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Ciencia

Cuando España parecía haber logrado un milagro solar con energía renovable, ahora encuentra que su sistema eléctrico podría verse amenazado

España genera más energía renovable que nunca, pero la red eléctrica no puede absorberla. El resultado es un mercado hundido, pérdidas récord y un sistema al límite que obliga a replantear toda la transición energética
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España vivió este verano uno de esos hitos que deberían marcar un antes y un después: la suma de sol y viento superó los 10.500 GWh en un solo mes. Era el símbolo de una transición energética acelerada, ambiciosa y alabada en Europa. Pero ese logro se ha convertido en el origen de una paradoja incómoda. El país produce tanta electricidad renovable que la red es incapaz de gestionarla, hundiendo el valor de los parques solares, disparando costes imprevistos y generando un cuello de botella que ya provoca pérdidas millonarias. España ha pasado, en tiempo récord, de presumir de abundancia a enfrentarse a un sistema saturado que desperdicia energía limpia mientras los consumidores siguen pagando más.

Un mercado hundido por la sobreoferta: cuando producir mucho significa perder dinero

Hasta hace poco, la energía solar era la estrella del mercado español. Ahora se ha convertido en su víctima inesperada. La caída de precios durante las horas de máxima producción ha reducido el valor de los parques solares hasta un 30 % en menos de un año. Las plantas operativas, que a principios de 2024 se valoraban en más de 900.000 euros por MW, hoy apenas alcanzan los 648.000 euros/MW.

El desplome es aún más severo en los proyectos listos para construir. Con miles de megavatios esperando conexión y sanciones en camino para quienes no cumplan los plazos, algunos desarrolladores han llegado al extremo de ofrecerlos por 1 euro con tal de quitárselos de encima. Un fenómeno que el sector describe ya como “ventas de liquidación”, impropio de un mercado que hace solo dos años vivía una euforia inversora.

Pero esta crisis no se debe a una falta de rentabilidad estructural, sino a un exceso de electricidad que no encuentra por dónde circular. La desconexión temporal de plantas durante las horas centrales del día —el famoso curtailment— se ha disparado: del 1,8 % al 7,2 % en meses. España tira energía limpia mientras el precio mayorista se hunde y la presión regulatoria aumenta.

Cables, apagones y una red al límite: la infraestructura que España olvidó construir

La raíz del problema es tan simple como preocupante: España ha invertido muy poco en red eléctrica comparado con lo que ha invertido en renovables. Según un análisis de Ember, por cada euro que se destina a nueva capacidad verde, solo se invierten 30 céntimos en redes, la mitad que la media europea.

El sistema se tensionó al máximo tras el “Gran Apagón” del 28 de abril. Desde entonces, Red Eléctrica activa centrales de gas para estabilizar la tensión, incluso cuando la demanda no lo requiere. Es una medida de emergencia que ha costado 1.000 millones de euros adicionales a los consumidores en menos de un año.

La situación ha revelado otra debilidad crítica: la red no puede transportar el enorme caudal solar que llega al mediodía, lo que desencadena desconexiones en masa y precios cero —o incluso negativos— durante las horas soleadas. Paradójicamente, esa energía perdida no mejora la factura final del consumidor porque los costes regulados —redes, servicios de ajuste, pagos por capacidad— siguen subiendo.

España es, hoy, un laboratorio energético que muestra lo que ocurre cuando se dispara la producción renovable sin construir al mismo ritmo la infraestructura que debe sostenerla.

El futuro inmediato: baterías, exportaciones y una carrera por sobrevivir hasta que llegue la red

Las empresas solares ya no compiten por instalar más paneles, sino por evitar perder dinero con los que tienen. La solución inmediata son las baterías: almacenan energía cuando el precio cae a cero y la liberan cuando sube por la noche. No son baratas, pero pueden salvar proyectos enteros.

También se imponen los PPA, contratos a largo plazo con grandes corporaciones como Amazon o Microsoft para alimentar centros de datos. El problema es que los compradores presionan los precios a la baja, por debajo del umbral de rentabilidad.

La tercera vía es exportar. España quiere dejar de ser una “isla energética” y ya trabaja en proyectos como el cable submarino con Irlanda, previsto para 2030, que permitirá enviar excedentes solares hacia países con menor generación renovable.

A todo ello se suma un rompecabezas regulatorio. Tras el rechazo del Real Decreto-ley 7/2025, el Gobierno busca impulsar microrredes, almacenamiento distribuido y tecnologías de grid forming para que las baterías puedan estabilizar la red como si fueran centrales convencionales.

Mientras tanto, la factura se complica. La CNMC prevé una ligera bajada de peajes si la demanda crece un 3,6 %, pero el Ministerio calcula un aumento del 10,5 % en los cargos. Si el consumo no sube lo esperado, España podría reabrir la puerta al temido déficit de tarifa.

Incluso el autoconsumo ha revelado sus límites: solo un tercio de los hogares con paneles tiene baterías. Sin ellas, en un apagón general, la normativa obliga a desconectarlos automáticamente. El sol brilla, pero la casa queda a oscuras.

[Fuente: Xataka]

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