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Ciencia

Cuba llegó a construir dos reactores nucleares soviéticos a 320 kilómetros de Florida: hoy son ruinas de concreto que cualquiera puede recorrer libremente

El objetivo era simple: dejar de depender del petróleo importado. La Guerra Fría, Chernóbil y el colapso de la Unión Soviética se encargaron, cada uno a su manera, de que el proyecto nunca llegara a encenderse
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En 1976, Cuba y la Unión Soviética firmaron el acuerdo para construir dos reactores nucleares VVER-440 en Juraguá, cerca de la bahía de Cienfuegos, en el centro sur de la isla. Fidel Castro anunció oficialmente el proyecto en 1982, con la promesa de que ambos reactores llegarían a cubrir hasta el 15% de la electricidad de todo el país. La construcción del primer reactor comenzó en 1983 y la del segundo en 1985, con la Unión Soviética suministrando la mayor parte de los componentes bajo acuerdos bilaterales de cooperación económica.

Una ciudad entera construida para los trabajadores

Ciudad Nuclear En Cuba
Distrito de la Ciudad Nuclear en Jagua, cerca de Cienfuegos, Cuba. La Ciudad Nuclear (Ciudad Nuclear) fue planeada para los trabajadores de la futura planta de energía que nunca se completó. © Tupungato – Shutterstock

Junto a la planta se levantó también la Ciudad Nuclear, un complejo habitacional pensado para alojar a cientos de trabajadores soviéticos y cubanos que participaron del proyecto, inaugurada oficialmente el 13 de octubre de 1982 aunque sin estar terminada. Luis Vargas, un electricista que formó parte del proyecto, describió a CNN en Español lo que siente hoy al ver la estructura abandonada: «Tengo un dolor por dentro porque […] se hizo una inversión ahí millonaria y no se pudo lograr». Francisco Pérez, otro trabajador de la planta, recordó el día en que el propio Fidel Castro llegó a comunicarles que el proyecto no continuaría: «Nos dijo la verdad, nos dijo la situación que había […] y que había que cerrar la planta», relató a CNN en Español.

Los obstáculos que fueron minando el proyecto

Ubicada a apenas unos 320 kilómetros de los Cayos de Florida, la planta generó preocupación en Washington por su posible riesgo de seguridad, pese a que desde 1972 Estados Unidos ya operaba su propia central nuclear de Turkey Point, en Homestead, igualmente cerca de Miami y de Cuba. En 1986, el desastre de Chernóbil intensificó los temores sobre Juraguá, aunque la Comisión Reguladora de Energía Nuclear estadounidense le informó al Congreso ese mismo año que el diseño de la planta cubana se parecía más a las centrales occidentales que a la de Chernóbil, y que no representaba un riesgo comparable.

El final: el colapso soviético

Advertencia Nuclear
© Kilian Karger – Unsplash

El golpe definitivo llegó con la disolución de la Unión Soviética en 1989, que cortó de raíz el financiamiento de Moscú para el proyecto. La construcción quedó formalmente paralizada el 2 de septiembre de 1992, después de una inversión estimada en unos 1.100 millones de dólares. Cuba y Rusia intentaron revivir el proyecto durante los años 90 buscando financiamiento de terceros países, pero en el año 2000 ambos gobiernos acordaron abandonarlo definitivamente. En 1995, en medio de esos intentos de rescate, el entonces portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Nicholas Burns, declaró tener «dudas sobre la calidad de la construcción de la planta y sobre la capacidad de Cuba de operarla de manera segura».

Un cartel que resume la ironía

En la fachada de la estructura de concreto todavía puede leerse hoy un aviso, escrito en ruso y en español, que resume con precisión el destino final del proyecto: «¡Que el átomo sea obrero y no soldado!». En Juraguá, el átomo terminó no siendo ninguna de las dos cosas.

Un vistazo a la energía nuclear en América

Mientras Juraguá quedó en ruinas, la energía nuclear sí se consolidó en buena parte del continente. Estados Unidos opera hoy 54 plantas en 28 estados, responsables de aproximadamente el 18% de la electricidad que consume el país, y en el pasado también operó centrales en Puerto Rico y Panamá. Canadá cuenta con 17 reactores que generan cerca del 15% de su electricidad. México produce energía nuclear en la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde, en Veracruz, con capacidad para 1.620 megavatios hacia 2024. Argentina opera dos centrales, Atucha I y Embalse, esta última en funcionamiento desde 1984, mientras que Brasil cuenta con la planta de Angra, con capacidad conjunta para generar 2.008 megavatios: una potencia que, por sí sola, alcanzaría para cubrir buena parte del déficit eléctrico que enfrenta hoy Cuba.

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