En Comodoro Rivadavia, un recorte de revista cambió el rumbo de dos vidas. Lo que comenzó como la curiosidad por un “marisco terrestre” se transformó en un proyecto que hoy abastece a reconocidos chefs y promete llevar un alimento ancestral, cultivado con precisión científica, desde la Patagonia hasta las mesas más exigentes del país.
El salto del petróleo al reino fungi
Frans Vera dejó atrás una década en los equipos de torre para dedicarse al cultivo de hongos comestibles. Guillermo Campano, aún ligado a los hidrocarburos, se unió al proyecto al ver por primera vez el cultivo improvisado en la pared de la casa de Frans. Así nació Reino Fungi Patagonia, con la meta de ofrecer un producto 100% orgánico, cultivado con sustratos naturales y libre de químicos.
Su especialidad, las gírgolas y variedades como melena de león y reishi, han llegado a platos gourmet en restaurantes locales. Con textura y sabor que evocan a la carne, estos hongos se han convertido en una alternativa nutritiva para vegetarianos y amantes de la cocina creativa.
Un cultivo que requiere ciencia y paciencia

El proceso de producción comienza en laboratorio, con cepas mantenidas en placas de Petri y un estricto control de asepsia para evitar contaminaciones. Tras la etapa de “semilla en grano”, el hongo se desarrolla en un sustrato hecho de maderas nobles, salvados y cáscaras, en atmósferas con humedad controlada de hasta el 95%.
Cada ciclo puede llevar seis meses, y el riesgo de pérdida es alto, pero la recompensa es un producto fresco, con más proteína proporcional que la carne y capaz de adaptarse a cualquier receta: desde milanesas hasta estofados o risottos.
De la Patagonia al mundo
Con cerca de diez variedades en producción, Reino Fungi apunta a ampliar su laboratorio y obtener habilitaciones para vender en grandes cadenas como La Anónima o Jumbo. El objetivo es claro: producir una tonelada anual, conquistar nuevas ciudades y exportar un producto que, según sus creadores, tiene más diversidad que plantas y animales juntos.
“Queremos que nuestros hongos lleguen a todos, porque además de su sabor y textura, tienen propiedades que mejoran la calidad de vida”, afirman. Así, desde una cosechadora en Kilómetro 3, se gesta una revolución gastronómica con aroma a tierra húmeda y ambición global.
Fuente: ADNSur.