimiento tan rápido sugiere que estos dinosaurios no perdían el tiempo dentro del huevo. Su desarrollo era activo, intenso, y posiblemente más corto de lo que se pensaba. No eran estructuras en pausa. Estaban evolucionando a gran velocidad incluso antes de nacer.

Movimiento antes de la eclosión: un detalle que cambia la historia

China encuentra embriones de dinosaurio de 190 millones de años en un estado que desafía lo que creíamos posible. Conservan indicios de proteínas y permiten reconstruir por primera vez cómo crecían y se movían antes de nacer
© Anadolu Agency.

Hay algo que acerca este hallazgo a las aves modernas de forma bastante directa. Los embriones muestran indicios de actividad muscular. Dicho de otra forma: se movían.

Esto no es un detalle menor. En animales actuales, esos movimientos son clave para que el esqueleto se forme correctamente. El cuerpo no solo crece, se ajusta, se reorganiza. Hasta ahora, esa idea estaba bien documentada en aves. Pero en dinosaurios, faltaban pruebas directas. Ahora ya no. Y eso refuerza una conexión evolutiva que cada vez es más difícil ignorar.

Lo más desconcertante: proteínas donde no deberían existir

Aquí es donde el hallazgo se vuelve realmente incómodo para lo que creíamos saber. Mediante espectroscopia infrarroja, los investigadores detectaron señales compatibles con colágeno, una proteína fundamental en el tejido óseo. Esto, en sí mismo, ya sería interesante. Pero hay un problema.

No debería ser tan antiguo. Los embriones de Lufeng tienen más de 190 millones de años. Eso los sitúa más de 100 millones de años antes que otros fósiles donde se han encontrado restos orgánicos similares. En teoría, ese tipo de material debería haberse degradado por completo. Y, sin embargo, algo ha sobrevivido. No está claro cómo. Pero está ahí.

Lufengosaurus: de embrión activo a gigante herbívoro

China encuentra embriones de dinosaurio de 190 millones de años en un estado que desafía lo que creíamos posible. Conservan indicios de proteínas y permiten reconstruir por primera vez cómo crecían y se movían antes de nacer
© Unsplash / Mehmet Turgut Kirkgoz.

El protagonista de esta historia no era precisamente discreto en su etapa adulta. El Lufengosaurus podía alcanzar entre 4,5 y 6 metros de longitud y pesar cerca de 1.700 kilos. Un sauropodomorfo que probablemente vivía en grupo y que utilizaba su cuerpo (y su cola) para acceder a vegetación elevada. Pero lo realmente fascinante aquí no es su tamaño.

Es el contraste. Ver cómo un animal de ese calibre empieza como un organismo diminuto, activo, en movimiento incluso dentro del huevo. Cómo su biología ya contiene pistas de comportamientos que hoy vemos en aves. Es observar el inicio de una historia evolutiva desde dentro.

Una nueva forma de entender a los dinosaurios… y los fósiles

Los propios investigadores lo resumen bastante bien: este tipo de yacimiento es extremadamente raro. No solo por su antigüedad, sino por lo que permite reconstruir. Por primera vez, se pueden analizar varias etapas del desarrollo embrionario en dinosaurios dentro de un mismo contexto. Entender cómo crecían, cómo se movían, cómo se organizaban antes de nacer. Pero hay una segunda capa.

La conservación de posibles restos orgánicos en fósiles tan antiguos plantea preguntas nuevas sobre los procesos de fosilización. Quizá no entendemos del todo bien qué puede sobrevivir y bajo qué condiciones. Y eso abre una puerta inesperada. Porque si algo así ha sido posible aquí, no sería extraño que existan otros yacimientos similares… todavía sin descubrir. Y en ese caso, lo que creemos saber sobre los dinosaurios podría estar solo en una fase temprana.

Como esos embriones. A medio camino entre lo conocido y lo que todavía está por nacer.

Compartir esta historia

Artículos relacionados