Saltar al contenido
Ciencia

Compró una isla desierta en los años 60 para no construir un resort. La convirtió en un refugio natural que hoy es parque nacional

Brendon Grimshaw compró una pequeña isla en Seychelles en 1962. Pudo convertirla en una propiedad privada de lujo, pero eligió algo mucho menos habitual: reforestarla durante décadas y protegerla del desarrollo turístico. Hoy Moyenne es un parque nacional y uno de los ejemplos más singulares de restauración ecológica a escala individual.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La fantasía de “mandarlo todo a paseo” y desaparecer en una isla remota es casi universal. Lo que no es tan común es hacerlo de verdad, y mucho menos dedicar el resto de tu vida a convertir ese lugar en un refugio para la naturaleza. Brendon Grimshaw, un periodista británico, compró en 1962 una pequeña isla deshabitada en Seychelles. Podría haber sido otra historia de propiedad privada exótica. En cambio, terminó siendo un experimento personal de restauración ecológica que hoy tiene estatus de parque nacional.

Una isla pequeña en el momento justo

Compró una isla desierta en los años 60 para no construir un resort. La convirtió en un refugio natural que hoy es parque nacional
© BEONLOOP.

Cuando Grimshaw llegó a Moyenne, la isla llevaba décadas prácticamente abandonada. Apenas quedaban rastros de antiguos habitantes y el ecosistema estaba dominado por vegetación invasora. Seychelles empezaba a asomar como destino turístico internacional, y era cuestión de tiempo que muchas de sus islas se transformaran en resorts, hoteles o enclaves privados. Moyenne tenía todos los ingredientes para acabar en ese circuito.

Durante años, Grimshaw compaginó su trabajo como periodista con estancias en la isla. No fue hasta comienzos de los años 70 cuando tomó la decisión definitiva de mudarse allí y dedicarse por completo a transformar ese trozo de tierra olvidado en algo distinto. No se trataba de construir una casa espectacular, sino de devolverle a la isla una forma de vida que había perdido.

Reforestar a mano, durante décadas

El proyecto fue tan simple en su idea como descomunal en su ejecución: limpiar la maleza, eliminar especies invasoras y replantar árboles autóctonos. A lo largo de los años, Grimshaw y su colaborador local René Lafortune plantaron más de 16.000 árboles. Caobas, palmeras y especies endémicas volvieron a ocupar el lugar que antes había quedado reducido a matorrales densos.

El cambio no fue inmediato, pero fue profundo. A medida que la vegetación nativa regresaba, también lo hacía la fauna. Aves que antes no encontraban alimento ni lugares para anidar empezaron a colonizar la isla. Con el tiempo, Moyenne pasó de ser un espacio degradado a convertirse en un pequeño refugio de biodiversidad dentro de un archipiélago cada vez más presionado por el turismo.

Tortugas gigantes y senderos mínimos

La restauración no se limitó a los árboles. Grimshaw introdujo tortugas gigantes de Aldabra, hoy uno de los símbolos de la isla, y construyó una red básica de senderos para recorrer el terreno sin degradarlo. No levantó infraestructuras turísticas ni complejos de alojamiento: la idea era que la isla siguiera siendo, ante todo, un espacio natural, no un producto.

Esa decisión tuvo un coste. En los años 80 y 90 recibió ofertas millonarias para vender Moyenne. Rechazó todas. Su objetivo no era capitalizar la isla, sino protegerla del mismo destino que estaban siguiendo otros enclaves del archipiélago.

De proyecto personal a parque nacional

Con el paso del tiempo, la pregunta inevitable fue qué ocurriría con la isla cuando él ya no estuviera. Sin herederos directos, Grimshaw logró que el gobierno de Seychelles declarara Moyenne parque nacional en 2009, asegurando su protección legal. Hoy la isla cumple un papel ecológico clave como banco de semillas y refugio de especies en un entorno cada vez más urbanizado por el turismo.

La historia de Moyenne no es la de un millonario excéntrico, sino la de alguien que eligió no convertir un lugar en un objeto de lujo. En un mundo donde la propiedad privada suele traducirse en exclusividad, su decisión demuestra que también puede traducirse en cuidado. Y eso, en tiempos de turismo masivo, es casi tan raro como encontrar una isla que haya sobrevivido sin convertirse en resort.

Compartir esta historia

Artículos relacionados