El estudio, publicado en Nature Sustainability, muestra que mediante procesos de gasificación y síntesis Fischer-Tropsch es posible convertir desechos no reciclables en un combustible capaz de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 80 % y un 90 % respecto al queroseno convencional. El avance no solo permite aprovechar un flujo de residuos en aumento, sino también acercar al sector aeronáutico a los compromisos internacionales de neutralidad de carbono.
La presión por un vuelo más limpio
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) se ha propuesto alcanzar cero emisiones netas en 2050, pero las mejoras en eficiencia y los cambios operativos no bastan para lograrlo. Aunque las aeronaves eléctricas o de hidrógeno aparecen como promesas a largo plazo, los combustibles sostenibles son hoy la vía más realista para reducir la huella de carbono de los vuelos de larga distancia.
Los SAF se obtienen a partir de materias primas renovables o residuos y pueden utilizarse en motores actuales sin modificar la infraestructura existente. Sin embargo, su producción global sigue siendo mínima —menos del 1 % del total de combustible consumido por la aviación—, debido principalmente a sus altos costes y limitaciones tecnológicas.
Un vuelo Madrid–París emite unos 80 kg de CO₂ por pasajero. Sorprendentemente, hacer el mismo trayecto solo en coche puede emitir más de 120 kg. La aviación recibe muchas críticas, pero no siempre es el transporte más contaminante. La clave está en la eficiencia… y en cuántos… pic.twitter.com/FJSYZL7hwV
— On The Wings of Aviation (@OnAviation) September 23, 2025
De los vertederos a las turbinas
La conversión de residuos en SAF representa un punto de encuentro entre dos metas ambientales: el manejo sostenible de desechos y la descarbonización del transporte aéreo. En el proceso, los residuos urbanos se someten a pirólisis o gasificación, descomponiéndose a altas temperaturas hasta generar gases intermedios que, mediante el método Fischer-Tropsch, se transforman en hidrocarburos líquidos de alta pureza.
Según el nuevo análisis, añadir hidrógeno verde al proceso puede incrementar aún más la mitigación, permitiendo evitar más de 170 kilogramos de CO₂ por cada tonelada de residuos procesados. A escala global, la producción de SAF a partir de RSU podría alcanzar más de 50 millones de toneladas anuales, suficiente para sustituir una parte significativa del combustible fósil usado por la aviación.
En Europa, la capacidad potencial estimada de 5,4 Mt/año superaría las exigencias de mezcla establecidas por la Unión Europea y cumpliría con la restricción de usar solo materias primas no destinadas a la alimentación humana ni animal.
Un desafío económico todavía pendiente
El obstáculo principal sigue siendo el precio. Hoy el SAF cuesta entre dos y cinco veces más que el combustible de aviación convencional. La diferencia responde al coste de las materias primas, la escala limitada de producción y las inversiones necesarias en nuevas plantas.

No obstante, el estudio señala que los incentivos gubernamentales y los subsidios vinculados a programas como CORSIA (Plan de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional) pueden hacer económicamente viable la transición. A medida que las tecnologías maduren y aumente la producción, los costes tenderán a reducirse.
Vuelos de prueba recientes ya demostraron que los aviones comerciales pueden operar con SAF puro, manteniendo el rendimiento y reduciendo significativamente la formación de partículas de hollín y hielo en las estelas. La industria trabaja ahora para certificar mezclas superiores al 50 % y avanzar hacia un futuro de vuelos 100 % sostenibles.
El nuevo horizonte de la aviación verde
El hallazgo convierte a los residuos urbanos en un recurso estratégico para el transporte aéreo. Más allá de reducir emisiones, la conversión de desechos en combustible ofrece una oportunidad para cerrar ciclos productivos y avanzar hacia una economía verdaderamente circular.
Si la tecnología logra escalarse, cada despegue podría simbolizar no solo un viaje, sino también una segunda vida para los residuos que hoy llenan los vertederos. En un planeta que busca formas de reconciliar progreso y sostenibilidad, transformar la basura en energía para volar puede ser el próximo gran paso hacia un cielo más limpio.
Fuente: Meteored.