Cuando alguien oye hablar de una VPN, suele pensar en anonimato, en navegar sin dejar rastro o en colarse virtualmente en otro país para ver lo que allí se emite. Pero Hamachi —el servicio que hay detrás de vpn. net— va por otro camino. Creado por LogMeIn, no pretende esconderte del mundo, sino conectarte mejor a él: permite montar redes locales virtuales entre ordenadores que pueden estar separados por medio planeta. La magia está en su sencillez: dos equipos (o más) se enlazan y, de repente, actúan como si compartieran el mismo Wi‑Fi del salón o la oficina. Da igual que uno esté en Tokio y el otro en Toronto; para Hamachi, están puerta con puerta.
Esa facilidad lo convierte en un aliado casi imprescindible para pequeños grupos que trabajan a distancia y necesitan colaborar sin levantar una infraestructura compleja. Los desarrolladores lo adoran porque les permite probar software en red sin moverse de su escritorio. Y los jugadores —esos nostálgicos de las partidas LAN— lo llevan usando años para recrear esa sensación de estar codo con codo, aunque cada uno esté en su casa. En resumen: Hamachi es una especie de puente invisible que une ordenadores separados por miles de kilómetros como si compartieran el mismo cable de red.
Ponerlo a funcionar no tiene misterio: instalas el cliente, creas o te unes a una red y gestionas todo desde la interfaz web de LogMeIn. Nada de abrir puertos ni pelearte con el cortafuegos. En cuestión de minutos tienes tu red lista—y lo mejor es que apenas te das cuenta de lo fácil que ha sido.
¿Por qué debería descargar Hamachi de LogMeIn?
Lo mejor de Hamachi es su red virtual a demanda: rápida, flexible y lista para funcionar en cuestión de minutos. Basta con crear una red privada, invitar a otros equipos y listo—todo desde un panel web tan sencillo que parece magia. Nada de configuraciones complicadas ni cables cruzados. Es la opción ideal para departamentos de TI o pequeñas empresas que necesitan dar acceso remoto a sus empleados sin moverse del escritorio.
Hamachi se adapta al tipo de red que necesites. Si lo tuyo es la colaboración total, la red en malla conecta todos los dispositivos entre sí, como si estuvieran en la misma oficina. Si prefieres mantener el control desde un punto central, el modelo “hub and spoke” (concentrador y radios) canaliza el tráfico a través de un único equipo, perfecto cuando los usuarios remotos solo deben acceder a una máquina concreta. Y si lo que buscas es abrir la puerta a toda una LAN sin tocar su configuración, la red “gateway” lo hace posible mediante una pasarela central—una especie de llave maestra para entrar en servidores o dispositivos internos sin complicaciones.
La seguridad, por supuesto, no se queda atrás. Todas las comunicaciones se cifran con AES de 256 bits (un estándar casi blindado). Desde un único panel puedes gestionar quién entra y quién no: establecer contraseñas, aprobar nuevos miembros, bloquear redes o ajustar el comportamiento de los clientes sin tener que ir ordenador por ordenador. Además, Hamachi permite el acceso desatendido, así que puede quedarse funcionando en segundo plano en un equipo remoto, siempre listo aunque nadie esté delante. Una ventaja enorme para tareas de soporte técnico o conexiones fuera del horario habitual—esas que suelen surgir justo cuando menos te lo esperas.
¿Hamachi de LogMeIn es gratis?
Hamachi tiene una versión gratuita que te deja conectar hasta cinco ordenadores en la misma red. Para la mayoría —jugar con amigos, montar un pequeño servidor casero o probar proyectos de desarrollo— es más que suficiente. Pero si tu red se te queda corta, los planes de pago abren el grifo: más equipos, más control y algunas funciones de gestión que facilitan la vida. El plan estándar cubre entre 6 y 32 ordenadores; el Premium, hasta 256, casi como una pequeña oficina digital.
Además, existe una opción Multi-Network pensada para quienes manejan varias redes a la vez y necesitan algo más robusto. Las suscripciones se pagan por año, sin complicaciones. En definitiva: la versión gratuita cumple de sobra para un uso puntual, pero si lo tuyo es mantener una conexión estable y trabajar con varios equipos a distancia, merece la pena dar el salto a uno de los planes de pago —y olvidarte de los límites.
¿Con qué sistemas operativos es compatible Hamachi de LogMeIn?
Hamachi cuenta con versiones para Windows, macOS y Linux, aunque en el caso de macOS conviene detenerse un segundo: la compatibilidad varía según la versión del sistema. Hay instaladores distintos para los equipos que aún van con Sequoia 15.3. 2 o anteriores, y otros para quienes ya han dado el salto a la 15.4 o superior. En resumen: antes de descargar nada, echa un vistazo a qué versión tienes—te ahorrarás quebraderos de cabeza.
Por ahora, olvídate de usarlo en el móvil. No hay app ni para Android ni para iOS, porque Hamachi está pensado para ordenadores, tanto portátiles como de sobremesa. Eso sí, no todo son limitaciones: puedes gestionar tus redes desde cualquier navegador gracias a la interfaz web de LogMeIn. Es tan práctico que podrás supervisar o ajustar la configuración sin tener el cliente instalado—basta con una conexión a Internet y listo.
¿Qué otras alternativas hay además de Hamachi de LogMeIn?
JumpJump VPN está pensada sobre todo para el móvil, para quienes quieren conectarse sin perder tiempo en menús o configuraciones que parecen sacadas de un manual técnico. Si Hamachi sirve para montar redes virtuales entre ordenadores concretos, JumpJump juega en otra liga: la de la privacidad cotidiana. Oculta tu IP, cifra lo que haces online y te deja elegir servidores repartidos por medio mundo—todo sin complicaciones.Su versión gratuita es bastante generosa: acceso global y sin límite de datos. Eso sí, las sesiones tienen reloj; cuando se acaba el tiempo, toca ver un anuncio antes de volver a conectarte. La suscripción de pago borra esas pequeñas molestias y resulta ideal si sueles conectarte a redes Wi‑Fi públicas o si te gusta curiosear contenido bloqueado en otras regiones. La instalación no puede ser más directa: pulsas, y listo.
Proton VPN llega con otra filosofía. Creada por el mismo equipo detrás de ProtonMail, apuesta por la transparencia y la privacidad como bandera. Es de código abierto, ha pasado auditorías independientes y opera bajo la estricta (y protectora) legislación suiza. Su plan gratuito no pone tope a los datos, aunque sí limita el número de servidores disponibles. No pretende sustituir a Hamachi ni montar redes compartidas, sino ofrecer una burbuja personal de seguridad digital. Para quien valora navegar sin dejar rastro—ni preocuparse demasiado por quién mira—es una opción difícil de batir.
Y luego está NordVPN, todo un veterano del sector y con una legión de usuarios detrás. Su red es inmensa: servidores en decenas de países y funciones para casi cualquier necesidad imaginable—desde streaming hasta protección avanzada. Las conexiones son rápidas, el cifrado robusto y el “kill switch” actúa como ese interruptor salvavidas que corta Internet si algo falla.Como ProtonVPN, NordVPN no busca crear redes virtuales entre varios equipos; está pensada para el usuario individual que quiere moverse por la red con discreción y seguridad. Su diseño es limpio, funciona en prácticamente cualquier dispositivo y ofrece un soporte sólido. Eso sí, nada de planes gratuitos permanentes: aquí se paga suscripción… pero lo que ofrece justifica cada euro.