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Ciudades que se hunden: el silencioso colapso de metrópolis costeras

Millones de personas viven en riesgo sin saberlo, mientras sus ciudades se hunden centímetro a centímetro cada año. Un fenómeno global que combina urbanización descontrolada, escasez de agua y cambio climático, y que está poniendo en jaque a algunas de las mayores urbes del planeta
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Mientras muchas miran al cielo preocupadas por el aumento del nivel del mar, otras deben mirar bajo sus pies: el problema también viene desde abajo. En varias ciudades del mundo, el suelo está cediendo con una velocidad alarmante. Y en algunos rincones de América Latina, la situación podría ser más grave de lo que imaginamos.

Un fenómeno que avanza sin pausa

Nueva York Es Otra Ciudad Que Se Esta Hundiendo
© Willian Justen de Vasconcellos – Pexels

En una casa cualquiera, una mujer señala sus ventanas y dice que hace 22 años le llegaban al pecho. Hoy, apenas le rozan las rodillas. Así de drástico ha sido el descenso de su vivienda, ubicada en una de las capitales más pobladas del sudeste asiático. Las grietas en las paredes y los pisos elevados con capas de concreto se han vuelto parte del paisaje cotidiano para miles de familias.

Ese lugar es uno de los muchos incluidos en un estudio reciente de la Universidad Tecnológica de Nanyang (NTU), en Singapur. Investigadores analizaron el hundimiento de 48 ciudades costeras de todos los continentes y hallaron patrones alarmantes. Algunas regiones están descendiendo hasta 18 centímetros por año, lo que pone en riesgo no solo edificios, sino vidas enteras.

Según cálculos basados en esos datos y en cifras de la ONU, cerca de 76 millones de personas viven en zonas urbanas donde el terreno se hunde más de 1 centímetro al año. Y aunque no todas las urbes analizadas están en América Latina, los paralelos con ciudades de esta región son inevitables.

¿Qué provoca que una ciudad se hunda?

Perforadora De Suelo Para Obtener Agua Subterranea
© Markus Winkler – Unsplash

La causa más común es invisible: el agua subterránea. A medida que crecen las poblaciones y se expanden las construcciones, aumenta también la demanda de agua. Muchas veces, la única forma de satisfacerla es perforando pozos. Pero al extraer grandes cantidades durante largos períodos, el suelo empieza a colapsar sobre sí mismo.

Esto es especialmente evidente en regiones costeras asentadas sobre deltas, donde el terreno ya es naturalmente inestable. Al hundirse la tierra y subir el mar, se acelera un fenómeno doblemente destructivo: el “aumento relativo del nivel del mar”.

El estudio destaca que este proceso afecta con particular intensidad a ciudades del sudeste asiático, pero también ocurre en otras latitudes. Una capital latinoamericana, aunque no costera, ha registrado un hundimiento superior a los 40 cm por año en algunas zonas. Un récord preocupante que revela la gravedad del problema incluso más allá de las costas.

El costo humano del hundimiento

En muchas de estas ciudades, vivir en zonas que se hunden es una condena silenciosa. Las casas se agrietan, los techos gotean, los pisos se deforman. En algunos casos, los habitantes deben construir capas de concreto para mantenerse a nivel del suelo, una solución precaria y costosa que solo retrasa lo inevitable.

Una joven en África occidental relata cómo su hogar se inunda cada vez que llueve. Vive en una zona identificada como de alto hundimiento y no tiene opciones para mudarse. La historia se repite en decenas de lugares: familias atrapadas entre la pobreza y el deterioro del suelo.

Además del riesgo estructural, este fenómeno agrava las inundaciones. Muchas ciudades han respondido con diques, muros y barreras, pero a veces esas soluciones crean un “efecto tazón”, atrapando el agua de lluvia sin permitirle volver al mar.

¿Se puede revertir el proceso?

Algunas metrópolis han logrado frenar —e incluso revertir— el hundimiento. El caso más emblemático es el de una ciudad asiática que, en los años 70, impuso regulaciones estrictas sobre la extracción de aguas subterráneas. Combinó estas medidas con un moderno sistema de gestión hídrica y logró estabilizar su suelo.

Otras urbes han optado por métodos alternativos, como inyectar agua purificada al subsuelo, construir parques absorbentes o rediseñar zonas urbanas para captar y redirigir el agua de lluvia. Son ideas más sostenibles y, en muchos casos, más económicas que levantar muros de concreto.

Sin embargo, estas soluciones requieren inversión, planificación a largo plazo y voluntad política. Y en muchas regiones en desarrollo, estas condiciones aún no se dan.

América Latina en la mira

Aunque el estudio original excluye ciudades latinoamericanas no costeras, los expertos advierten que el hundimiento no es ajeno a esta región. De hecho, una de sus capitales más importantes ya ha experimentado desplazamientos del suelo superiores a los de cualquier ciudad del informe. En zonas densamente pobladas, el descenso anual supera los 40 centímetros.

Esto se debe a una combinación de factores: crecimiento desordenado, dependencia del agua subterránea y falta de regulación. Como en otros lugares del mundo, las soluciones existen, pero requieren decisiones impopulares y sostenidas en el tiempo.

El dilema es claro: si no se actúa pronto, millones de personas seguirán hundiéndose con sus ciudades, sin que nadie les tienda la mano.

[Fuente: BBC en Español]

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