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De 1940 a 1944, la Alemania nazi ocupó el norte y el oeste de Francia en lo que hasta hoy sigue siendo una fuente de profunda humillación para el país. Momentos después de la liberación, los franceses participaron en algunas de las mismas tácticas de venganza que sus enemigos… contra sus propias mujeres.

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Y es que muchas de las mujeres francesas que se creía que tuvieron hijos o algún tipo de contacto o colaboración con los alemanes, obligadas, forzadas o de manera voluntaria, fueron humilladas públicamente. A veces, en la mayoría de ocasiones, esto significaba afeitarles la cabeza. Llegados al extremo, tras raparle el pelo llegaba una brutal paliza en grupo.

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Algunas de las imágenes que vemos son supuestas prostitutas, y decimos supuestas porque muchas veces el título venía dado o se oficializaba por el simple boca a boca.

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¿Por qué afeitarles la cabeza? La mayoría de los historiadores han enfatizado la ansiedad sexual creada por la ocupación nazi y cómo la actividad sexual de las mujeres fue juzgada como parte de una “limpieza” pública después de la liberación.

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Al igual que las bandas de vigilantes que castigaban a los hombres que colaboraban con los ocupantes, los grupos se unían para juzgar a las mujeres mostrándolas en la plaza pública.

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Los historiadores también suelen regresar al pasado para entender este acto. La decisión de afeitar la cabeza de una mujer está imbuida de una dinámica de poder de género. En las edades oscuras, los visigodos quitaban el cabello de una mujer para castigarla por cometer adulterio.

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Siglos más tarde, la práctica se revivió cuando las tropas francesas ocuparon Renania. Cuando la ocupación terminó, las mujeres que pensaban que habían tenido relaciones con los ocupantes franceses eran despojadas del cabello. Y no solo en Francia, en la Guerra Civil Española los falangistas también afeitaban las cabezas de las mujeres de las familias republicanas.

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Y luego los nazis, quienes hicieron lo mismo durante la Segunda Guerra Mundial, ordenando que las mujeres alemanas que se creía que se habían acostado con prisioneros no arios o extranjeros debían afeitarse sus cabezas.

Bajo este contexto, y después de la guerra, afeitarle la cabeza a una mujer “traidora” se convirtió en un ritual cultural en la Francia liberada, representó una forma de expiación por las frustraciones y la sensación de impotencia entre los hombres humillados por la ocupación de su país. 

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Un episodio en la historia de Francia que sigue provocando vergüenza y malestar, y que probablemente nunca ha sido objeto de un examen lo suficientemente exhaustivo.

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Después de la humillación al ser afeitadas de forma pública, las mujeres solían desfilar por las calles en la parte trasera de un camión, a veces tras el sonido de un tambor como si fuera una celebración.

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Algunas fueron pintadas con alquitrán, otras despojadas de sus ropas, medio desnudas, y otras marcadas con esvásticas pintadas.

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Se piensa que en toda Francia, alrededor de 20.000 mujeres de todas las edades y todas las profesiones fueron acusadas de haber colaborado con los alemanes.

A todas le afeitaron la cabeza. [The Guardian, WarHistoryOnline, Wikipedia]

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Miguel Jorge

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