El Sol es, sin dudas, una estrella inquieta, y de vez en cuando nos recuerda que su energía va mucho más allá de la luz que recibimos cada día. En las próximas horas, una tormenta solar poco común —calificada de “caníbal”— alcanzará la Tierra. El fenómeno, que se produce cuando una eyección de masa coronal devora a otra en pleno viaje, traerá un espectáculo de auroras y una advertencia sobre la vulnerabilidad de nuestro mundo tecnológico.
Cómo se forma una tormenta solar “caníbal”

El origen de este gran evento está en la mancha solar AR 4199, que el 30 de agosto lanzó al espacio una llamarada de clase M2.7 de larga duración. Esta explosión generó dos eyecciones de masa coronal (CME) consecutivas, enormes nubes de plasma cargado magnéticamente.
La particularidad está en su velocidad: la segunda CME, mucho más rápida, alcanzará y engullirá a la primera antes de llegar a la Tierra. Esa fusión concentra la energía y aumenta los efectos de la tormenta geomagnética que impactará entre el 1 y el 3 de septiembre.
The NOAA model run includes the two Earth-directed #solarstorm launches. The larger one catches up with the smaller one just ahead of Earth so a precursor disturbance may indeed ramp up before the larger storm hits. Impact is expected by late September 1. G2+ conditions possible. pic.twitter.com/70uZM1nqeH
— Dr. Tamitha Skov (@TamithaSkov) August 31, 2025
Qué veremos en la Tierra
Según la NOAA, la tormenta alcanzará niveles de categoría G2 a G3 en la escala de actividad geomagnética. Esto significa que millones de personas en el hemisferio norte podrán observar auroras boreales en latitudes mucho más bajas de lo habitual, desde Canadá hasta el norte de Estados Unidos.
En Europa, no se esperan auroras visibles en España, pero sí en regiones cercanas al círculo polar. El espectáculo coincidirá además con el Día del Trabajo en EE. UU., lo que permitirá que miles de observadores fortuitos presencien el fenómeno.
Riesgos para la tecnología

Aunque no se trata de una tormenta de máxima intensidad —las G5 son las más severas—, los efectos pueden sentirse en varios frentes. Las ondas geomagnéticas pueden interferir con sistemas de comunicación por radio, navegación por satélite y provocar leves fluctuaciones en redes eléctricas.
El recuerdo de episodios anteriores, como la tormenta de junio que alcanzó un índice Kp 8, muestra que, aunque raramente causan apagones masivos, estos fenómenos obligan a extremar la vigilancia sobre infraestructuras críticas.
El Sol en plena fase activa
El ciclo solar dura aproximadamente 11 años y actualmente nos acercamos a su máximo de actividad. Eso explica el aumento en la frecuencia de llamaradas y eyecciones de masa coronal capaces de producir tormentas geomagnéticas intensas.
Una particularidad de esta tormenta “caníbal” no está solo en sus efectos visibles, sino en lo que representa: un recordatorio de que el Sol, nuestra fuente de vida, puede también convertirse en un desafío para las sociedades hiperconectadas que dependen de satélites y redes eléctricas.