China se convirtió en la mayor potencia mundial de las energías renovables. Fabrica la mayoría de los paneles solares del planeta, construye gigantescos parques eólicos y desarrolla centrales hidroeléctricas capaces de transformar regiones enteras.
Ese esfuerzo comenzó a dar resultados visibles en 2025, cuando la generación eléctrica con carbón cayó por primera vez en diez años. La expansión de la energía solar y eólica consiguió cubrir el crecimiento del consumo y reducir la necesidad de recurrir a las centrales térmicas.
Sin embargo, durante los primeros meses de 2026 la tendencia volvió a cambiar. Entre enero y mayo, la generación térmica —producida principalmente con carbón y, en menor medida, con gas— aumentó un 3,4% interanual hasta alcanzar los 2,53 billones de kilovatios hora.
El viento falló y el carbón ocupó su lugar
Una de las principales explicaciones fue meteorológica. Durante marzo, abril y mayo, las velocidades del viento fueron inferiores a las registradas en cualquiera de los diez años anteriores.
Esto redujo la producción de los parques eólicos justo cuando la demanda eléctrica continuaba creciendo. Según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, sin ese período excepcionalmente débil, la nueva capacidad renovable probablemente habría conseguido volver a reducir la generación con carbón y gas.
La producción nuclear también descendió en algunos meses, mientras que la energía hidroeléctrica no logró cubrir completamente el hueco. Ante esa combinación, las centrales térmicas volvieron a funcionar como el respaldo más inmediato y previsible del sistema.
El episodio demuestra una de las principales dificultades de la transición energética china: instalar enormes cantidades de renovables no garantiza que toda esa capacidad pueda utilizarse en cualquier momento.
China construyó demasiadas centrales nuevas
El clima explica parte del repunte, pero no toda la historia. Durante 2025, China puso en funcionamiento alrededor de 78 gigavatios de nueva capacidad de carbón, el mayor incremento de la última década. Al mismo tiempo, todavía mantiene casi 300 gigavatios adicionales en construcción o con permisos aprobados.
Muchas de estas plantas fueron autorizadas después de los apagones y problemas de suministro registrados en 2021 y 2022. Las autoridades las presentaron como una garantía de seguridad energética frente a sequías, olas de calor o períodos de baja producción renovable.
El problema es que una central recién construida necesita recuperar su inversión. Además, algunas operan mediante contratos que garantizan un nivel mínimo de utilización. Esto puede darles una ventaja frente a la energía eólica y solar, incluso cuando existe producción limpia disponible.
China no solo utiliza el carbón porque lo necesita durante las emergencias. También ha creado una estructura económica e institucional que favorece su funcionamiento.
La demanda eléctrica continúa aumentando
La industria, los vehículos eléctricos, los sistemas de climatización y los centros de datos mantienen el consumo energético chino en permanente crecimiento. En mayo, la generación eléctrica de las grandes compañías aumentó un 4,2% respecto al año anterior.
Cuando la demanda crece más rápido que la producción renovable, el carbón cubre la diferencia. También influye la preocupación por el abastecimiento de gas, un combustible más caro y dependiente de rutas internacionales expuestas a tensiones geopolíticas.
Para Pekín, evitar interrupciones en el suministro continúa siendo una prioridad incluso cuando eso implica aumentar temporalmente las emisiones.
Un tropiezo que puede convertirse en un problema estructural
El repunte de 2026 no significa que China haya abandonado las renovables. El país sigue instalando más capacidad solar y eólica que cualquier otra economía y pretende que la mitad de su electricidad proceda de fuentes no fósiles en 2030.
Pero tampoco puede considerarse un simple accidente meteorológico. La enorme cantidad de centrales nuevas garantiza que el carbón continuará disponible y tendrá incentivos para seguir operando durante décadas.
China ya demostró que puede construir suficientes renovables para reducir la generación térmica. El verdadero desafío será reformar su red, ampliar el almacenamiento y evitar que las centrales creadas como respaldo terminen compitiendo permanentemente con la energía limpia.
El carbón no ha recuperado su dominio perdido. Pero 2026 recordó que todavía sigue siendo el salvavidas al que China recurre cada vez que el viento, el agua o la demanda no acompañan.