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Ciencia

Japón observó un extraño objeto más allá de Plutón y descubrió algo que la astronomía consideraba prácticamente imposible. Un diminuto mundo helado parece haber conservado una atmósfera en los confines del Sistema Solar

Los astrónomos creían que cuerpos tan pequeños y fríos eran incapaces de retener gases a su alrededor. Pero un objeto perdido en el cinturón de Kuiper acaba de desafiar esa idea. La tenue señal observada desde Japón podría obligar a replantear cómo funcionan los mundos helados más remotos del Sistema Solar.
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Durante décadas, el cinturón de Kuiper fue imaginado como un cementerio helado situado en los límites del Sistema Solar. Una región oscura, extremadamente fría y aparentemente inerte, poblada por fragmentos congelados que apenas cambiaban con el paso del tiempo. Pero una observación realizada desde Japón acaba de poner esa imagen en duda.

Un equipo liderado por Ko Arimatsu, del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, detectó señales de lo que podría ser una atmósfera extremadamente tenue alrededor de un pequeño objeto transneptuniano conocido como (612533) 2002 XV93. El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, desconcierta a los astrónomos por una razón muy concreta: este objeto es demasiado pequeño para conservar gases a su alrededor… o al menos eso creíamos.

El cuerpo apenas alcanza unos 500 kilómetros de diámetro, aproximadamente una quinta parte del tamaño de Plutón. Según los modelos tradicionales, un objeto tan diminuto y con una gravedad superficial tan débil debería perder cualquier envoltura gaseosa en poco tiempo, especialmente en un entorno tan extremo. Pero algo no encaja con esa teoría.

La estrella no desapareció como debía hacerlo

Japón observó un extraño objeto más allá de Plutón y descubrió algo que la astronomía consideraba prácticamente imposible. Un diminuto mundo helado parece haber conservado una atmósfera en los confines del Sistema Solar
© NAOJ.

La clave del descubrimiento apareció durante un fenómeno astronómico conocido como ocultación estelar. Ocurre cuando un objeto del Sistema Solar pasa justo delante de una estrella vista desde la Tierra y bloquea temporalmente su luz.

En teoría, si 2002 XV93 fuera simplemente una roca helada sin atmósfera, el brillo de la estrella tendría que desaparecer de manera abrupta, como si alguien apagara un interruptor. Sin embargo, eso no fue lo que registraron los telescopios japoneses. La luz comenzó a desvanecerse lentamente. Ese pequeño detalle cambió completamente la interpretación del evento.

Los investigadores utilizaron observatorios situados en Kioto y Nagano, además de un telescopio operado por científicos ciudadanos en Fukushima. Todos registraron un comportamiento extraño: la estrella no se apagó de golpe, sino que su brillo disminuyó de forma progresiva durante aproximadamente 1,5 segundos. La explicación más plausible apunta a un fenómeno muy concreto: la luz habría sido desviada por una capa gaseosa extremadamente fina alrededor del objeto. En otras palabras, una atmósfera.

Un mundo diminuto que parece seguir activo en los confines del Sistema Solar

Japón observó un extraño objeto más allá de Plutón y descubrió algo que la astronomía consideraba prácticamente imposible. Un diminuto mundo helado parece haber conservado una atmósfera en los confines del Sistema Solar
© Hubble Space Telescope / Keith S. Noll – Hubble Legacy Archive Search.

Las estimaciones del equipo sugieren que la atmósfera de 2002 XV93 sería entre cinco y diez millones de veces más tenue que la terrestre. Es tan fina que resulta casi fantasmal. Aun así, su mera existencia ya representa un problema para varios modelos sobre objetos transneptunianos pequeños. Y la gran pregunta ahora es cómo logró conservarla.

Los investigadores plantean varias posibilidades. Una de ellas es que el objeto mantenga algún tipo de actividad interna capaz de liberar gases como metano, nitrógeno o monóxido de carbono mediante criovulcanismo, un fenómeno similar al vulcanismo terrestre pero impulsado por hielo y compuestos volátiles en lugar de roca fundida. Otra hipótesis apunta a un impacto relativamente reciente con otro objeto del cinturón de Kuiper, capaz de expulsar materiales gaseosos al espacio circundante. Sea cual sea la respuesta, el descubrimiento obliga a reconsiderar cómo funcionan estos cuerpos remotos.

Lo más inquietante es que quizá no sea un caso único

Y ahí es donde el hallazgo se vuelve todavía más interesante. El astrónomo Scott S. Sheppard, que no participó en la investigación, resumió perfectamente el desconcierto de la comunidad científica: hasta ahora se pensaba que objetos como 2002 XV93 eran demasiado pequeños para mantener una atmósfera estable. Ahora ya no está tan claro.

Eso implica que el cinturón de Kuiper podría ser mucho más dinámico y activo de lo que imaginábamos. En lugar de un conjunto de restos congelados y geológicamente muertos, quizá estemos viendo una región donde todavía ocurren procesos físicos complejos capaces de alterar superficies, liberar gases e incluso generar entornos químicos interesantes.

Puede parecer un detalle menor: una atmósfera casi invisible alrededor de una roca perdida más allá de Plutón. Pero en astronomía, este tipo de anomalías suelen ser peligrosas. Porque cuando algo imposible aparece donde no debería existir, normalmente no significa que el objeto esté equivocado. Significa que nuestra idea del universo todavía está incompleta.

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