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Tecnología

Cómo recuperar la mirada: lo que estamos perdiendo al criar con pantallas

La crianza digital nos enfrenta a un dilema urgente que va más allá de los límites familiares. Una psicóloga experta propone una guía clara y práctica para revertir la adicción silenciosa a las pantallas. Este artículo desentraña sus ideas, reflexiona sobre nuestra relación con los dispositivos y plantea cuatro reglas que podrían cambiarlo todo.
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Vivimos en una época en la que los dispositivos móviles se han integrado tan profundamente en nuestras rutinas, que ya ni notamos cuánto condicionan nuestras relaciones, especialmente con los más pequeños. Criamos a nuestros hijos bajo la luz azul de las pantallas, muchas veces sin comprender el impacto real de esta exposición continua. Pero todavía hay margen para decir que no, y comenzar a pensar un presente diferente.

El pedido silencioso de una generación

Una escena simple puede decir mucho: una niña le pide a su madre que le saque una foto, pero no le interesa ver el resultado. Lo que realmente anhela es que su madre la mire, que esté presente. En tiempos donde la cámara del celular reemplaza al contacto visual, este tipo de situaciones se vuelve cada vez más común. La tecnología, en lugar de ser solo una herramienta, se convierte en una mediadora que interfiere en los vínculos más básicos: mirar, escuchar, estar.

¿Estamos registrando a nuestros hijos o simplemente evitando mirarlos realmente? La crianza contemporánea parece deslizarse hacia una especie de vigilancia digital constante, más que a una presencia afectiva y comprometida. Las pantallas ya no solo entretienen: estructuran nuestras relaciones, moldean los vínculos y sustituyen silenciosamente los gestos más simples.

Una adicción disfrazada de rutina

Pensar en las pantallas como una adicción puede parecer excesivo. Pero, si lo entendemos como una dependencia que transforma la manera en que construimos nuestra personalidad, entonces sí lo es. Las pantallas no solo distraen: alteran nuestra forma de estar en el mundo.

En Adictos a las pantallas, la psicóloga Sabine Duflo propone una mirada contundente: no basta con regular el uso infantil, debemos pensar este fenómeno como un problema colectivo, que afecta también a los adultos. Lo mismo que antes se hizo con los espacios “Libres de Humo”, quizá pronto debamos pensar en “Zonas Libres de Pantallas”.

La adicción no discrimina: nos incluye a todos. El trabajo, el ocio, la comunicación… todo se hace a través de dispositivos. Y cuanto más naturalizamos esa dependencia, menos margen dejamos para imaginar otras formas de relacionarnos, de criar y de vivir.

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©Gustavo Fring

Etapas del riesgo y síntomas invisibles

Duflo plantea una cronología que debería alarmarnos:

• De 0 a 5 años: las pantallas pueden interferir en el desarrollo subjetivo, generando síntomas similares al autismo. No lo causan, pero pueden reforzar señales confundibles con este trastorno.

• De 5 a 10 años: se multiplica el riesgo de trastornos de atención, con niños incapaces de seguir relatos o historias largas, habituados a un bombardeo de estímulos breves.

• De 10 a 15 años: aparece la distorsión emocional. En lugar de explorar su identidad, los adolescentes terminan atrapados en una exposición superficial de sí mismos, donde la intimidad queda borrada.

Los dispositivos reemplazan incluso la fantasía: un joven sin celular en la mano puede quedarse mudo. Ya no se sueña en silencio; se necesita una pantalla para sostener una idea, una charla, un deseo. La adolescencia, tal como la conocíamos, parece desvanecerse.

Cuatro «no» que podrían cambiarlo todo

El libro propone una estrategia clara, concreta y aplicable: establecer cuatro límites irrenunciables en casa. No pantallas:

1. Por la mañana

2. Durante las comidas

3. Antes de dormir

4. En la habitación del niño

Estos “noes” son pequeños actos de resistencia, pero podrían devolver algo esencial: el contacto humano. Porque no es lo mismo mirar una serie en la tele que deslizar videos infinitos en un celular. La tele cansa, la compu demanda atención; el celular, en cambio, se convierte en parte del cuerpo.

Narrar para reconectar

Otro punto clave que destaca Duflo es la importancia de los contenidos narrativos. Películas, cuentos y series con estructura permiten desarrollar el lenguaje emocional y narrativo de los niños. Hoy vemos cómo el déficit para expresar emociones (la alexitimia) crece, y los relatos podrían ser una herramienta poderosa para revertirlo.

Historias como El Rey León o Intensamente no solo entretienen, sino que ayudan a dar forma a la vida interior. Y eso, hoy más que nunca, es urgente.

Hacia un nuevo consenso social

Este libro no es solo una advertencia, es un llamado a la acción. La autora, con experiencia clínica y participación institucional, ofrece recursos que pueden guiar tanto a padres como a profesionales. Lo fundamental es dejar de pensar que la solución depende exclusivamente del hogar.

Necesitamos un discurso común, basado en evidencia, que nos permita abordar esta problemática como sociedad. Porque si seguimos solos frente al problema, lo más probable es que sigamos perdiendo.

Quizás aún estemos a tiempo de recuperar la mirada. Para eso, primero, tenemos que dejar de mirar la pantalla.

 

[Fuente: Infobae]

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