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Cómo cocinar un pollo a bofetadas, según la ciencia era el debate que nos faltaba en 2021

Gif: Louis Weisz / YouTube

Hace un año alguien hizo la siguiente pregunta en Reddit: “Si la energía cinética se convierte en energía térmica, ¿Cómo de fuerte tengo que abofetear un pollo para que se cocine? La cuestión pasó desapercibida durante un tiempo, pero recientemente se ha convertido en el centro de un debate épico.

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No es la primera vez que la gente se hace preguntas estúpidas en internet, pero hasta de las preguntas más estúpidas se pueden aprender cosas, sobre todo si nos conducen a exóticos cálculos de termodinámica. Si no fuera por este tipo de cuestiones no sabríamos cuánto pesa el martillo de Thor, o a cuántas personas tendríamos que matar si tuviéramos la exótica ocurrencia de hacernos una espada con su sangre (pista: a muchas).

Tras varias respuestas tentativas, el físico Parker Ormonde realizó los cálculos necesarios para contestar a la pregunta que nos ocupa hoy. Esta es la explicación que ofreció vía Facebook:

La fórmula para convertir energía cinética en energía térmica es 1/2mv2=mcT. La mano de un ser humano pesa de media 400 gramos, mientras que una bofetada normal se ejecuta a una velocidad de 11 metros por segundo. Un pollo crudo para asar suele pesar en torno a un kilo y tiene una capacidad calorífica específica de 2.720 julios por kilo. Asumamos que para que se ase hay que elevar su temperatura a205 grados Celsius, y que partimos de una temperatura de cero grados Celsius...

Tras aplicar los correspondientes cálculos y conversiones, Ormonde concluyó que para cocinar un pollo a bofetadas deberíamos de ejecutar una única bofetada a una velocidad de 1.665 metros por segundo (unos 5.996 kilómetros por hora).

La solución, por supuesto, no fue del gusto de todos. Pronto surgió una objeción muy lógica: Asumiendo que podamos abofetear un pollo crudo a esa velocidad, no solo lo cocinaríamos, sino que desintegraríamos completamente su estructura en forma de una violenta explosión. Util para hacer croquetas, pero no tan útil para preparar pollo asado. Eso por no mencionar que si hablamos de un humano normal, el impacto probablemente también nos desintegraría la mano y no podríamos amasar las croquetas con el muñón. La solución es demasiado engorrosa. El artista Aden se encargó de visualizar la solución (y los problemas que causa) en esta conveniente simulación.

La alternativa más razonable es abofetear repetidamente al pollo hasta incrementar su temperatura sin desatar explosiones. Lamentablemente, la energía calorífica que se obtiene mediante una bofetada es pequeña, y lo que es peor, el tiempo que tardamos entre una bofetada y otra se traduce en un ligero enfriamiento. Osmonde estima que una bofetada produce alrededor de 0,0089 grados Celsius, por lo que haría falta abofetear ininterrumpidamente al pollo una media de 23.034 veces (algo más si te gusta tostadito).

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Una posible solución sería fabricar una máquina de abofetear pollos, y eso es precisamente lo que hizo el youtuber Louis Weisz. Su notable creación alimentada por un motor de gasolina logró elevar ligeramente la temperatura del pollo, pero acabó por romper el capón de una forma que sin duda Alberto Chicote no aprobaría en absoluto. El vídeo del experimento, no obstante, es fantástico.

Lo peor del asunto es que la cuestión ni siquiera es nueva. En 1987, un equipo de científicos de la Universidad de Ohio que suponemos tenía mucho tiempo libre se hizo la misma pregunta. En lugar de un pollo, los físicos se plantearon la cuestión con un enorme pavo. Intrigados lo subieron a un décimo piso y lo arrojaron contra el asfalto, proceso que repitieron 72 veces en seis horas. Extrapolando los cambios de temperatura experimentados en el pavo, su estudio concluye que sería necesario arrojar el pavo durante 46 horas seguidas para lograr una cierta cocción. Probablemente sigue siendo mejor solución el horno. [IFL Science]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.