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España produce cada vez más energía renovable, pero su red eléctrica no puede llevarla hasta todos los grandes consumidores. Un proyecto de hidrógeno de 3.000 millones acabó en Portugal y Moeve ha tenido que recortar sus planes en Huelva

La falta de capacidad para conectar grandes electrolizadores está empezando a condicionar el futuro del hidrógeno renovable en España. Stegra eligió finalmente el puerto portugués de Sines, mientras Moeve ha limitado a 300 MW la primera fase de su planta de Huelva.
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España dispone de sol, viento y una de las mayores carteras de proyectos de hidrógeno renovable de Europa. Sin embargo, tener electricidad limpia disponible no sirve de mucho cuando las grandes industrias no encuentran un punto de la red al que conectarse.

Ese es el problema que está comenzando a aflorar detrás de algunas de las inversiones más ambiciosas del sector. No faltan proyectos ni ayudas públicas. Lo que escasea es capacidad eléctrica firme en los lugares y plazos que necesitan las empresas para alimentar electrolizadores de cientos o incluso miles de megavatios.

El caso más llamativo es el de Stegra, cuenta El Periódico de la Energia. La compañía sueca estudió once posibles localizaciones para desarrollar un gran centro de producción de hidrógeno verde: diez estaban en España y solamente una en Portugal. Según explicó su responsable para España y Portugal, Gotzon Gómez, en 20minutos, ninguna de las alternativas españolas obtuvo los 1,2 GW de capacidad eléctrica solicitados. El proyecto terminó trasladándose al puerto portugués de Sines.

Una inversión de 3.000 millones que terminó cruzando la frontera

La instalación prevista por Stegra requería una potencia comparable a la de una gran central nuclear. El proyecto supondría una inversión cercana a los 3.000 millones de euros y la creación de más de 500 empleos directos, pero la empresa encontró en Portugal la conexión que no consiguió en España.

El problema no significa necesariamente que España carezca de electricidad. El país ha desarrollado rápidamente su generación solar y eólica, pero las redes de transporte y distribución no han crecido al mismo ritmo que la nueva demanda industrial.

La planificación anterior estuvo orientada principalmente a conectar plantas de generación. Ahora aparecen centros de datos, fábricas, sistemas de almacenamiento y proyectos de hidrógeno que necesitan consumir enormes cantidades de electricidad en puntos concretos. La red no siempre puede atender esas solicitudes sin construir nuevas subestaciones y líneas de alta tensión.

El Gobierno ya ha reconocido ese cambio de prioridades. Su propuesta de planificación hasta 2030 contempla 13.590 millones de euros para reforzar la red de transporte y concede mayor peso a los proyectos industriales. El inconveniente es que estas infraestructuras tardan años en tramitarse y construirse, mientras las decisiones de inversión se toman ahora.

Moeve ha reducido su primera gran planta de 400 a 300 MW

España produce cada vez más energía renovable, pero su red eléctrica no puede llevarla hasta todos los grandes consumidores. Un proyecto de hidrógeno de 3.000 millones acabó en Portugal y Moeve ha tenido que recortar sus planes en Huelva
© Proyecto Onuba.

La misma limitación ha afectado al Valle Andaluz del Hidrógeno Verde de Moeve. La compañía había planteado instalar 400 MW de electrolizadores en Huelva, pero la primera fase del proyecto Onuba se ha quedado en 300 MW debido a la capacidad de conexión disponible.

Moeve, explica Reuters, aprobó finalmente una inversión superior a los 1.000 millones de euros para esa fase, que tendrá capacidad para producir unas 45.000 toneladas de hidrógeno renovable al año. La ampliación de otros 100 MW dependerá de futuras autorizaciones, de la disponibilidad de red y de una nueva decisión empresarial.

El proyecto sigue adelante y recibió más de 300 millones de euros en ayudas europeas, menciona Reuters. Por tanto, no se trata de una inversión cancelada, sino de una instalación que comienza por debajo del tamaño inicialmente previsto porque la infraestructura eléctrica no permite desplegar toda su capacidad desde el principio.

La regulación tampoco avanza al ritmo de las inversiones

La red no es el único obstáculo. Las empresas también reclaman un marco regulatorio estable que defina cómo funcionará el futuro mercado del hidrógeno, quién operará sus redes y qué obligaciones de consumo tendrán la industria y el transporte.

España preparaba en 2026 una ley específica para trasladar a su legislación el paquete europeo sobre hidrógeno y gases descarbonizados. Las normas comunitarias debían incorporarse al derecho nacional a mediados de ese año, con el objetivo de crear un mercado regulado y ofrecer mayor seguridad a los inversores.

Mientras tanto, el país ha concedido más de 3.100 millones de euros a un centenar de proyectos que suman alrededor de 4 GW de electrólisis. La paradoja es evidente: España está financiando la producción de hidrógeno y preparando una futura red nacional, pero algunos de los proyectos de mayor tamaño todavía no pueden asegurar la electricidad que necesitan.

El hidrógeno verde no ha dejado de ser una oportunidad para España. El problema es que las ventajas naturales ya no bastan. Sin conexiones eléctricas, reglas previsibles y plazos compatibles con las decisiones industriales, parte de esa oportunidad puede terminar materializándose al otro lado de la frontera.

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