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Ciencia

Un padre y su hija empezaron a cultivar fragmentos de coral para un proyecto escolar en Florida. 25 años después, aquella idea terminó convertida en viveros submarinos con casi 1.000 “árboles” capaces de criar 50.000 corales al año

Lo que comenzó en 2000 como un proyecto familiar para salvar fragmentos de coral terminó inspirando una técnica de restauración mundial. Hoy, enormes viveros submarinos cultivan decenas de miles antes de devolverlos al arrecife.
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A comienzos de los años 2000, Ken Nedimyer y su hija tenían un problema bastante pequeño: varios fragmentos de coral cuerno de ciervo se habían desprendido de los arrecifes de los Cayos de Florida y probablemente morirían si nadie hacía nada con ellos.

La solución empezó como un proyecto juvenil de 4-H. En 2000, padre e hija comenzaron a propagar aquellos fragmentos y a comprobar si podían mantenerlos vivos y hacerlos crecer. Nedimyer, que llevaba años trabajando con peces tropicales y acuicultura, terminó preguntándose algo bastante más ambicioso: si podían criar coral, ¿por qué no utilizarlo para reconstruir los arrecifes que había visto desaparecer durante su vida?

Aquella pregunta terminó creciendo mucho más que el experimento familiar. En 2004 llegó financiación de NOAA y The Nature Conservancy para un proyecto piloto. En 2007 Nedimyer fundó la Coral Restoration Foundation (CRF). Y con el tiempo apareció una de las ideas que cambiarían la escala de la restauración: dejar de cultivar los fragmentos sobre el fondo y colgarlos de estructuras de PVC que parecían árboles submarinos.

Parecen árboles de Navidad bajo el agua. En realidad son fábricas de coral

Un padre y su hija empezaron a cultivar fragmentos de coral para un proyecto escolar en Florida. 25 años después, aquella idea terminó convertida en viveros submarinos con casi 1.000 “árboles” capaces de criar 50.000 corales al año
© The Gardener, Underwater Earth/XL Catlin Seaview Survey/Christophe Bailhache.

El principio es sorprendentemente sencillo. Un Coral Tree consiste básicamente en un tronco vertical de PVC con brazos horizontales del que cuelgan pequeños fragmentos de coral. La estructura queda suspendida sobre el fondo y anclada para mantenerse estable mientras las ramas crecen. CRF diseñó el sistema para que fuera barato, transportable y sencillo de reproducir, y publicó su diseño para que otros grupos pudieran utilizarlo.

Colgar los corales tiene ventajas importantes.

Al no permanecer directamente sobre el fondo, reciben mejor circulación de agua y quedan menos expuestos a sedimentos y a algunos depredadores. Los fragmentos pueden crecer hasta alcanzar un tamaño adecuado y después ser retirados del “árbol” para fijarlos a un arrecife degradado. NOAA describe estos viveros como una forma de aumentar la supervivencia de especies ramificadas como el coral cuerno de ciervo (Acropora cervicornis) y cuerno de alce (Acropora palmata).

El cuerno de ciervo resulta especialmente útil porque puede crecer con enorme rapidez para tratarse de un coral: NOAA calcula que, en buenas condiciones, sus ramas pueden alargarse hasta unos 20 centímetros por año. Lo que antes era un puñado de fragmentos podía convertirse así en una auténtica cadena de producción biológica.

De un proyecto familiar a casi 1.000 árboles submarinos

Un padre y su hija empezaron a cultivar fragmentos de coral para un proyecto escolar en Florida. 25 años después, aquella idea terminó convertida en viveros submarinos con casi 1.000 “árboles” capaces de criar 50.000 corales al año
© Coral Restoration Foundation.

La escala actual permite entender hasta dónde llegó aquella idea. La Coral Restoration Foundation mantiene actualmente cuatro grandes viveros de producción en Florida con casi 1.000 Coral Trees. Solo el vivero de Tavernier ocupa alrededor de 0,6 hectáreas de fondo marino y contiene más de 500 árboles. En conjunto, las instalaciones tienen capacidad para producir más de 50.000 corales listos para regresar al arrecife cada año.

La organización asegura haber devuelto más de 260.000 corales a arrecifes degradados desde 2007. Solo durante 2025 plantó otros 22.404 ejemplares en 11 sitios de los Cayos de Florida. Y ocurrió algo todavía más importante que simplemente mantenerlos vivos.

Corales cultivados en viveros y posteriormente trasladados al arrecife han llegado a reproducirse sexualmente por sí mismos. CRF documentó hace más de una década el primer desove conocido de corales restaurados en Molasses Reef y desde entonces ha registrado reproducción en otros lugares. El objetivo final es precisamente ese: que el coral deje de depender del vivero y vuelva a comportarse como una población natural.

El problema es que criar corales no elimina aquello que los está matando

Un padre y su hija empezaron a cultivar fragmentos de coral para un proyecto escolar en Florida. 25 años después, aquella idea terminó convertida en viveros submarinos con casi 1.000 “árboles” capaces de criar 50.000 corales al año
© Ken Nedimyer.

El éxito del sistema tampoco significa que podamos fabricar arrecifes indefinidamente mientras el océano continúa calentándose. Los Cayos de Florida han perdido cerca del 90% del coral vivo que dominaba históricamente sus arrecifes, afectado por enfermedades, calentamiento oceánico, acidificación, huracanes y deterioro de la calidad del agua.

La ola de calor marina de 2023 demostró brutalmente ese límite: las temperaturas extremas obligaron a equipos de restauración a sacar miles de corales de viveros oceánicos y trasladarlos a aguas más profundas o instalaciones terrestres para evitar que murieran.

Por eso aquellos árboles de PVC no son una máquina capaz de solucionar por sí sola la crisis de los arrecifes. Son más bien una forma de comprar tiempo y multiplicar las poblaciones que todavía sobreviven mientras se intenta construir arrecifes más diversos y resistentes. Y todo empezó de una manera bastante menos grandiosa: un padre, su hija y unos cuantos pedazos de coral que no querían dejar morir en el fondo del mar.

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