En 2021, un ranchero de Dakota del Sur llamado Gary «Gus» Licking llevó a un equipo de paleontólogos hasta un rincón específico de su propiedad de 2.630 hectáreas y les señaló dónde cavar. Lo que encontraron allí, después de tres temporadas de excavación y tres años de trabajo de laboratorio, es uno de los especímenes de Tyrannosaurus Rex más completos jamás recuperados. Gus —bautizado en honor al ranchero, que murió sin ver el resultado— mide 11,5 metros de largo y 3,8 metros de altura, y el 14 de julio Sotheby’s lo pondrá a la venta con una estimación de entre 20 y 30 millones de dólares.
Por qué Gus es excepcional: 183 huesos y un cráneo casi intacto
Para entender el valor de Gus hay que entender qué tan raros son los T. Rex. Desde el primer descubrimiento en 1902, solo se encontraron alrededor de 32 especímenes en todo el mundo, y la mayoría consisten en un único hueso o unos pocos fragmentos. Gus reúne 183 elementos óseos, lo que representa aproximadamente el 63% de completitud por conteo de huesos y entre el 75 y el 80% de la masa ósea total del animal.
Solo dos especímenes anteriores superaron el 60% de completitud: «Sue», la hembra más famosa del mundo expuesta en el Field Museum de Chicago, y «Stan», actualmente en el Museo de Historia Natural de Abu Dabi. El cráneo de Gus conserva el 82% de sus huesos, con las seis denticiones presentes, algo poco frecuente en la paleontología del T. Rex. Su fémur mide 128 centímetros —mayor que el de Stan—, lo que lo ubica entre los T. Rex de mayor tamaño del registro fósil.
Las marcas que cuentan una historia: mordidas, fracturas y supervivencia
Lo que convierte a Gus en algo más que un esqueleto excepcional es lo que sus huesos revelan sobre su vida. Varios huesos del cráneo, incluyendo el dentario derecho, exhiben marcas de mordidas de otros tiranosáuridos —el tipo de lesiones que indican combates con miembros de su propia especie o carroñeo posterior a la muerte. Algunas costillas y gastralia muestran fracturas con señales de soldadura ósea, lo que prueba que el animal sobrevivió a esas heridas.
Esas patologías convierten a Gus en un documento biológico de primera línea: no solo un esqueleto completo, sino el registro físico de la vida activa de un depredador de cima durante el Cretácico tardío. Tal como reporta Infobae en su cobertura de la subasta, Gus además presenta rasgos anatómicos escasos en otros hallazgos: un par de húmeros, una fúrcula —el hueso de la suerte— y dos pies con representación completa. Solo otro espécimen conocido comparte esta última característica. La pelvis también aparece completa.
El mercado de T. Rex: de Sue en 1997 a Apex en 2024
Las subastas de dinosaurios tienen una historia corta pero de escalada vertiginosa en precios. Sotheby’s vendió a Sue en 1997 por 8,36 millones de dólares —el primer dinosaurio en subastarse—, un precio que en su momento parecía estratosférico. En 2023, Trinity —un esqueleto compuesto por huesos de tres T. Rex distintos— se vendió en Zúrich por 6,1 millones. En 2024, Apex alcanzó 45 millones de dólares, estableciendo el récord mundial para cualquier fósil. En 2025, un Ceratosaurus juvenil se adjudicó en 30,5 millones.
La estimación de entre 20 y 30 millones para Gus lo sitúa en la cima del mercado de especímenes con procedencia científica documentada. El precio máximo estimado también es el más alto fijado para un dinosaurio en una subasta internacional hasta la fecha.
Exhibición gratuita en Nueva York antes de la subasta
Antes de la subasta del 14 de julio, Gus estará en exhibición pública con entrada gratuita en la sede de Sotheby’s en The Breuer, en Nueva York, desde el 1 de julio, dentro del ciclo Geek Week, un evento que combina piezas de historia de la ciencia, paleontología y exploración espacial. El esqueleto fue montado sobre una estructura de acero a medida y adopta una pose de ataque.
El debate científico de fondo
Las subastas de fósiles de dinosaurio generan una tensión permanente en la comunidad científica. Los paleontólogos señalan que cuando un espécimen de esta relevancia pasa a manos privadas, puede quedar inaccesible para la investigación durante años o décadas. Las instituciones académicas y los museos rara vez pueden competir con los precios que alcanzan los coleccionistas privados. La historia de Sue —comprada por el Field Museum de Chicago con fondos de Disney, McDonald’s y otros patrocinadores— es la excepción, no la regla.