Lo que hasta hace poco se interpretaba como simples manchas rojas y negras en las paredes de una cueva, hoy se confirma como el primer lenguaje gráfico sistematizado de Europa. Investigadores en Málaga han demostrado que los neandertales y los primeros homo sapiens compartieron un código de signos que funcionaba como señalética en sus expediciones subterráneas.
Un código en la penumbra
Las investigaciones en las cuevas de El Cantal, en Rincón de la Victoria, se centraron en 144 paredes empleadas como lienzos. El análisis mostró homogeneidades con las primeras fases artísticas publicadas en la Cueva de Ardales y la Cueva de las Suertes. La repetición de signos (puntos, barras, trazos curvos y manchas) sugiere que no eran gestos aleatorios, sino marcas con un propósito definido.
Los investigadores creen que funcionaban como guías en la oscuridad, una especie de señalización rupestre que indicaba direcciones y referencias para quienes se adentraban en galerías profundas. Lo notable es que se trata de un código anicónico: carece de representaciones figurativas, pero aun así transmite un lenguaje complejo mediante variantes acumuladas en paneles enteros.
Espeleología paleolítica

Pedro Cantalejo, coordinador del equipo, destacó que los neandertales y los primeros sapiens descendían a zonas de acceso comprometido armados con antorchas y lámparas de grasa, resina o cera. En esas incursiones, realizadas hace más de 40.000 años, dejaron huellas indelebles con pigmentos como el óxido de hierro o la arcilla rojiza de la propia cavidad. También utilizaron carboncillo y técnicas de grabado directo con los dedos.
Los datos sugieren al menos una decena de exploraciones, todas con el mismo patrón: avanzar hacia lo desconocido dejando tras de sí señales que las siguientes generaciones podían interpretar. De este modo, la simbología no se quedaba en un gesto individual, sino que se acumulaba y dialogaba con las marcas de quienes llegaban después.
El primer lenguaje gráfico sistematizado
La importancia del hallazgo radica en la sistematización. El hecho de que los signos se repitan en diferentes cuevas europeas, dentro del marco del proyecto First Art, refuerza la idea de un lenguaje común. No eran simples manchas decorativas, sino marcadores informativos que servían tanto al entrar como al salir de las cavidades.
Este código visual, aunque rudimentario, fue compartido por dos especies humanas en un momento de transición histórica. Y lo más revelador: anticipa el germen de la comunicación gráfica organizada, mucho antes de que los bisontes y caballos paleolíticos poblaran las paredes de otras cuevas.