China está protagonizando una de las transformaciones energéticas más grandes de la historia, pero también una de las más contradictorias.
Por un lado, ningún país instala tanta energía solar y eólica. En 2024, China ya había alcanzado el objetivo de capacidad eólica y solar que se había fijado para 2030, seis años antes de lo previsto. Ese mismo año destinó más de 625.000 millones de dólares a energía limpia, según la Agencia Internacional de la Energía.
Por otro lado, sigue construyendo centrales térmicas y dependiendo del carbón para mantener estable su enorme sistema eléctrico. La paradoja tiene una explicación: la velocidad a la que China instala renovables ha superado en algunos lugares la capacidad de su red para aprovecharlas.
China está instalando renovables a una velocidad difícil de igualar
El despliegue chino de energía limpia no tiene demasiados precedentes.
Además de ampliar masivamente la energía solar y eólica, el país está invirtiendo en redes eléctricas, almacenamiento y otras infraestructuras necesarias para integrarlas.
La IEA calcula que China destinó alrededor de 88.000 millones de dólares a transmisión y distribución eléctrica en 2025, precisamente para intentar corregir algunos de los problemas creados por el rápido crecimiento renovable. El país también domina buena parte de la fabricación mundial de tecnologías como paneles solares, baterías y componentes utilizados en generación renovable.
Sin embargo, producir enormes cantidades de electricidad limpia no significa necesariamente poder utilizarla toda.

El problema está entre los paneles solares y los enchufes
La energía solar y eólica tienen una característica fundamental: su producción depende del clima.
Los paneles generan electricidad cuando hay suficiente radiación solar y las turbinas cuando sopla el viento, independientemente de que en ese momento la demanda eléctrica sea alta o baja.
Cuando aparecen grandes excedentes y no existe suficiente capacidad para transportarlos, almacenarlos o consumirlos, los operadores pueden verse obligados a reducir deliberadamente la producción. Este fenómeno se conoce como curtailment.
La IEA reconoce que el desarrollo de generación renovable ha avanzado más rápido que determinadas partes de la red china. En 2024 se registraron problemas de congestión y conexión en 11 provincias, especialmente relacionados con instalaciones solares distribuidas.
Y ahí aparece el carbón
Las centrales de carbón pueden proporcionar electricidad cuando cae la producción solar o eólica y funcionar como respaldo para momentos de elevada demanda.
En teoría, China podría utilizar cada vez más estas centrales de forma flexible y durante menos horas, mientras baterías, redes, centrales hidroeléctricas y otros mecanismos asumen una mayor parte de ese trabajo.
Pero el carbón está lejos de desaparecer.
En 2026, la generación eléctrica con carbón volvió a crecer después de haber registrado su primera caída en más de una década. Reuters señala que durante los primeros cinco meses del año la generación térmica —principalmente carbón— aumentó un 3,4% interanual. Entre los factores estuvieron el aumento de la demanda, condiciones menos favorables para algunas renovables y mayores necesidades de electricidad durante episodios de calor.
Además, una parte importante de la electricidad del país todavía procede del carbón: a finales de septiembre de 2026, Reuters señalaba que seguía generando más de la mitad de la electricidad china. Construir más renovables no elimina automáticamente las centrales térmicas
Aquí está la parte contraintuitiva.
Añadir millones de paneles solares y turbinas eólicas aumenta enormemente la cantidad de electricidad limpia disponible, pero no sustituye automáticamente la función que desempeñan las plantas capaces de generar electricidad cuando se les solicita.
Para reducir realmente la dependencia del carbón hacen falta también redes de transmisión, almacenamiento, gestión de la demanda y mercados eléctricos más flexibles.
China está invirtiendo en todos ellos, pero la transformación requiere tiempo.
La propia IEA advierte que, aunque el carbón podría convertirse progresivamente en una fuente complementaria de respaldo, el volumen de inversión en nuevas centrales térmicas indica que las preocupaciones por la seguridad del suministro siguen teniendo mucho peso.
La transición china avanza en dos direcciones a la vez
La situación explica por qué China puede batir récords de renovables mientras sigue siendo uno de los grandes consumidores de carbón.
No son fenómenos necesariamente opuestos.
El país está intentando transformar uno de los sistemas eléctricos más grandes del mundo mientras su demanda continúa creciendo. Y durante ese proceso mantiene infraestructura fósil para garantizar que la electricidad esté disponible incluso cuando el viento o el sol no acompañan.
La verdadera prueba llegará cuando sus redes, baterías y otros sistemas de flexibilidad puedan crecer tan rápido como sus parques solares y eólicos.
Solo entonces la enorme expansión renovable podrá traducirse en una reducción sostenida del papel del carbón.