Antes de que las vacas, las ovejas y las cabras se extendieran por Madagascar, la isla albergaba una fauna difícil de imaginar hoy. En sus paisajes convivían lémures gigantes, enormes aves elefante y pequeños hipopótamos. Eran habitantes de un territorio cuyo aislamiento había permitido una evolución extraordinaria.
Durante millones de años, Madagascar funcionó como un laboratorio natural separado del resto del planeta. Sin embargo, buena parte de aquellos animales terminó desapareciendo. Entender qué provocó esa pérdida sigue siendo una de las grandes preguntas sobre el pasado de la isla.
La caza fue durante mucho tiempo una de las explicaciones más directas. Pero una investigación incorpora una pieza que obliga a mirar el problema desde otra perspectiva: la expansión de animales domésticos coincidió con una profunda transformación del ecosistema.
La coincidencia no demuestra que el ganado fuera el único responsable. Sí sugiere que el destino de los gigantes pudo depender de varios cambios que se acumularon en un período decisivo.
Los huesos revelan cuándo el ganado comenzó a ocupar la isla
Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón y la Escuela del Clima de Columbia reunieron la mayor colección estudiada hasta ahora de huesos antiguos de ganado introducido en Madagascar.
El trabajo, publicado en Proceedings of the Royal Society B, examinó más de 100 restos de vacas, ovejas y cabras recuperados en 23 sitios. Para reconstruir su historia, el equipo combinó datación por radiocarbono con análisis de isótopos estables, que permiten obtener información sobre la alimentación de los animales.
Los resultados sitúan la presencia del ganado en el interior de Madagascar hace aproximadamente 1.200 años. Su distribución indica que estos animales se extendieron con rapidez por distintas regiones.

Ese dato adquiere relevancia al compararlo con el registro de las extinciones: algunos de los grandes animales nativos desaparecieron aproximadamente durante la misma etapa.
Entre las especies perdidas de Madagascar se encontraban las aves elefante, varios lémures gigantes y diferentes hipopótamos pigmeos. Sus características recuerdan hasta qué punto la isla tuvo un pasado distinto de su presente.
Una publicación sobre el ave elefante Vorombe titan, acompañada de una ilustración, permite hacerse una idea de las dimensiones de estos antiguos habitantes.
🐦 Meet Vorombe titan, the largest bird known to have ever lived.
Standing up to 10 feet (3 meters) tall and weighing as much as 1,400 lbs (635 kg), this giant elephant bird once roamed Madagascar and dwarfed even the largest modern ostriches.
Unlike the giant terror birds of… pic.twitter.com/p3LVL07ch7
— Kaptan Hindustan™ (@KaptanHindustan) September 28, 2026
La presencia humana no explica por sí sola el momento de las extinciones
Hay un detalle que dificulta atribuir toda la desaparición de la megafauna a la llegada de los seres humanos: las evidencias de presencia humana son anteriores a la expansión del ganado.
Esto plantea una pregunta. Si las personas y los grandes animales convivieron durante un período considerable, ¿qué cambió después para que tantas especies desaparecieran?
La investigación sitúa el foco en la acumulación de presiones. La pérdida de grandes herbívoros coincide aproximadamente con la introducción y expansión del ganado y de otros animales, incluidos los perros.

Los huesos también ofrecen pistas sobre la transformación del paisaje. Los análisis isotópicos indican que, durante los últimos 1.000 años, las vacas consumieron en mayor proporción plantas asociadas con ambientes cálidos y relativamente secos, entre ellas las gramíneas C4.
Por otra parte, los registros de polen conservado en sedimentos muestran que los pastizales ganaron terreno en muchas regiones durante un período similar.
Ambas evidencias ayudan a reconstruir un entorno cambiante. Sin embargo, no permiten concluir que las vacas causaran directamente la desaparición de los bosques.
Un paisaje transformado por varias presiones al mismo tiempo
La expansión de las actividades humanas, los incendios, los cambios en el uso de la tierra, los animales introducidos y las variaciones climáticas pudieron interactuar de distintas maneras según la región.
El estudio también cuestiona que una única gran sequía en toda Madagascar explique las extinciones. Las reconstrucciones paleoclimáticas muestran que los períodos secos no ocurrieron simultáneamente en todas las zonas.

La desaparición de numerosos grandes herbívoros, en cambio, se concentró aproximadamente alrededor de la etapa en que el ganado comenzó a expandirse.
El escenario que emerge es más complejo que una historia con un solo culpable. Hace unos 1.200 años, los animales domésticos se incorporaron a una isla que ya atravesaba cambios vinculados con la presencia humana y el clima. En ese proceso, muchos de sus habitantes más extraordinarios desaparecieron para siempre.