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Ciencia

Descolonizar la ciencia: por qué el desierto de Atacama expone una deuda histórica en la investigación global

Una revisión inédita revela que más del 60% de los estudios realizados en la Puna Seca y el desierto de Atacama se publicaron sin participación de científicos locales. El caso reabre el debate sobre las “ciencias paracaídas” y plantea un desafío urgente: cómo construir una ciencia realmente colaborativa y equitativa.
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Durante décadas, el desierto de Atacama y la Puna Seca han sido vitrinas científicas para investigadores de todo el mundo. Sus paisajes extremos, comparados con Marte, atraen proyectos de astrobiología y geociencias. Pero una investigación reciente revela un problema profundo: la mayoría de esos estudios no involucran a científicos de los países donde se ubican estos territorios. La práctica, conocida como “ciencia neocolonial”, expone tensiones históricas entre el Norte y el Sur global.

Un laboratorio planetario… estudiado desde fuera

Atacama y la Puna Seca son algunos de los entornos más áridos del planeta. Sus condiciones extremas —radiación intensa, escasa humedad, suelos salinos— los convierten en análogos terrestres ideales para estudiar procesos geológicos o biológicos que podrían existir en Marte. Esa singularidad ha despertado un interés global en las últimas décadas.

Sin embargo, un análisis exhaustivo publicado en Meteoritics and Planetary Science reveló un dato alarmante: más del 60% de los estudios sobre estas regiones no incluye a ningún investigador local. De 5.369 artículos revisados, solo una minoría provenía o integraba equipos científicos de Chile, Argentina, Bolivia o Perú.

El fenómeno no es nuevo, pero pocas veces había sido cuantificado con tanta precisión.

Cuando la ciencia actúa como un “safari”

La comunidad científica ha acuñado términos para describir este tipo de prácticas: ciencia helicóptero, ciencia paracaídas, ciencia safari. En todas ellas, un grupo de investigadores del Norte Global llega a un territorio del Sur Global, toma muestras o datos y regresa a publicar sin involucrar a especialistas locales.

En Atacama, esa situación se ha repetido durante décadas.
La paradoja es evidente: territorios que son patrimonio natural de Sudamérica se vuelven capital científico internacional sin generar capacidad local ni desarrollo académico duradero.

Hacia una investigación ética y corresponsable

Algunas revistas científicas ya están actuando. PLOS exige desde 2021 un formulario de inclusión de investigadores locales para aceptar artículos basados en trabajo de campo en terceros países. Geoderma adoptó medidas similares en 2020.

Pero los especialistas señalan que esto no basta. Se requieren marcos legales y acuerdos internacionales que obliguen a la participación local, tal como ocurre en Francia con las investigaciones en Kerguelen o Tierra Adelia, donde los proyectos deben ser liderados por instituciones nacionales.

La brecha Norte–Sur también es tecnológica

Las ciencias planetarias, vinculadas históricamente a los programas espaciales, se desarrollaron en países con fuerte inversión en tecnología. Eso dejó al Sur Global al margen durante décadas, dificultando la creación de comunidades científicas locales.

Aun así, existen avances notables: la consolidación de la astronomía chilena gracias a los grandes observatorios, la pujante astrobiología mexicana impulsada por Antonio Lazcano y Rafael Navarro-González, o iniciativas conjuntas en geociencias y meteorítica.

Pero, según los autores, estos esfuerzos siguen siendo insuficientes para equilibrar la balanza.

Descolonizar la ciencia no es un gesto simbólico: es una necesidad estructural

El caso del desierto de Atacama revela un problema mayor: la producción de conocimiento a menudo reproduce desigualdades históricas.
Visibilizar estas prácticas, cuantificarlas y abrir el debate permite comenzar a corregirlas.

El desafío, concluyen los investigadores, es construir una ciencia donde los territorios no sean solo escenarios de extracción intelectual, sino espacios compartidos de aprendizaje, colaboración y desarrollo para todas las comunidades involucradas.

Fuente: TheConversation.

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