La frase suena como el comienzo de una teoría disparatada: científicos encontraron tinta de bolígrafo en meteoritos procedentes de Marte. Pero no hay marcianos escribiendo notas dentro de las rocas, ni una pista oculta de vida extraterrestre, ni un giro de ciencia ficción. La explicación es más terrestre y, justamente por eso, más importante.
Un grupo de investigación de la Universidad del País Vasco detectó restos de tinta y otros contaminantes en meteoritos marcianos que habían sido preparados previamente para su análisis. Las muestras procedían del Johnson Space Center de la NASA y fueron estudiadas con espectroscopía Raman. El trabajo, publicado en Applied Geochemistry, no pone en duda el valor científico de los meteoritos, pero sí subraya una advertencia clave: incluso las rocas más valiosas del espacio pueden recoger huellas humanas durante su manipulación.
El problema no está en Marte, sino en todo lo que ocurre después
Para entender el hallazgo hay que empezar por una idea incómoda: una muestra extraterrestre rara vez llega intacta al laboratorio. En el caso de los meteoritos, el viaje ya los transforma. Al entrar en la atmósfera terrestre soportan temperaturas y presiones extremas que generan una corteza de fusión en la superficie. Esa capa externa está alterada y no representa necesariamente la composición original de la roca.
Por eso los científicos suelen cortar, pulir o retirar partes superficiales antes de estudiar el interior. Y ahí empieza el segundo viaje de la muestra: el viaje por la Tierra. Sierras de diamante, lubricantes, disolventes, ultrasonidos, herramientas, guantes, fibras textiles, etiquetas, recipientes y superficies de trabajo pueden dejar residuos microscópicos.
El equipo de la Universidad del País Vasco lo plantea de forma muy directa: a medida que avanzan las misiones de retorno de muestras planetarias, diseñar protocolos de preparación que contemplen la contaminación se vuelve cada vez más importante. No porque los laboratorios trabajen mal, sino porque estas muestras son extremadamente sensibles a casi cualquier contacto.
La tinta fue la parte más llamativa, pero no la única
El estudio analizó seis fragmentos de meteoritos marcianos procesados entre 2001 y 2014, además de una muestra de referencia sin preparación previa. La técnica utilizada fue espectroscopía Raman, habitual para identificar minerales y compuestos en materiales planetarios porque permite estudiar superficies con gran detalle químico.
Los investigadores detectaron contaminantes de dos tipos: los derivados de la preparación de la muestra y los introducidos durante la manipulación. Algunos eran esperables, como restos vinculados al corte, pulido o limpieza. Pero otros resultaron mucho más llamativos: compuestos asociados a tinta de bolígrafo, tintas de impresión y fibras textiles. Phys.org, que recoge el comunicado de la universidad, resume el hallazgo como una señal clara de que los protocolos deben volverse más estrictos para evitar interpretaciones erróneas en materiales extraterrestres.
Entre los contaminantes mencionados aparecen trazas de diamante, alcohol etílico, una resina de tall oil asociada a tintas de impresión, fibras de poliéster azul y una molécula orgánica sintética usada en tintas de bolígrafos y bolígrafos de gel. IFLScience recoge que el estudio identificó incluso varios tipos de tinta, incluidos contaminantes compatibles con tintas azules de bolígrafo.
No hay motivo para alarmarse, pero sí para mejorar
A pesar de lo llamativo de estos resultados, el estudio subraya que es muy poco probable que los científicos confundan estos contaminantes con materiales de origen marciano. En general, las técnicas analíticas actuales son suficientemente precisas como para distinguir entre ambos. Por lo tanto, no hay razones para cuestionar la fiabilidad de las investigaciones realizadas hasta ahora sobre meteoritos marcianos.
Sin embargo, los autores sí recomiendan extremar las precauciones y avanzar hacia una mayor estandarización de los protocolos de limpieza. El estudio propone algunas medidas para reducir la presencia de residuos derivados de la preparación de muestras, aunque también reconoce que los procedimientos deben adaptarse según el tipo de meteorito o grupo mineral.
En este contexto, el equipo expresó su intención de seguir investigando cómo optimizar los procesos de limpieza. No es un detalle menor: los investigadores de la Universidad del País Vasco forman parte de los grupos que recibirán nuevas muestras marcianas cuando el rover Perseverance de la NASA logre traerlas a la Tierra.
Y quieren estar preparados.