Un descubrimiento científico en Estados Unidos está cambiando lo que sabemos sobre los lugares donde puede existir vida en nuestro planeta.
Investigadores de la Universidad de Michigan encontraron una comunidad de microorganismos que prospera a cientos de metros bajo la superficie terrestre, en un ambiente oscuro, aislado y aparentemente incompatible con formas de vida complejas.
El hallazgo, publicado en la revista científica The ISME Journal el 29 de julio de 2026, revela que determinadas formaciones rocosas pueden albergar ecosistemas mucho más diversos de lo que se pensaba.
Un ecosistema oculto bajo los Grandes Lagos de Estados Unidos
Los científicos analizaron muestras de agua extraídas de pozos que atraviesan la formación geológica Antrim Shale, ubicada bajo la región de Michigan.
Las muestras procedían de profundidades comprendidas entre 247 y 556 metros, donde las condiciones ambientales son completamente diferentes de las que existen en la superficie. Según los análisis isotópicos, el agua pudo ingresar a estas formaciones durante el final de la última glaciación, hace más de 11.000 años.
Durante mucho tiempo, los investigadores creyeron que estos ambientes albergaban principalmente bacterias y otros microorganismos simples. Sin embargo, los nuevos resultados revelaron una diversidad inesperada de hongos capaces de habitar estas condiciones extremas.
Descubren 689 tipos de hongos, incluidos algunos desconocidos
Uno de los resultados más sorprendentes fue la identificación de 689 unidades taxonómicas de hongos mediante análisis genéticos.
Además, el equipo consiguió cultivar 205 cepas y detectó 13 posibles nuevos taxones que todavía requieren estudios adicionales para su clasificación. Los científicos registraron concentraciones de hasta 6.800 células fúngicas por mililitro de agua, una cantidad considerable para un ambiente situado a semejante profundidad.
También identificaron comunidades bacterianas que podrían interactuar con los hongos y participar en el reciclaje de nutrientes.
Estos resultados muestran que el subsuelo profundo puede sostener organismos más complejos de lo que tradicionalmente se había supuesto.
Cómo pueden sobrevivir los hongos alimentándose de materiales rocosos
La clave de este descubrimiento se encuentra en la composición química de las rocas.
La formación Antrim Shale contiene grandes cantidades de materia orgánica antigua atrapada en el esquisto, que determinados microorganismos pueden transformar y utilizar como fuente de carbono y energía. Los investigadores plantean que algunos hongos podrían participar en la degradación de estos compuestos, interactuando con comunidades de bacterias y arqueas.
Este proceso también podría contribuir a la producción de dióxido de carbono y metano en el subsuelo.
Sin embargo, todavía no se ha demostrado que los hongos consuman directamente los minerales de las rocas. Su posible función está relacionada principalmente con la transformación de materia orgánica presente en ellas.
Los líquenes, esas "plantitas" que crecen en troncos y ramas en realidad son una simbiosis entre un alga y un hongo.
Si, algas a kilómetros del mar.
Si, hongos aprovechandose de la luz solar.
Si los ves, estás respirando aire puro pues son indicadores de salud medioambiental. pic.twitter.com/ylKxySEIwh
— Alexander Uslar (@Uslariono) October 14, 2026
El descubrimiento cambia lo que sabemos sobre la vida bajo la Tierra
Los resultados sugieren que los ecosistemas subterráneos podrían desempeñar un papel mucho más importante en el ciclo global del carbono.
Hasta ahora, gran parte de la investigación sobre estos ambientes se había concentrado en bacterias y arqueas, dejando relativamente poco explorada la presencia de organismos eucariotas como los hongos.
El estudio abre nuevas preguntas sobre cuánta biodiversidad permanece oculta en las profundidades terrestres y cómo consigue mantenerse activa durante miles de años.
También podría ayudar a comprender mejor los límites de la vida en ambientes extremos, una cuestión relevante para la investigación astrobiológica. El hallazgo demuestra que incluso a cientos de metros bajo nuestros pies pueden existir comunidades biológicas complejas que todavía estamos comenzando a descubrir.