La energía nuclear genera electricidad sin emitir dióxido de carbono, pero deja tras de sí un problema que ninguna tecnología ha conseguido resolver del todo: qué hacer con los residuos radiactivos que permanecen peligrosos durante miles de años. Un equipo internacional de científicos está intentando responder a esa pregunta perforando rocas formadas hace 175 millones de años en el subsuelo de Suiza.
El proyecto se desarrolla en el Mont Terri Rock Laboratory, un laboratorio científico excavado bajo una montaña cerca de Saint-Ursanne, en el cantón suizo del Jura. Allí, los investigadores estudian una antigua formación geológica conocida como Opalinus Clay Formation, considerada una de las candidatas más prometedoras para almacenar residuos nucleares en profundidad.
La idea es simple en apariencia, pero extremadamente compleja en la práctica: utilizar las propiedades naturales de ciertas rocas para aislar el material radiactivo del entorno durante escalas de tiempo que superan con creces la historia de las civilizaciones humanas.
Un laboratorio excavado dentro de una montaña

El experimento forma parte de la iniciativa científica internacional DEBORAH (Deep borehole to resolve the Mont Terri Anticline Hydrogeology), coordinada por el GFZ Helmholtz Centre for Geosciences de Alemania. El objetivo del proyecto es comprender con precisión cómo se comportan las capas de roca y arcilla del subsuelo y cómo interactúan con los sistemas de agua subterránea.
Para ello, los científicos han instalado una plataforma de perforación de unos diez metros de altura dentro del propio laboratorio subterráneo. Con esta estructura están extrayendo núcleos de roca que permiten analizar la composición, la estructura y las propiedades físicas del terreno.
En las primeras fases del experimento ya se han recuperado unos 55 metros de muestras geológicas, cada una de las cuales se examina con detalle para estudiar su capacidad de contener materiales radiactivos.
La arcilla jurásica que podría actuar como escudo natural

La protagonista del estudio es la arcilla Opalinus, una formación geológica que se originó durante el Jurassic Period hace aproximadamente 175 millones de años.
Esta arcilla se caracteriza por tener una permeabilidad extremadamente baja, lo que significa que el agua se mueve a través de ella de manera extremadamente lenta. Esa propiedad resulta crucial para el almacenamiento de residuos nucleares, ya que el principal riesgo a largo plazo es que el agua subterránea pueda transportar material radiactivo hacia el exterior.
Además, la arcilla posee una estructura capaz de auto sellar pequeñas fracturas, una característica que la convierte en una barrera natural potencialmente muy eficaz. Los científicos estudian no solo la arcilla en sí, sino también las capas de roca situadas por encima y por debajo de ella, con el objetivo de comprender todo el sistema geológico que la rodea.
Perforar hasta 800 metros para entender el subsuelo

El proyecto prevé alcanzar una profundidad cercana a los 800 metros bajo la superficie. Cada sección perforada permite reconstruir la historia geológica del terreno y evaluar cómo circula el agua dentro de la montaña.
Además de las perforaciones, los investigadores están utilizando técnicas de sísmica y gravimetría para escanear la estructura del subsuelo. Estos métodos permiten obtener una especie de “radiografía” geológica del terreno sin necesidad de excavar completamente.
Con todos estos datos, los científicos esperan comprender si la formación de Opalinus puede funcionar como una barrera geológica estable durante decenas o incluso cientos de miles de años.
Un problema que supera la escala humana
El desafío de los residuos nucleares es único en la historia tecnológica. Algunos de los materiales generados en reactores y centrales nucleares permanecen peligrosos durante decenas de miles de años, un periodo mucho mayor que la duración de cualquier infraestructura creada por el ser humano.
Por esa razón, muchos países están apostando por el llamado almacenamiento geológico profundo, una estrategia que consiste en enterrar los residuos en formaciones rocosas extremadamente estables.
Si las pruebas en Mont Terri confirman el potencial de la arcilla Opalinus, estas rocas jurásicas podrían convertirse en una de las soluciones más prometedoras para almacenar de forma segura el material radiactivo.
En otras palabras, una formación geológica que nació cuando los dinosaurios dominaban la Tierra podría terminar siendo la clave para proteger el planeta de una de las sustancias más peligrosas que la humanidad ha creado.