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Ciencia

Las cámaras de Chernóbil nunca dejaron de grabar: así reaccionaron los animales cuando llegaron los soldados rusos

Una red de cámaras trampa instalada para estudiar la fauna de Chernóbil siguió funcionando durante la ocupación rusa de 2022. Las imágenes permitieron comparar el comportamiento de once especies antes, durante y después de la llegada de las tropas, y revelaron que la guerra también modifica los horarios y movimientos de los animales.
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Durante décadas, la zona de exclusión de Chernóbil fue el símbolo del peor accidente nuclear de la historia. Sin embargo, la evacuación de la población y la reducción de la actividad humana permitieron que el territorio se convirtiera en un inesperado refugio para lobos, linces, ciervos, alces, zorros y otras especies.

En 2020 y 2021, un equipo dirigido por la ecóloga ucraniana Svitlana Kudrenko instaló cámaras trampa para estudiar cómo los animales utilizaban ese paisaje abandonado. Los dispositivos se activaban automáticamente cuando detectaban movimiento y registraban imágenes sin necesidad de que los investigadores permanecieran en el lugar.

El proyecto cambió por completo el 24 de febrero de 2022, cuando las fuerzas rusas invadieron Ucrania y ocuparon Chernóbil durante aproximadamente cinco semanas. Los vehículos militares atravesaron los caminos, aumentaron los incendios y aparecieron tropas en zonas que llevaban décadas con una presencia humana muy reducida.

Las cámaras, sin embargo, siguieron funcionando.

Las cámaras de Chernóbil nunca dejaron de grabar: así reaccionaron los animales cuando llegaron los soldados rusos
© Future Makers – Youtube.

Un experimento que nadie había planeado

Gracias a esas imágenes, los investigadores pudieron analizar por primera vez cómo respondía la fauna mientras se desarrollaba un conflicto armado, en lugar de estudiar únicamente sus consecuencias una vez terminados los combates.

El trabajo, publicado en la revista Science, comparó los registros obtenidos antes, durante y después de la ocupación rusa. El equipo estudió los patrones de actividad de once especies y combinó las imágenes con datos satelitales sobre incendios y testimonios de personas que permanecieron en la región.

Los resultados mostraron que no todos los animales reaccionaron de la misma manera. Algunas especies redujeron su actividad, mientras que otras modificaron los lugares o los horarios en los que se desplazaban.

Los corzos, considerados especialmente sensibles a la presencia humana, fueron detectados con menor frecuencia cuando aumentó la actividad militar. Los ciervos rojos, en cambio, aparecieron más veces en determinadas cámaras, posiblemente porque abandonaron las áreas abiertas y buscaron refugio dentro del bosque. Esa explicación es una interpretación de los investigadores y no una prueba directa de sus movimientos.

La guerra cambió los horarios del bosque

Los cambios no se limitaron a la cantidad de animales registrados. Los ciervos rojos disminuyeron parte de su actividad nocturna y aparecieron con mayor frecuencia durante el día.

Los zorros y los jabalíes también alteraron sus rutinas, mientras que las liebres mostraron cambios vinculados con los períodos en los que los satélites detectaban incendios. Los investigadores consideran que algunos animales pudieron modificar sus desplazamientos para evitar tropas, vehículos, explosiones o zonas afectadas por el fuego.

En cambio, los lobos y los linces no mostraron variaciones tan claras. Esto no significa necesariamente que la guerra no los afectara. Ambas especies fueron fotografiadas con menor frecuencia, por lo que los datos disponibles eran insuficientes para extraer conclusiones firmes.

La enorme extensión de la zona de exclusión también pudo ofrecer espacios donde refugiarse. En un ecosistema más pequeño o fragmentado, la llegada de vehículos y soldados probablemente habría dejado a los animales con menos posibilidades de escapar.

Chernóbil, entre la radiación y la guerra

La recuperación de la fauna en Chernóbil no significa que la radiación sea inofensiva. Algunos estudios encontraron alteraciones genéticas y fisiológicas en determinados organismos. Sin embargo, para muchas especies grandes, la ausencia prolongada de asentamientos, carreteras y agricultura parece haber compensado parte de los efectos negativos del accidente nuclear.

La invasión añadió una nueva amenaza. Los conflictos armados destruyen hábitats, provocan incendios, dispersan contaminantes y dejan explosivos sin detonar. En Chernóbil ya se documentaron animales muertos por minas y dificultades para continuar con los programas de conservación.

Las cámaras no permiten calcular todo el daño ecológico causado por la guerra. Sí ofrecen algo excepcional: un registro directo de cómo un grupo de animales cambió su comportamiento mientras tropas y vehículos atravesaban uno de los refugios de fauna más particulares de Europa.

Chernóbil se convirtió primero en el escenario de un desastre nuclear y después en un laboratorio natural sobre la recuperación de los ecosistemas. En 2022 sumó un tercer capítulo inesperado: el primer gran registro de cómo la vida salvaje intenta adaptarse cuando una guerra irrumpe en medio del bosque.

 

Fuente: Xataka.

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