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Cuando Hollywood mutiló a Sergio Leone: la tragedia de Érase una vez en América

Sergio Leone nunca superó el recorte impuesto a Érase una vez en América. La versión estrenada en Estados Unidos, dos horas más corta y reordenada cronológicamente, despojó a la película de su esencia. Para el cineasta, fue una herida artística irreparable.
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Del spaghetti western a Hollywood

La llamada Trilogía del Dólar —Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo— convirtió a Sergio Leone en un icono absoluto del spaghetti western. El éxito fue tal que Hollywood no tardó en llamar a su puerta, aunque con expectativas muy distintas a las del director italiano.

Mientras los estudios buscaban repetir la fórmula del Oeste protagonizada por Clint Eastwood, Leone tenía otros planes. Su mirada estaba puesta en The Hoods, novela autobiográfica de Harry Grey, ambientada en el Nueva York de la Ley Seca.

Un western crepuscular y una trilogía no oficial

Su primera gran producción fuera de Italia fue Hasta que llegó su hora, bajo el paraguas de Paramount Pictures. Aunque Eastwood rechazó participar, el proyecto permitió a Leone trabajar con Henry Fonda y desarrollar su visión con un presupuesto generoso.

Junto a Bernardo Bertolucci y Dario Argento, construyó un relato plagado de referencias al western clásico estadounidense. Décadas después, la película es considerada una de las mejores del género y, junto a ¡Agáchate, maldito! y Érase una vez en América, forma una trilogía temática sin personajes compartidos.

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El gran proyecto de su vida

Érase una vez en América fue el proyecto más ambicioso de Leone y también su última película antes de morir cinco años después. Concebida durante casi dos décadas, vio la luz en 1984 con un presupuesto cercano a los 40 millones de dólares, pero su paso por taquilla fue desolador: apenas 2,5 millones recaudados.

El fracaso no se debió solo a su complejidad narrativa, sino a la profunda mutilación que sufrió antes de su estreno.

Una obra destrozada en el montaje

Leone soñaba con una versión de seis horas, dividida en dos partes. Finalmente presentó un corte de 4 horas y 25 minutos, que fue rechazado por Warner Bros. y el productor Arnon Milchan. El director aceptó entonces reducirla a 3 horas y 49 minutos, versión que se estrenó en Europa.

Estados Unidos, sin embargo, recibió una versión aún más drástica: 2 horas y 19 minutos, además reordenada cronológicamente. El resultado fue devastador para la crítica y el público.

Cuando Hollywood mutiló a Sergio Leone: la tragedia de Érase una vez en América
© Cilocibe – X

“La versión truncada le quita el alma”

En el libro Conversaciones con Sergio Leone de Noël Simsolo, el cineasta expresó su frustración sin rodeos:

“La versión truncada le quita el alma a mi obra. No puedo aceptar que digan que la versión original es demasiado larga. Tiene exactamente la duración que debería tener”.

Tampoco compartió la opinión del productor Dino De Laurentiis, que sugirió acortarla tras su proyección en Cannes. La respuesta de Leone fue tan irónica como reveladora:

“Él hace películas de dos horas que parecen de cuatro, mientras que yo hago películas de cuatro horas que parecen de dos”.

Una restauración que sigue esperando

Aunque la versión europea encontró cierto reconocimiento con el tiempo, nunca llegó a ser un éxito comercial. En 2011, la Filmoteca de Bolonia anunció una restauración de 4 horas y 20 minutos que permitiría redescubrir la obra tal y como Leone la concibió.

A día de hoy, esa versión definitiva sigue sin ver la luz. Mientras tanto, Érase una vez en América permanece como un recordatorio doloroso de cómo una intervención industrial puede arrebatarle el alma incluso a una de las mejores películas de la historia del cine.

Fuente: SensaCine.

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