A finales de 2019, la novena estrella más brillante del firmamento comenzó a apagarse. El fenómeno fue tan espectacular que fue bautizado como La Gran Atenuación, y los astrónomos llegaron a temer que fuese el preludio a un colapso estelar en supernova.
En marzo de 2020, la atenuación comenzó a remitir, pero los astrónomos no lograron encontrar una explicación hasta mediados de 2021. La reducción de brillo, que llegó a alcanzar un brutal 40% fue causada por un doble fenómeno. Por un lado la estrella libero una cantidad masiva de gas desde una erupción en su hemisferio sur. La zona oscura provocó una reducción dramática de la temperatura de la estrella. Por otro lado, el “eructo” provocó una nube de polvo y gas que oscureció aún más la luz de esta.
Diferentes equipos de astrónomos llegaron a la misma conclusión usando datos de diferentes instrumentos altamente especializados como el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral. El caso es que acaba de publicarse un nuevo estudio en Nature Astronomy que confirma los anteriores. Lo sorprendente de este nuevo documento es que los investigadores han podido confirmar las observaciones hechas por sus colegas usando datos provenientes de una fuente bastante poco habitual: un satélite meteorológico.
Himawari-8 es un satélite meteorológico japonés que lleva en órbita geoestacionaria desde 2014. Sus instrumentos examinan la atmósfera terrestre en el espectro infrarrojo, pero resulta que en la imagen también aparece parte del cosmos, y la estrella Betelgeuse aparece en ella. Usando datos históricos de Himawari-8, un equipo de investigadores liderado por Daisuke Taniguchi ha logrado detectar La Gran Atenuación con una precisión equivalente a la de instrumentos astronómicos mucho más complejos. Y no solo hablamos de la bajada de temperatura de la estrella. Himawari-8 está diseñado para detectar moléculas de agua en la atmósfera, pero sus instrumentos son tan sensibles que han permitido a los astrónomos detectar también la nube de polvo responsable del resto de la atenuación.
El estudio no es especialmente relevante para Betelgeuse porque confirma lo que ya sabíamos, pero es muy relevante en el sentido de que Taniguchi y sus colegas han demostrado que los satélites meteorológicos, por su posición y sensibilidad, pueden sumar esfuerzos al estudio del cosmos sin tener que hacer ningún ajuste en ellos. Tan solo hay que estudiar los datos que ya recogen sobre su porción de cielo particular. [Nature Astronomy vía IFL Science]