En mitad de las montañas de Guizhou hay algo que, visto desde lejos, podría confundirse con una pequeña ciudad europea. Edificios de fachadas coloridas, tejados inclinados, una torre de reloj y hasta un puente rodeado de vegetación. El zumbido constante del interior delata qué es realmente: el mayor centro de datos en la nube de Huawei. Y no está allí por casualidad.
China lleva años desplazando una parte creciente de su infraestructura informática desde las grandes regiones industriales del este hacia provincias interiores como Guizhou, Ningxia, Gansu o Mongolia Interior. Lo que inicialmente era una estrategia para repartir almacenamiento y computación se está convirtiendo, con la explosión de la inteligencia artificial, en algo mucho más importante: una gigantesca reorganización geográfica de dónde piensa China entrenar y ejecutar sus modelos.
La escala que viene detrás impresiona. Rystad Energy calcula que China tenía unos 32 GW de capacidad de centros de datos al terminar 2025, llegará a unos 40 GW este año y superará los 60 GW en 2030. Prácticamente el doble en cinco años.
Pekín tiene un nombre para la estrategia: “Datos del Este, Computación del Oeste”

El plan se puso formalmente en marcha en 2022 y estableció ocho grandes nodos nacionales y diez clústeres de centros de datos. La idea es que buena parte de los datos y la demanda digital nacen en las zonas costeras (Pekín, Shanghái, Shenzhen o Guangzhou), pero no todo el cálculo tiene que producirse allí.
El este tiene clientes, empresas y población. El oeste dispone de algo igualmente valioso para la IA: terreno, temperaturas más bajas y grandes recursos energéticos.
Guizhou resume perfectamente esa lógica. Huawei, Tencent y las tres grandes operadoras estatales chinas han desplegado infraestructura allí, mientras que Gui’an se ha convertido en uno de los grandes nodos nacionales de computación. Huawei llegó a proyectar capacidad para alrededor de un millón de servidores en su enorme instalación local. Y ahora las GPU han hecho que esa decisión cobre todavía más sentido.
Los centros dedicados a IA y computación de alto rendimiento representarán alrededor del 39% de la capacidad instalada china en 2026 y Rystad espera que lleguen al 48% en 2030. Son instalaciones que consumen mucho más que los centros tradicionales, por lo que decidir dónde colocar miles de aceleradores empieza a ser también una decisión energética.
La IA china necesitará tanta electricidad que Pekín quiere llevarla donde están las renovables

China pretende que las energías renovables aporten alrededor del 80% de la electricidad consumida por sus centros de datos en 2030, frente al 11% registrado en 2023. El desafío es enorme: entre 2026 y 2030, su demanda eléctrica podría aumentar entre 300.000 y 500.000 millones de kWh.
Por eso el oeste resulta atractivo. Mongolia Interior dispone de enormes instalaciones solares y eólicas; Guizhou combina un clima relativamente fresco con abundantes recursos eléctricos. La energía deja así de viajar únicamente miles de kilómetros hacia las ciudades: China también está llevando las máquinas que consumen esa energía hacia el lugar donde se produce.
La previsión de Rystad es que los centros de datos chinos consuman unos 289 TWh al año en 2030, más del doble que en 2025 y alrededor del 2,3% de toda la electricidad del país.
El gran experimento tiene un problema: China ya construyó centros que apenas utilizaba
No todo está funcionando perfectamente. El enorme impulso público provocó también una fiebre constructora. Una investigación de Reuters reveló en 2025 que algunos centros operaban con tasas de utilización de apenas 20% a 30%, hasta el punto de que Pekín comenzó a revisar proyectos y preparar una red nacional que permita vender y redistribuir capacidad informática sobrante.
También está la promesa del desarrollo rural. Vecinos de Gui’an explicaron a AFP que las nuevas instalaciones trajeron mejores carreteras, comercios y empleos locales. Pero un centro de datos es extremadamente intensivo en capital y no necesariamente crea miles de puestos permanentes una vez construido.
Eso no parece estar frenando el plan.
La carrera de la IA suele explicarse hablando de chips, modelos y algoritmos. China está apostando por una cuarta pieza menos visible: disponer de suficientes edificios, electricidad y redes para hacer funcionar todos esos chips simultáneamente. Y su solución tiene algo paradójico. Una parte del futuro digital chino no se está construyendo en Shanghái ni Shenzhen, sino entre las montañas y antiguas zonas rurales del interior del país.