La integración de la IA en la escritura está generando un cambio profundo en la educación. Este artículo explora los hallazgos de un proyecto de investigación que busca entender cómo las nuevas tecnologías están impactando el aprendizaje y los retos que enfrentan docentes y estudiantes para garantizar un uso adecuado de estas herramientas.
El impacto inicial en las aulas

El proyecto de investigación “La escritura en Ciencias de la Comunicación”, liderado por el Consejo de Investigación de la UNSa, analiza cómo la IA está transformando la escritura académica. Su director, Sergio Gustavo Grabosky, destaca que, desde la apertura de herramientas como ChatGPT en 2022, los estudiantes de secundaria han comenzado a usar estas plataformas de manera cada vez más cotidiana, pero sin declararlo.
“Los estudiantes no saben cómo utilizarlas correctamente, lo que resulta en trabajos de baja calidad”, explicó Grabosky. Este fenómeno pone de manifiesto la necesidad de incorporar el uso de IA en la formación docente, para que los educadores puedan guiar a sus alumnos hacia un uso ético y efectivo de estas herramientas.
Mientras que en la secundaria predomina el uso no declarado, en el ámbito universitario los estudiantes reconocen usar IA, aunque su impacto aún no es significativo. Grabosky enfatiza que el uso adecuado de estas tecnologías requiere que el ser humano dirija la comunicación y las decisiones retóricas. Esto contrasta con el plagio, donde todas las decisiones se delegan a la IA.
El proyecto también subraya la importancia de enseñar a los estudiantes cómo aprovechar estas herramientas para enriquecer su escritura, en lugar de simplemente reemplazarla. Grabosky ejemplificó esto mencionando que programas como Word ya incluyen funciones de IA para monitorear la escritura y mejorar aspectos como la inclusión de citas y el uso de lenguaje respetuoso.
Una nueva didáctica para la escritura

La investigación también ha llevado a la creación de talleres donde se enseña a usar IA de manera ética y colaborativa. En un taller realizado en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, se trabajó con profesionales de diversas disciplinas para explorar las posibilidades de la escritura electrónica. Estos espacios permitieron abordar problemas como el plagio y fomentar la integridad académica.
Grabosky destacó que, en disciplinas humanísticas, se está avanzando en la regulación del uso de IA, con ejemplos como la incorporación de plantillas para citar trabajos generados con estas herramientas en las normas APA. Esto subraya la importancia de establecer pautas claras que guíen su aplicación en la escritura académica.
En cuanto a la regulación de la IA en el ámbito educativo, Grabosky señaló que es fundamental entender la regulación no como prohibición, sino como gobernanza. A nivel global, ya se discute cómo garantizar que la IA se utilice en función de los valores humanos y éticos.
Además, las universidades están llamadas a liderar este cambio. Desde el proyecto de investigación, se está trabajando en una propuesta para establecer una comisión interdisciplinaria que diseñe normas claras sobre el uso de IA en la escritura académica dentro del campus universitario.
Una herramienta para el beneficio humano
Lejos de ser una amenaza, la IA puede convertirse en un aliado poderoso para los estudiantes y profesionales. Grabosky concluye que superar el temor a estas tecnologías requiere comprender cómo funcionan y cómo pueden integrarse de manera positiva en las actividades humanas. Por ejemplo, herramientas como ChatGPT pueden ayudar a romper la barrera de la página en blanco o servir como un interlocutor para generar ideas colaborativas.
La clave está en usar la IA no como un reemplazo de la creatividad humana, sino como una herramienta que potencia las capacidades de los usuarios, abriendo nuevas posibilidades para el aprendizaje y la expresión académica.