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Ciencia

Cuando una amenaza antigua regresa sin avisar

La tuberculosis, una infección conocida desde tiempos remotos vuelve a instalarse en el centro de la preocupación sanitaria del continente. Nuevos datos revelan un repunte inesperado, síntomas que se confunden con otras enfermedades y desafíos que los sistemas de salud no están logrando anticipar. Expertos advierten que la situación podría agravarse si no se actúa con rapidez.
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Aunque parece un problema del pasado, una enfermedad que acompaña a la humanidad desde civilizaciones antiguas está mostrando señales inquietantes en América. Los últimos reportes internacionales indican que su incidencia avanza de manera silenciosa, impulsada por desigualdades sociales, demoras en el diagnóstico y temores invisibles que frenan la consulta médica. Mientras tanto, especialistas analizan qué factores explican este regreso inesperado y qué medidas deberían priorizarse para evitar un escenario aún más complejo.

Un repunte que toma por sorpresa a la región

Durante milenios, esta enfermedad dejó marcas en restos óseos de pueblos antiguos, pero lejos de desaparecer, volvió a ganar terreno en los últimos años. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la incidencia regional creció alrededor de un 18% entre 2015 y 2022. Aunque los informes se elaboran a partir de datos oficiales de los países, muchos expertos señalan que el subregistro y la falta de acceso a diagnósticos modernos podrían ocultar una situación real incluso más preocupante.

Los síntomas iniciales suelen confundirse con afecciones respiratorias comunes: tos persistente por más de dos semanas, pérdida de peso inexplicada, fiebre, sudor nocturno y dolor torácico. Esta similitud lleva a miles de personas a retrasar la consulta médica. Sin embargo, cuando se detecta a tiempo, un esquema de antibióticos administrado durante al menos seis meses permite controlar el cuadro de manera eficaz.

La amenaza silenciosa de la resistencia

Interrumpir el tratamiento es uno de los errores más frecuentes y también uno de los más graves. Cuando los pacientes abandonan los medicamentos antes de tiempo, se favorece la aparición de variantes resistentes, difíciles y costosas de tratar. Este fenómeno se observa especialmente en países donde las condiciones de vulnerabilidad son profundas y persisten obstáculos para sostener la atención continua.

En los últimos años, Brasil y Perú registraron aumentos significativos. A ello se suman demoras generalizadas en los diagnósticos y dificultades para garantizar que todos completen la medicación. Como consecuencia, las muertes por esta enfermedad crecieron un 16% en América desde 2015, un dato que enciende alarmas entre organismos de salud.

El peso del estigma y las poblaciones más afectadas

Más allá de los factores clínicos, existe un obstáculo social que agrava el panorama: el estigma. El miedo a ser discriminado provoca que muchas personas eviten acudir al médico aun cuando tienen síntomas persistentes. Según especialistas, la desinformación y el temor continúan bloqueando intervenciones clave.

La enfermedad afecta con especial intensidad a grupos vulnerables: pueblos indígenas, migrantes, personas con enfermedades crónicas o sistemas inmunológicos debilitados, quienes viven en situación de calle y quienes están privadas de libertad. En el ámbito penitenciario, su impacto va mucho más allá de las rejas. Estudios previos muestran que cerca de un tercio de los casos en América Latina están relacionados con situaciones de encarcelamiento.

El doctor Sylvain Aldighieri, de la Organización Panamericana de la Salud, sostiene que abordar el problema dentro de las prisiones es esencial para acelerar el control en la población general, ya que el riesgo no queda confinado a esos espacios.

Prioridades para revertir el avance

El último informe internacional plantea una serie de acciones urgentes. Entre ellas, mejorar el acceso a pruebas diagnósticas modernas y asegurar que ningún paciente quede sin tratamiento. También se destaca la importancia de ampliar la prevención, fortalecer el apoyo social y ofrecer terapias preventivas a convivientes de personas afectadas y a quienes viven con VIH.

Otra recomendación clave es aumentar la inversión destinada a investigación, nuevas tecnologías y vacunas más eficaces antes de 2030. Además, se insta a combatir el estigma mediante estrategias comunitarias y a exigir que los gobiernos informen con claridad los avances y revisen sus políticas junto con la sociedad civil.

Las razones detrás del aumento reciente

Para el neumonólogo de la Universidad de Buenos Aires y el Hospital Muñiz, parte del repunte se explica por el impacto de la pandemia de coronavirus. Los sistemas sanitarios quedaron bajo un estrés extremo, se implementaron confinamientos masivos y muchas enfermedades crónicas quedaron con menos seguimiento, lo que retrasó diagnósticos y aumentó nuevos casos.

No obstante, el especialista también destaca un factor positivo: la expansión de métodos moleculares rápidos en América Latina. Estas pruebas permiten diagnosticar la enfermedad en pocas horas, con una precisión muy superior a la de las técnicas tradicionales. Gracias a su implementación, países como Paraguay detectaron hasta un 50% más de casos, que de otro modo habrían pasado inadvertidos.

En Estados Unidos, en cambio, el incremento se vincula a determinantes sociales como pobreza y migración, mientras que en la Argentina la baja disponibilidad de pruebas rápidas hace que el aumento esté más relacionado con el crecimiento de poblaciones vulnerables afectadas por hacinamiento, miseria y consumo problemático de sustancias.

 

[Fuente: Infobae]

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