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Juegos

Derrapar ya no es solo conducir: JDM quiere convertir cada curva en una declaración de estilo

JDM: Japanese Drift Master apuesta por recuperar la esencia del drift japonés con un enfoque más cultural que competitivo. Como suele señalar Kotaku, algunos juegos no buscan ser los más rápidos, sino los que mejor capturan una sensación.
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Durante años, los juegos de conducción priorizaron la velocidad, los circuitos cerrados y la competición profesional. Pero hay otra forma de entender el automovilismo. Una donde lo importante no es llegar primero, sino cómo se conduce. Y ese es exactamente el territorio que este proyecto quiere recuperar.

Un mundo abierto pensado para perderse… y derrapar

La propuesta se desarrolla en Guntama, una prefectura ficticia inspirada en Japón que reúne más de 250 kilómetros de carreteras diseñadas para explorar sin un objetivo fijo más allá de conducir .

No se trata solo de competir. El mundo está construido para transmitir una sensación constante de movimiento, especialmente en rutas nocturnas donde la iluminación, el clima y el entorno cambian completamente la experiencia. Cada carretera puede sentirse distinta dependiendo de la lluvia, la niebla o la hora del día.

Drift como identidad, no como mecánica

Aquí el drift no es una técnica más. Es el centro de todo. Cada curva se convierte en una oportunidad para demostrar control, estilo y precisión, alejándose del enfoque tradicional donde lo importante es el tiempo final .

El diseño del mapa, especialmente en caminos de montaña, refuerza esta idea. Las rutas están pensadas para encadenar derrapes, no solo para atravesarlas.

Personalización total: el coche como extensión del jugador

Uno de los pilares del juego es su sistema de personalización. Los vehículos —con licencias de marcas como Nissan, Honda, Mazda o Subaru— pueden modificarse tanto a nivel estético como mecánico .

Suspensión, alineación, ángulos, kits visuales y luces de neón permiten construir un coche que no solo funcione bien, sino que refleje una identidad propia. El objetivo no es tener el mejor coche. Es tener el tuyo.

Dos formas de jugar, dos formas de sentir el drift

El juego introduce dos estilos de conducción. Un modo Arcade más accesible y otro Simcade que elimina ayudas para ofrecer una experiencia mucho más exigente, donde el control depende completamente de la habilidad del jugador .

Esto abre la puerta a públicos distintos, desde quienes buscan una experiencia relajada hasta quienes quieren dominar cada detalle técnico del derrape.

Más que carreras: una cultura completa

La propuesta también incluye una campaña con estética inspirada en manga, donde el jugador progresa dentro de la escena callejera japonesa participando en más de 40 eventos .

A esto se suma una banda sonora basada en géneros como Eurobeat o Phonk, reforzando esa identidad nocturna y urbana que define la experiencia.

Un homenaje a una forma distinta de conducir

JDM no intenta competir con los grandes simuladores ni con los arcades tradicionales. Apunta a algo diferente: recrear una cultura.

Y eso cambia completamente la perspectiva. Aquí no se trata de ganar la carrera. Ni de ser el más rápido. Se trata de entrar en una curva…
y salir de ella dejando una marca.

Fuente: Kotaku.

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