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Ciencia

El cometa interestelar 3I/ATLAS está cambiando mientras cruza el sistema solar. El telescopio Subaru detecta variaciones químicas que sugieren un interior distinto a su superficie

No es solo una roca visitante. El telescopio Subaru acaba de detectar alteraciones químicas en 3I/ATLAS que apuntan a algo mucho más extraño: su interior no se parece a su superficie. Y eso podría revelar cómo nacen mundos lejos del Sol.
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No todos los visitantes del espacio vienen a saludar. Algunos llegan para poner patas arriba lo que creíamos saber. Eso está ocurriendo con 3I/ATLAS, un cometa interestelar que atraviesa nuestro sistema solar y que acaba de ofrecer una sorpresa importante: parece estar cambiando químicamente a medida que avanza.

Las nuevas observaciones, realizadas con el telescopio Subaru en Hawái, sugieren que el objeto no es uniforme. Dicho de forma simple: su interior sería distinto de su superficie. Y eso lo convierte en una pieza científica de enorme valor.

Un viajero fabricado en otro sistema estelar

El cometa interestelar 3I/Atlas está cambiando mientras cruza el sistema solar. El telescopio Subaru detecta variaciones químicas que sugieren un interior distinto a su superficie
© Getty Images / Javier Zayas Photography.

A diferencia de los cometas habituales, 3I/ATLAS no nació alrededor del Sol. Procede de otro sistema estelar, expulsado probablemente hace millones o incluso miles de millones de años tras algún episodio gravitacional violento. Eso significa que transporta materiales formados bajo condiciones diferentes a las nuestras. Es, en cierto modo, una cápsula del tiempo llegada desde otro rincón de la galaxia, explica el estudio publicado en airXiv y aceptado por The Astronomical Journal.

El equipo dirigido por Yoshiharu Shinnaka lo observó el 7 de enero de 2026 con Subaru, un telescopio óptico-infrarrojo de 8,2 metros situado en Mauna Kea. Utilizando métodos empleados antes con cometas locales, detectaron algo inesperado en la coma, la nube de gas y polvo que rodea al núcleo.

La pista estaba en los gases

Los investigadores analizaron la proporción entre dióxido de carbono y agua expulsados por el objeto. Esa relación no coincidía con la registrada tras su acercamiento solar anterior, ocurrido el 29 de octubre de 2025. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En astronomía, pequeñas variaciones químicas suelen esconder historias enormes.

Si la mezcla de gases cambia con el tiempo, la explicación más lógica es que el Sol está calentando capas distintas del cometa conforme este pierde material. Primero se libera lo externo. Después, lo que estaba enterrado. Y cada capa cuenta una historia química diferente.

Lo sorprendente no es que se derrita, sino cómo lo hace

El cometa interestelar 3I/Atlas está cambiando mientras cruza el sistema solar. El telescopio Subaru detecta variaciones químicas que sugieren un interior distinto a su superficie
© NAOJ.

Todos los cometas sufren sublimación cuando se acercan al Sol: el hielo pasa directamente de sólido a gas y arrastra partículas al espacio. Pero en 3I/ATLAS el patrón observado apunta a una estructura interna poco común.

Eso podría indicar que se formó en regiones variables de su sistema original, donde temperatura, radiación o composición del disco protoplanetario cambiaban con fuerza. En otras palabras: este visitante podría conservar la memoria física de cómo nacen mundos alrededor de otras estrellas.

Un laboratorio irrepetible

Cada objeto interestelar detectado es una oportunidad escasa. Pasan rápido, son difíciles de estudiar y muchas veces aparecen tarde. Por eso 3I/ATLAS tiene tanto valor: permite comparar directamente materiales de fuera del sistema solar con nuestros propios cometas.

Y ahí está el verdadero premio científico. No se trata solo de observar una rareza cósmica, sino de entender si los ingredientes que forman planetas son universales… o si cada sistema escribe su propia receta.

3I/ATLAS sigue su camino. Pero mientras se aleja, quizá ya nos haya dejado una de las preguntas más grandes de la astronomía moderna: ¿cuánto se parecen realmente otros mundos al nuestro?

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